lunes, 24 de noviembre de 2014

'El Leviatán', de Joseph Roth


¡Cuánta belleza se puede encerrar en una pieza breve de apenas ochenta páginas! ¡Cuánta!

Joseph Roth, uno de los grandes talentos del siglo XX, querido amigo de otro grande, Stefan Zweig, y judío que debió exiliarse a Francia, nos acerca en El Leviatán la historia de otro judío, comerciante de corales en Progrody, Rusia.  (Ya os mencioné a este personaje en la reseña de 'Némesis', de Philip Roth)
"En la pequeña cuidad de Progrody vivía en otro tiempo un comerciante de corales, conocido en toda la región por su honradez y la excelente y fiable calidad de sus géneros."
Además de su honestidad, Piczernik era un hombre muy especial. Aunque nadie lo sospechaba. Amaba los corales, a los que creía dotados de vida propia, como a los hijos que nunca tuvo, sentía nostalgia del mar, se imaginaba al Leviatán en el fondo primitivo de las aguas cuidando sus corales... Pero nadie conocía sus más íntimos sueños. Vivía su pasión en secreto.

Una tentación llegó a su tranquila vida, de la cada vez se sentía más descontento, de la mano del  marinero Komrover, al que Piczernik acompaña sin tregua en su estancia de permiso en Progrody y al que atosiga con incesantes preguntas sobre el mar, los barcos, el fondo marino, los vientos, las mareas,... Su hasta ahora escondida pasión se va revelando y adueñando de él y el comerciante, cual adicto, se entrega, se deja arrastrar. Y, siguiendo con el símil necesita cada vez más y más poder satisfacer su ansia de saber, de conocer, de ver. Sus costumbres religiosas, su vida familiar y su comportamiento en la tienda se ven resentidos. Comienza la caída de Piczernik hacia esa profundidad marina en donde se esconde el Leviatán, ese mítico monstruo marino cuidador de los corales pero también, en términos religiosos, reencarnación del propio Satanás.

Joseph Roth (1894-1939)
Pero aún se presenta otra tentación, en esta ocasión en forma de comerciante húngaro. Jenö Lakatos se asienta en Suchky, pueblo cercano a Progrody, abre una tienda y muestra ser una fuerte competencia para Piczernik. Lakatos también vende como él corales pero a un precio muy inferior al de los del comerciante judío; los corales de Lakatos no son auténticos sino hechos de celuloide. Y la tentación se vuelve codicia y, ya que la clientela se ha visto seriamente mermada, Piczernik como compensación decide mezclar los corales falsos con los corales auténticos, la pasión a la que ha entregado su vida.

Piczernik ha engañado a sus clientes y se ha traicionado a sí mismo y a sus corales. Y si uno se traiciona a sí mismo, ¿qué le queda? ¿Qué le queda al una vez honesto, respetado y querido Piczernik?
  
El Leviatán es una parábola moralizante de lectura imprescindible que nos habla, en un lenguaje sencillo, sincero,  honesto- como lo fue el propio comerciante- de eso mismo, de la honestidad, y de la lealtad a uno mismo, y de la traición a los viejos valores. Joseph Roth construye un relsato de suma belleza, con un mensaje tanto o más actual hoy que ayer, que merece una lectura lenta e intensa para lograr captar todos los matices y sutilezas de esta gran historia.  



lunes, 17 de noviembre de 2014

'Una pena en observación' de C. S. Lewis


"Alzo los ojos al cielo de la noche. Es de todo punto evidente que si me fuese permitido rebuscar en toda esa infinidad de espacios y tiempos, nunca volvería a  encontrar en ninguna parte el rostro de ella, ni su voz, ni su tacto. Murió. Está muerta. ¿Es que se trata de una palabra tan difícil de comprender?"
La muerte de su esposa, Helen Joy Davidman Gresham, en 1960 dejó al escritor británico Clive Staples Lewis sumido en un profundo dolor. C. S. Lewis, afamado crítico y conferenciante, poeta y autor de las novelas de fantasía agrupada bajo el título Las siete crónicas de Narnia, conoció a Helen Joy Davidman tras el intercambio de correspondencia que se inició por la gran admiración que ella- poeta americana- le profesaba. El encuentro de ambos, lleno de afinidades y empatía, llevó a la amistad y finalmente a una relación que Lewis tardó más que Helen en identificar como amor. La enfermedad de ella, sin embargo, hizo reaccionar al escritor al darse cuenta de lo mucho que le dolería el perderla. En 1956 se celebró el matrimonio religioso- ya habían realizado un matrimonio civil pero tan solo por cuestiones de permanencia de ella y sus hijos ( Helen estaba divorciada) en Inglaterra. Tan solo cuatro años después ella moría.

En Una pena en observación (A grief observed, traducido al español por Carmen Martín Gaite en esta edición de Anagrama) C. S. Lewis analiza y reflexiona sobre los diversos estadíos y fases por la que pasan sus sentimientos por la muerte de H.: el miedo al vacío y la soledad tras su ausencia, la desidia y la apatía que acompaña, la agonía del sufrimiento, la crisis espiritual en la que se sumerge buscando respuesta  sobre la certeza respecto a la continuidad de la vida, la negación y el enfado, la necesidad imperiosa de recordar, de dolerse, de hacer que el que ya no está esté presente en la ausencia... 

"Estábamos partiendo hacia diferentes rutas."

Somos testigos con él de cómo el paso del tiempo acrecienta el vértigo de la desaparición del recuerdo de la H. real para ser reemplazado por la imagen que él mismo crea. Y cómo el castillo de la fe, que tan sólido y estable parecía, se ve sacudido por la muerte y se ve reducido a un castillo de naipes que se desmorona.  La soledad y el sinsentido lo invade todo, la realidad parece irreconocible sin ella, y ante él se presenta ahora un Dios enigmático cuya voluntad no logra comprender. Se hace necesario el tiempo para intentar ir recomponiendo, reconstruyendo el desastre.   

C. S. Lewis se abre a sí mismo y a sus lectores e indaga y profundiza en su alma, en el lento proceso de su tristeza, en sus sentimientos y en sus creencias, y con sus reflexiones íntimas- sentimiento e intelecto- da las pautas al lector para poder comprender sus propias vivencias y experiencias ante la profunda desdicha de la pérdida, la agonía de la ausencia, el dolor del hasta luego.


 "Éramos uña y carne. O, si lo preferís, un solo barco. El motor de proa se fue al garete. Y el motorcito de reserva, que soy yo, tiene que ir traqueteando a duras penas hasta tocar puerto o, mejor dicho, hasta que se acabe el viaje." 

El motor de reserva traqueteó apenas dos años más, hasta su fallecimiento en 1963.  


lunes, 10 de noviembre de 2014

'El dandi', de Georgette Heyer


Comenzaré confesando que lo que me atrajo inicialmente de esta novela fue el cuadro Flirtation, de Henry Guillard Glindoni, en la portada; me parece encantador y nos traslada, como gran parte de la obra de este artista, a otra época, a un pasado sobre el que Guillard vierte una mirada amable, idealizada y bienintencionada.

Casi nada sabía previamente sobre la autora o sobre sus novelas, tan solo su adscripción al género romántico con la peculiaridad de situar sus historias en la época de la Regencia. Tenía, eso sí, ciertos prejuicios- la novela romántica se aleje considerablemente de las lecturas que frecuento- e intuía, sin haber leído ninguna, demasiada carga de amor edulcorado, cierta ñoñería y un texto de escasa o nula calidad literaria. Pero la lectura de El dandi ha logrado dar al traste con estas erróneas presuposicionesSin ser una obra maestra, El dandi cumple más que dignamente su cometido y se lee de muy buen grado.


Nos trasladamos gracias a la ágil pluma de Georgette Heyer a la Inglaterra de la Regencia. Richard Wyndham, famoso dandi londinense, galante caballero de cerca de treinta años y conocido por el nudo de foulard que lleva su nombre, vive su existencia de soltero en la ociosidad propia de su clase, el desdén que le producen ciertos modos sociales y la admiración que rodea su elegante persona. Su atractivo personal es indudable, y a él ha de añadirse su más que próspera situación económica.

Tanto su hermana como su madre le instan reiteradamente a sentar la cabeza y contraer matrimonio con Melanie Braddonlas dos familiar llevan años dando por supuesto esta conveniente unión. Pero en el camino de Wyndhan se cruza o, mejor decir, se le cae literalmente del cielo la joven y rica huérfana Penélope Creed, que huye de otro compromiso muy beneficioso para su tía pero no tanto para ella.


A partir de aquí nos desplazaremos desde Londres, en diligencia, tílburi, calesa o lo que sea menester por la campiña inglesa, ella huyendo de su tía,  y él, con el pretexto de proteger a una jovencita sola, escapando de su compromiso con la señorita Braddon.

En su aventura, compartirán posada con algún bribonzuelo, vivirán las cuitas de amor do otra pareja, encontrarán un collar robado, mentirán sobre sus identidades, toparán con un cadáver... Las aventuras y malentendidos se sucederán uno tras otro en una lectura muy amena y entretenida al aire libre, con ingeniosos diálogos, enredos varios y una pareja que, sin empalagosos amoríos, irá consolidando una amistad y camaradería que, eso sí, bien sabemos como acabará, ¿verdad?

George Bryan "Beau" Brummell
El atractivo de los dos personajes principales- la joven sociable y comunicativa y el elegante y más mundano caballero- junto con el ágil ritmo de los acontecimientos, la divertida historia de enredos, el humor- provocado principalmente por la ironía del caballero o por la ingenuidad de la dama o por ambas características combinadas y contrastadas-, y la buena recreación de la época con la aparición, por ejemplo, de algún personaje real como George Bryan Brummell, amigo de Richard Wyndham en la historia y célebre dandi de la época, hacen de El dandi un encantador divertimento ligero y muy ameno.

(Añado, pasado ya cierto tiempo desde la lectura de esta novela y la redacción de la reseña que aquí tenéis, que, llevada por el buen sabor de boca que me dejó esta agradable lectura, me animé con otra obra de esta misma autora, 'Arabella'. El resultado fue bien distinto. Imposible acabarla.)

lunes, 3 de noviembre de 2014

'Zaragoza', de Benito Pérez Galdós


"La virgen del Pilar dice
que no quiere ser francesa..."

A finales de 1808 volvemos a toparnos con Gabriel de Araceli. Ha logrado escapar, junto con otros, del cautiverio de los franceses. Zaragoza es ahora el lugar; el momento, el sitio y cerco al que están sometiendo la ciudad las tropas napoleónicas. 

Si los lectores de los Episodios Nacionales anteriores- TrafalgarLa Corte de Carlos IV, El 19 de marzo y el 2 de mayoBailén y Napoleón en Chamartín- ya hemos podido disfrutar de la habilidad narrativa, del ingenio y del buen hacer de don Benito, en 'Zaragoza' su categoría como escritor alcanza altísimas cuotas de calidad.

Es verdad que no hay aquí mucho espacio para el divertimento, para el ocio, para los diálogos jocosos o el desarrollo de variopintos personajes. Es verdad. Galdós hace madurar a Gabriel- ya no es el Gabrielillo de antaño sino 'señor de Araceli' como le llaman los Montoria- y las escaramuzas, escarceos y duras y sangrientas batallas son el centro narrativo de la obra. Pero ¡qué despliegue de tensión, de capacidad descriptiva, de amenidad, de emoción puede llegar a desplegarse en pleno campo de batalla!

"Se sentía mucho frío,  y los más tiritábamos. 
Alguien pudiera haber creído que era de miedo;
pero no, era de frío, y quien dijese lo contrario, 
miente."

Nos concede Galdós, de todos modos, algún descanso con refrigerio para seguir adelante en las figuras, por ejemplo, de D. José de Montoria y Candiola, personajes de caracteres bien opuestos y encarnizados enemigos, o con los amores trágicos- no podía ser de otro modo en este ambiente de lucha y muerte- de Agustín, hijo de Montoria, y Mariquilla, hija de  Candiola. Nada sabremos aquí, por cierto, -Zaragoza es una especie de paréntesis en este sentido- de las cuitas amorosas de Gabriel que, es de esperar, sean retomadas en posteriores  episodios.

Zaragoza es un alegato a la bravura aragonesa, al valiente y arrojado carácter de los españoles, unidos frente al enemigo, pero también un alegato contra la guerra, la desalmada guerra que acaba matando hombres inocentes a ambos lados de la contienda.

La historia es la base, aquí más que nunca, sobre la que Galdós construye este episodio, pero salpicándola de algunas situaciones y personajes de ficción que, de algún modo, aligeran la dureza de este trágico momento histórico.

"... que quiere ser capitana
 de la tropa aragonesa."

Sigo leyendo, como veis, estos Episodios Nacionales en la edición facsímil de JdeJ editores, con las reglas ortográficas de la época y las ilustraciones supervisadas en su momento por el propio escritor. Como tengo el ordenador estropeado y estoy escribiendo la reseña en la tablet no he podido subir fotografías de esta bonita edición. Durante la semana procuraré subir aquí un par de ellas, la de la torre inclinada, por ejemplo, o el retrato de Candiola o la imagen de la valiente Manuela Sancho liderando a los hombres en la batalla.

EDITADO.  He subido al fin algunas de las imágenes prometidas Espero que os gusten...


lunes, 27 de octubre de 2014

'Némesis', de Philip Roth


"El primer caso de polio de aquel verano se produjo a comienzos de junio, poco después del Día de los Caídos, en un barrio italiano pobre que estaba en el otro extremo de la población donde nosotros vivíamos."

Así comienza mi primer libro de Philip Roth y el que, según propias palabras del autor, será su última obra. Con recelo, con dudas y cierta desconfianza comencé, he de reconocer, la lectura de Némesis. El recelo y las dudas que, en mi caso, produce el desconocimiento de un autor al que se mira desde la distancia traicionada por ciertos prejuicios que no se sabe exactamente de donde provienen. Pero, o es que estaban estos prejuicios poco arraigados o es que la buena literatura es increíblemente poderosa, porque apenas diez páginas después estaban olvidados ya, entregada como me encontraba, a la lectura de esta estupenda novela.

Némesis se titula. Némesis, la diosa justiciera que equilibra la fortuna y el infortunio de los hombres, que azota con alguna desgracia a los humanos dominados por la soberbia. Némesis, castigo. Buen título.

Philip Roth ha escrito una novela sobre la culpa y el remordimiento, el perdón y la muerte. Y para ello se ha valido de un trágico hecho acontecido en su ciudad natal: la epidemia de polio que castigó Newark en 1944.  Si todas la enfermedades epidémicas, las pestes que caen como azotes no se sabe bien de dónde ni por qué, son de difícil comprensión y asimilación, dejando a la población sumida en la desesperanza y el desamparo, una enfermedad que ataca principalmente a niños y muchachos se siente todavía más brutal e inconcebible. La polio, en aquellos tiempos anteriores a la vacuna que la ha extinguido prácticamente, significaba sufrimiento, dolor, fiebre, parálisis, pulmones de acero y, en el peor de los casos, la muerte.

Y Bucky Cantor es el protagonista de esta historia. Bucky, que se ha criado sin madre ni padre bajo los atentos cuidado de sus abuelos maternos, que le han educado en la religión de sus antepasados y en la convicción de que en la vida hay que hacer lo que corresponde y cumplir con el deber en cada momento. Bucky,  profesor de educación física en la escuela de Chancellor Avenue y director de la escuela de verano. Bucky, criado en un barrio pobre y enamorado de Marcia, su novia, de familia adinerada e hija de un médico de prestigio. Bucky, que se avergüenza de ir de civil y no haber podido ir al frente como sus amigos Dave y Jake por sus problemas de vista; Bucky, el deportista, el hombre seguro y sereno, admirado por todos sus alumnos, el hermano mayor. Bucky, que tenía ese verano 23 años.

Y en ese verano de 1944, bajo el calor abrasador de un sol inmisericorde, el pánico, el histerismo empieza a hacer mella. El germen del temor llega al barrio judío antes incluso que el de la polio que, finalmente, acaba por enfermar y matar a algunos alumnos de Bucky.

A pesar de las ruegos de su novia, que se encuentra en un campamento como monitora, para que acepte ocupar una plaza vacante como entrenador de deportes acuáticos y se vaya con ella, Bucky siente que debe quedarse, que es su deber. Pero ese alto sentido de la responsabilidad que su abuelo le había inculcado se desmorona y decide irse al campamento, a Indian Hill, el paraíso, y dejar atrás el infierno de Newark, un infierno de dolor, enfermedad y muerte.

Bucky recuerda aquí a Nissen Piczenik, personaje central de El Leviatán de, por cierto, otro Roth, en este caso Joseph Roth. Bucky, como el viejo Nissen, acaba por traicionarse a sí mismo. Y traiciona además a su difunto abuelo, sus ideales, y buscando aire fresco, salud, tranquilidad y una existencia en paz y bajo control, alejada del dolor y el sufrimiento, del pánico y el temor acaba por perder "una conciencia con la que pudiera vivir."


En este primer acto  de Némesis se nos presenta la situación, el planteamiento de la historia. En los dos siguientes se desarrollarán el nudo y el magnífico desenlace final y se plasmará el verdadero sentido de la obra, el análisis y estudio, como decía, de la culpa, agravada, como se verá, por un suceso que no mencionaré aquí para no estropear l a sorpresa a los posibles lectores.

La culpa es una emoción inmovilizante. Si la polio inmoviliza y paraliza el cuerpo, la culpa y el remordimiento encierran al individuo en un círculo cerrado del que cada vez le resulta más difícil salir y le anclan al pasado. Bucky parece poder escapar de la polio, alejarse de ese Dios cruel que permite la matanza de niños y de su indignación hacia él.
"En cuanto a Dios, resultaba fácil tener un alto concepto de él en un paraíso como Indian Hill. Las cosas eran distintas en Newark, como lo eran en Europa o en el Pacífico, en el verano de 1944."
Pero quizá le resultará más difícil escapar de ese sentimiento de culpa y lograr encontrar el perdón, su propio perdón. O quizá su destino ya estaba trazado de antemano. Pero entonces, si fuese así, la culpa no tendría ya sentido. Como decía Nietzsche,
"Únicamente porque el hombre se tiene por libre, no porque sea libre, siente el arrepentimiento y el remordimiento."
Némesis es una novela perfecta en su estructura, en la dualidad de las voces narrativas, en el planteamiento y el desarrollo de la trama con un suspense in crescendo. Es además una obra de lenguaje sencillo, que no facilón, con un estilo inicialmente casi periodístico pero que va poco a poco tornándose más literario. Es una obra profunda, como las pasiones humanas. Poco más puedo añadir ya. La novela de Philip Roth me ha emocionado y conmovido profundamente.

"(El abuelo) alentaba al muchacho a que se defendiera como hombre y como judío, y a que comprendiera que sus batallas nunca terminan y que, en la implacable escaramuza que es la vida, 'cuando tienes que pagar el precio, lo pagas'."

lunes, 20 de octubre de 2014

'Ethan Frome', de Edith Wharton


Como ya comenté en alguna ocasión, sigo en mi afán por conocer toda la obra de Edith Wharton. En esta ocasión, le ha tocado el turno a Ethan Frome, el relato, o novela, o nouvelle-la clasificación del texto en este sentido es complicada- que en palabras de la propia autora le proporcionó durante su redacción "the greatest joy and the fullest ease" ("el mayor placer y las más total libertad"). Publicado en 1911, Ethan Frome representa el sexto libro de Wharton y no es, por tanto, el trabajo de una aprendiz pero sí el primero y casi el único- Estío es otra de las excepciones-en el que se aleja de los ambientes de la alta sociedad que frecuentan sus obras.

La historia se sitúa en el imaginario Starkfield (Massachusetts). El escenario de Nueva Inglaterra le era bien conocido ya que fue su hogar- alternándolo con la casa de París- y el de su marido- Edwards Robins Wharton- desde 1903, tras la construcción de la magnífica casa de campo The Mount, hasta 1913, año en el que el matrimonio se divorcia y la mansión es puesta a la venta. La imagen que pretende dar la autora de la vida en el campo se aleja intencionadamente de las escenas bucólicas creadas por sus contemporáneos; lo que a Wharton le interesa es reflejar el lado más oscuro y sombrío de esas vidas alienadas, escondidas tras los gruesos muros de las aisladas granjas, lo que ella denomina en el artículo  Introduction to Ethan Frome, los "depósitos de granito".

Y construye Ethan Frome, novela de gran intensidad y dureza.

El personaje de Ethan Frome no es presentado por un anónimo narrador, un viajero que llega a Starkfield por motivos de trabajo. Frome es un hombre de cincuenta y dos años, pobre, lúgubre, taciturno, "una ruina de hombre", "con una cojera que le frenaba los pasos como el tirón de una cadena". Ethan Frome está en verdad atado a una cadena y es prisionero de Starkfield, de la vida y de sus circunstancias.
"(...) su soledad no era simplemente el resultado de su situación personal, aunque  se suponía que era muy trágica, sino que encerraba (...) el intenso frío acumulado de muchos inviernos de Starkfield."

Tan impresionado queda el narrador por la desgraciada y torturada imagen de Frome que busca datos sobre la que intuye su trágica historia. Harmon Gow y la señora Hale le darán alguna información, que junto a una visita que el narrador realiza a la propia casa de Frome, le permitirán reconstruir la historia iniciada una generación anterior. Este flashback, que comienza en el capítulo II será contado ya no en la primera persona del narrador inicial, sino por un más limitado narrador en tercera persona. La primera persona no se retomará hasta el clímax final, o anti-clímax, de la novela.

Hay criaturas como Ethan Frome para quienes la vida parece haber diseñado un cruel destino. Descubrimos en ese flashback que después de años de cuidar a sus difuntos padres, Ethan se encuentra atrapado en un matrimonio sin afecto en el que de nuevo- su esposa Zeeana (o Zenobia) está permanentemente débil y enferma- él ha de volver a ser el soporte, el punto de apoyo. Con la llegada a la granja de Mattie, prima de Zeena, para ayudarla con las tareas, la vida de Frome experimenta un cambio se experimenta, todo parece recobrar una nueva luz, un nuevo sentido.

Sin embargo, los deseos y sueños parecen haberse desvanecido y, cuando el narrador del inicio lo conoce, Frome es apenas un guiñapo destruido y desesperanzado. La esperanza se ha ido o la ha dejado escapar o se ha quedado tal vez anclada para siempre.

Edith Wharton ( 1862-1937)
Algunos críticos han pretendido encontrar coincidencias entre la historia de Ethan Frome y la de la propia Wharton. Entre 1906 y 1909, casada con el dependiente Teddy doce años mayor que ella, Edith Wharton estuvo viviendo un affair con el periodista americano Morgan Fullerton, lo que le lleva a algunos estudiosos a identificarlos con la Zeena y Mattie de la historia de Nueva Inglaterra. Esta interpretación de perspectiva autobiográfico no tiene en cuenta, sin embargo, un dato de importancia: la historia de Ethan Frome ya se había fraguado diez años antes. Cuando Wharton estaba viviendo en París, en torno a 1900, decidió perfeccionar su francés con un profesor particular, que en una de las clases le pidió un ejercicio de lengua. Wharton decidió entonces escribir una historia; y así dio su primeros pasos el que la autora llamaba "el Ethan galo", dato que desmiente el carácter autobiográfico del libro.  En un pequeño texto publicado en septiembre de 1932 The writing of Ethan Frome, sobre la construcción de esta historia, Wharton daba por perdido el cuaderno en el que había redactado los inicios de la historia. Por fortuna, el Black Book ha sobrevivido y se encuentra, con otros papeles de Edith Wharton, en la Biblioteca de la Universidad de Yale.

El debate moral que suscita la lectura de Ethan Frome enfrenta la dicotomía entre el deber, la obligación, y el corazón, la pasión, entro lo que se debe hacer- o se cree que se debe hacer o socialmente el individuo se ve obligado a hacer- y lo que se desea en lo más íntimo. Ethan Frome se ha movido dentro de una moral convencional en un pequeño pueblo rural de ritmo lento que ha inclinado decisivamente la balanza y le ha impedido tomar ciertas decisiones para modificar su vida. Puede que la sabiduría sea la capacidad para ser feliz. Siendo así, podemos decir que Ethan Frome no ha sido lo suficientemente inteligente para atreverse a ser feliz. En parte su tortura emana del irremediable arrepentimiento, no solo por los errores cometidos sino por lo que ha dejado de hacer. 
 
Cuando huir es la única posibilidad, quedarse es el infierno.
"No veo que haya mucha diferencia entre los Frome de la granja y los Frome del cementerio; salvo que los que están enterrados están en paz (...)." *
Como en la mayoría de las novelas de Wharton, el final de Ethan Frome depara una sorpresa, un secreto que redimensiona toda la historia. Ethan Frome es una novela, ya os imagináis, que os recomiendo para leer y reflexionar y repensar.

lunes, 13 de octubre de 2014

'Las praderas del cielo', de John Steinbeck


El placer de esta lectura- mi tercera de John Steinbeck después de leer The pearl y The red pony- se lo he de agradecer a Icíar por invitarme a formar parte del grupo Café literario, lo que permitió tomar parte en la propuesta de lectura conjunta en el grupo. ¡Gracias!

Tanto el título del libro como la introducción del primer capítulo sobre el asentamiento de los primeros colonos en el valle hacen intuir un acercamiento a un Edén terrenal en California; el valle Corral de Tierra es el lugar, real, en el que se desarrolla la historia, el paisaje de la tierra natal de Steinbeck. Pero a medida que se va adentrando en la lectura más que descubrir las praderas del Cielo la impresión es la de ir penetrando en los pequeños- o no tanto- infiernos personales de cada uno de los habitantes o familias de ese Edén.

En cada historia se destapa un lado oscuro, un temor, la locura, una traición, el miedo a fantasmas personales, una frustración, un sueño incumplido, una obsesión,... Lo que acabamos conociendo, si le damos tiempo, no es la bucólica vida en un valle idílico sino la desintegración de esa comunidad.
 
Lo que puede llevar, tal vez, a una interpretación errónea- diferente al menos- es el lenguaje tierno, en modo alguno enjuiciador ni acusador con el que Steinbeck trata a cada uno de los personajes y situaciones. No hay culpable humano al que acusar. La llegada de los Munroe a la abandonada granja Battle despierta la "serpiente" de todo paraíso, el mal.
"Tal vez resulte que aparezcan pequeñas maldiciones arrastrándose por las praderas cuando menos lo pensemos".
John Steinbeck (1902-1968)
Ahí está el culpable, la maldición. A partir de su llegada, los Munroe estarán presentes y tomarán parte, aunque no de modo activo o  intencionado, en las pequeñas desgracias y contratiempos de cada uno de los personajes. El mal disfrazado de estrecha moralidad, de incomprensión ante un modo de vida diferente, de falta de empatía hacia el diferente, de falsedad y mentira, de autosatisfacción en el dolor,... se esconden en los infortunios de algunos; las frustraciones propias de la vida, el azar, el desencanto urden otras.

Tal vez visto desde arriba, como lo ven los viajeros desde arriba, desde la carretera, en el capítulo final, el valle y sus granjas diseminadas puedan aparentar un paraíso, pero Steinbeck enfoca de cerca y saca a la luz lo que Edith Wharton llamaba "los depósitos de granito" haciendo patente la imposibilidad del hombre para crear paraísos terrenales. Cuando uno de esos viajeros, no casualmente un sacerdote, está admirando el valle y exclama ante una idílica vida en él, "Nada de pobreza, ni dolores ni cuitas" el lector ya más sabio ahora, sabe que tristemente ese Edén, ese Paraíso no existe. 

Las praderas del cielo no es un libro de relatos inconexos sino una novela con episodios interralacionados y con el nexo común de la vida en el valle y los Munroe. El libro es de lectura ágil y muy agradable, con un estilo sencillo e impecable que nos acerca a la tierra, a sus gentes, que profundiza en los recovecos del alma humana, que esconde más, mucho más, de lo que aparenta y que necesita de un tiempo de reposo tras la lectura para ir encajando piezas, para deshacernos de la errónea primera impresión y entender el verdadero mensaje. Recomendado queda.
"Las praderas del Cielo, donde el aire pendía azul como un lago y las granjas estaban sumergidas en la quietud."


lunes, 6 de octubre de 2014

'El misterio de Gramercy Park', de Anna Katharine Green


Como seguramente ya sabréis muchos de vosotros, acaba de publicarse la esperada novedad de editorial dÉpoca, El misterio de Gramercy Park, de Anna Katharine Green. Y puede que también sepáis, por lo menos aquellos con los que tengo contacto a través de Facebook, que la introducción de dicha novela ha corrido a mi cargo. Este verano ha estado dedicado, entre otras cosas, a leer la novela en inglés- la editorial estaba mientras tanto con el proceso de  traducción- y a investigar y profundizar en la vida y obras de Anna Katharine Green.

El roce hace el cariño, reza el dicho, y al trabajar de modo intensivo sobre una autora algo más de dos meses, sobre su vida familiar, su personalidad, sus anhelos y ambiciones, filias y fobias, su obra y estilo narrativo,... se acaba inevitablemente por establecer un sentimiento de cercanía no solo con la faceta de escritora sino con la persona, con la mujer que fue. Y es que todavía sigo, aunque ya otros proyectos empiezan a ocupar espacio, bajo la influencia de Anna Katharine Green y de la protagonista de El misterio de Gramercy Parkla inolvidable detective aficionada Amelia Butterworth, precursora de otra encantadora entrometida, Miss Marple.

No voy a hacer aquí una reseña de El misterio de Gramercy Park. No tiene mucho sentido. Mi punto de vista, opiniones y análisis de la novela han quedado ampliamente recogidos en la introducción de la misma así que allí os remito. Lo que sí quisiera es, si me permitís, animaros a la lectura de esta obra de la madre de la novela policíaca. Porque conocer a Amelia Butterworth y al inspector Ebenezer Gryce- curiosa pareja la que forman- moverse por el bullicioso Nueva York de finales del siglo XIX, ir avanzando en la investigación criminal que rodea a la acaudalada familia Van Burnam, leer esta historia con sabor a clásico será, lo comprobaréis, todo un placer. Y además en esta preciosa edición ilustrada.

Espero que disfrutéis la novela tanto como yo- ya iré leyendo vuestras impresiones- y ojalá os parezca a la altura la humilde contribución de una servidora.

Y, finalmente, mi agradecimiento a la editorial dÉpoca por depositar su confianza en mí. Ha sido toda una experiencia, un placer y un orgullo colaborar con vosotros. ¡¡Gracias!!

lunes, 29 de septiembre de 2014

'Yo y mi chimenea'. 'El pudín del pobre y las migajas del rico', de Herman Melville


La atractiva edición de Editorial Barataria que hoy os propongo incluye dos pequeñas novelitas del gran escritor americano Herman Melville, Yo y mi chimenea y El pudín del pobre y las migajas del rico. Leer a Melville es siempre un placer y no ha sido esta una excepción.   

- Yo y mi chimenea
"Yo y mi chimenea, dos viejos fumadores canosos, residimos en el campo. Estamos, puedo asegurarlo, bien asentados aquí, sobre todo mi vieja chimenea, que se asienta más y más cada día.
Aunque siempre digo "yo y mi chimenea" como el cardenal Wolsey solía decir "yo y mi rey", esta egocéntrica manera de hablar que me otorga prioridad sobre mi chimenea queda fuera de la realidad; en todo, salvo en la frase anterior, mi chimenea me precede."
Narrado en primera persona por un viejo caballero rural, el texto nos narra la tozuda insistencia, ante la no menos insistente demanda de su esposa, a no derribar la vieja chimenea. Y lo que parece algo anecdótico, un mero asunto doméstico, en manos de Melville se convierte en un relato rico en matices y con diferentes lecturas posibles.

La vieja chimenea se asienta inmensa en el sótano de la vivienda, en el centro mismo, y se erige cual pirámide de Keops aunque no con la decreciente ascensión del monumento faraónico. Se asienta tan fuertemente cono se arraiga el roble a la tierra que rodea la casa, o como la montaña Ogg, o como el propio granjero frente a la chimenea con su vieja pipa en la boca.
Herman Melville (1819-1891)
La permanencia, lo inamovible (puede encontrarse quizá cierta similitud con la inactividad de Bartleby) y la tradición se enfrentan aquí al progreso y al cambio que representan la mujer- "una vieja otoñal con espíritu primaveral"- y las hijas. Pero el viejo caballero, pese a los evidentes achaques de la vieja chimenea, se aferra a ella con tranquilidad y sentido del humor.
"Porque eso es algo decidido entre yo y mi chimenea: que yo y mi chimenea nunca nos rendiremos."    
- El pudín del pobre y las migajas del rico

Crítica social en este segundo encuadre en el que nos presenta el narrador las dos caras de la misma moneda. Y es que el pudín del pobre y las migajas del rico vienen a ser la misma miseria. En el primer caso, rodeada de la dignidad y generosidad de la familia unida en su indigencia; en el segundo, envuelta la miseria en mezquina caridad. La primera parte, con la descripción de la resignada pobreza de William y Martha, es particularmente conmovedora.

Siempre resulta de gran interés la lectura de Melville. Merece nuestra atención su narrativa corta- gran parte escrita ya cuando era una autor olvidado pues su obra no se ajustaba al gusto literario del momento y envuelto en los problemas psicológicos derivados, entre otras cosas, del suicidio de su hijo mayor- entre las que se encuentran entre otras Bartleby, the scrivener, o Billy Budd, the sailor.

El 29 de septiembre de 1891, hace hoy 123 años, los lectores pudieron leer esta exigua nota en The New York Times

  “Ha muerto Herman Melville, escritor famoso en otro tiempo”.

Por suerte ha sido recuperada la obra y la reputación de un autor que habla a los lectores actuales con la claridad de lo contemporáneo y la sabiduría de lo intemporal.  


lunes, 22 de septiembre de 2014

'Buenos días, tristeza' de Françoise Sagan


Dentro de apenas dos días, el 24 de septiembre, se cumplirá ya el décimo aniversario del fallecimiento de Françoise Sagan. Y puede ser este un buen momento para recordar la novela, su primera novela, que le catapultó a la fama con apenas dieciocho años y que en su momento destapó el escándalo. 
"A ese sentimiento desconocido cuyo tedio, cuya dulzura me obsesiona, dudo en darle el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza. Es un sentimiento tan total, tan egoísta, que casi me produce vergüenza, cuando la tristeza siempre me ha parecido honrosa. No la conocía, tan solo el tedio, el pesar, más raramente el remordimiento. Hoy, algo me envuelve como una seda, inquietante y dulce, separándome de los demás. Aquel verano yo tenia diecisiete años y era completamente feliz." 
Así da comienzo Buenos días, Tristeza, una novela corta- no llega ni de lejos a las doscientas páginas- que constituye casi en su totalidad el flashback en el que Cécile nos narra aquel verano que marcó sus vidas, la de Raymond, Anne y la suya.

Raymond, el padre de Cécile, es un rico y atractivo viudo cuarentón, aficionado a las mujeres, que entran y salen de su vida con increíble facilidad, y a las fiestas; en definitiva un bon vivant que acepta de muy buen grado todos los placeres que la vida le puede ofrecer. Cécile es una adolescente que dejó en internado dos años atrás y desde entonces vive con su padre se ha acostumbrado a su estilo de vida frívolo y a la vida mundana y de lujo que le ofrece. La relación entre ellos es muy buena; Cécile le adora y Raymond la trata por momentos como adulta, al permitirle ciertos excesos, pero en otros como a niña. Y en ese vaivén entre niña y adulta se mueve, y se pierde, Cécile.
"El amor al placer, a la felicidad, representa el único aspecto coherente de mi carácter"    
Françoise Sagan (1935-2004)
Los dos se encuentran, junto con Elsa, la joven  y atractiva amante de turno del padre, de vacaciones en una preciosa villa en la Riviera francesa. Todo discurre ociosamente entre sol y arena, vida libre y desenfadada y los primeros escarceos amorosos de Cécile, que conoce allí a Cyril, un joven universitario. La llegada de Anne, antigua amiga de la madre de Cécile, por invitación de Raymond, lo trastoca todo a ojos de Cécile. La adolescente, que es una muchacha egoísta, hedonista y manipuladora, ve tambalearse la relación estrecha con su padre y el frívolo estilo de vida que están viviendo. Anne no es como la amantes de Raymond; no es joven sino de su edad, sobria, elegante, disciplinada y de moral un tanto más tradicional que los otros dos miembros del grupo. Y a Raymond parece gustarle. La rivalidad por las atenciones de Raymond ha comenzado. Cécile contará con la colaboración de Elsa y Cyril. El desenlace de toda la trama abrirá el sendero de la tristeza que está por venir.

¿Y el escándalo? Pues el escándalo que supuso en su momento se produjo, sobre todo, por la desinhibición sexual de Cécile, que mantiene relaciones sexuales a esa temprana edad y además sin estar enamorada sino como búsqueda de su propio placer. Las cosas han cambiado mucho desde los años 50 del siglo pasado pero, aunque en este sentido ya se han superado según qué amoralidades, Buenos días, Tristeza, se ha convertido en atemporal como novela sobre la culpa y el remordimiento, y sigue mereciendo ser leída.  Aunque contada por una adolescente y protagonizada por otra adolescente la novela no puede ser considerada una obra destinada para el público juvenil. El tema que plantea, la evolución psicológica del personaje y la relativa profundidad de algunas reflexiones la alejan de la literatura juvenil al uso.

El lenguaje es sencillo, que no simplón, ágil, fresco, muy fotográfico. La lectura se hace rápida y muy amena. Si os ponéis a leerla una tarde, aún os dará tiempo al acabarla de ver la versión cinematográfica dirigida por Otto Preminger con David Niven, Deborah Kerr y la joven y preciosa Jean Bergg como protagonistas. 

lunes, 15 de septiembre de 2014

'La dama de provincias prospera', de E. M. Delafield


La propuesta de colaboración que la revista semanal Time and Tide hizo a E. M. Delafield marcó el inicio de las andanzas de nuestra anónima dama de provincias. Las distintas aportaciones de la autora a dicha revista fueron finalmente recogidas en cuatro libros, siendo los dos primeros Diario de una dama de provincias y La dama de provincias prospera, publicados en 1930 y 1932 respectivamente.

Quien haya leído la reseña que de Diario de una dama de provincias publiqué aquí quizá recuerde el entusiasmo que me despertó su lectura por la originalidad de la estructura en forma de diario- ella reconoce que esta serie es autobiográfica, con sus experiencias apenas very thinly disguised- y por el sentido del humor que despliega al presentarnos las cuitas domésticas. Pero es bien sabido que, cuando el primer libro de una serie seduce, afrontar la lectura de los siguientes tiene sus riesgos. Adelanto ya que E. M. Delafield ha mantenido el tipo, no solo igualando el nivel del primer título sino, a mi entender, superándolo.
 
Dos son los escenarios principales- aparte de las desternillantes vacaciones en San Briac en la costa de la Bretaña francesa- en los que se desarrolla la novela: la casa de campo familiar y Bloomsbury, en Londres.
 
E. M. Delafield (1890-1943)
En la casa de campo volveremos a encontrarnos con viejos conocidos en nuevas situaciones: a Robert, el marido de ausente presencia y algo gruñón, los hijos Robin y Vicky, que van creciendo y generando nuevas inquietudes en sus progenitores, a la mujer del vicario y sus cotilleos,...  y hasta Mademoiselle, la institutriz francesa (muy francesa) tendrá su papel en la historia.
 
El apartamento de Doughty Street en Blooomsbury, el corazón literario de Londres, será un nuevo alojamiento para nuestra dama de provincias. La publicación de su primer libro le ha proporcionado algún ingreso extra- aunque no suficientes para subsanar totalmente los agujeros de la economía familiar- y cierto éxito. En su nueva faceta de escritora, y  para mantener contacto con el ambiente literario de la capital  y poder escribir tranquilamente sin la presión diaria de llevar una casa, se ha alquilado un pequeño apartamento. Tendrá ocasión de asistir a algunas fiestas y reuniones literarias en  las que no acaba de encontrarse del todo cómoda pero de las que logra salir más o menos airosa. Su estancia en Londres irá pasando entre la vida social, sus vanos intentos de escribir y las nuevas amistades. La rica, frívola, inestable y coqueta Pamela Pringe, por ejemplo, personaje nuevo en la vida de la protagonista, la inmiscuirá en sus affairs al tener que servirle de coartada ante el marido de turno.  Esta temporada en Londres ha servido entre otras cosas para que el poco afectuoso y nada sentimental Rober reconozca- oh, my God!- que la echa de menos .
 

La dama de provincias prospera es un relato tan encantador como su protagonista, una mujer con las miles de ocupaciones que implica ser madre y esposa y que además trabaja. Las cosas no han cambiado tanto en este sentido y por ello resulta tan fácil identificarse con sus vicisitudes domésticas. Pero además es La dama de provincias prospera, como lo es Diario de una dama de provincias, un documento histórico de un tiempo, la Inglaterra de los años 30, de entreguerras.   
 
Uno de los muchos aciertos de E.M. Delafield, que acabó marcando estilo y se lee como un clásico, ha sido lograr sacarle el punto cómico e irónico a situaciones cotidianas que podrían pasar por anodinas y convertirlas en momentos especiales y únicos. Conveniente sería que todos aprendiésemos a afrontar la vida así, con sentido del humor y riéndonos de nosotros mismos.

Esperamos con sumo gusto la próxima publicación de los diarios. Al parecer, así nos lo adelanta la propia protagonista al final de este volumen, se los llevará en su gira literaria a América. Será, sin duda, curioso y muy divertido leer la visión que una dama observadora, perspicaz y muy British tiene sobre los modos y costumbres americanos.

lunes, 8 de septiembre de 2014

'Una puerta que nunca encontré', de Thomas Wolfe

 
Thomas Wolfe ha sido mi descubrimiento literario de este año. Después de la lectura de El niño perdido (podéis leer la reseña AQUÍ) tenía claro que volvería sobre el autor y Una puerta que nunca encontré y Especulación, publicados ambos y al igual que El niño perdido por Editorial Periférica, tardaron bien poco en llegar a casa. Y, si El niño perdido ya me pareció en su momento una joya literaria, Una puerta que nunca encontré lo ha igualado o incluso superado en algún aspecto.
"Es maravilloso ver con cuánto entusiasmo algunos hombres y mujeres de bien, personas que nunca han tenido que estar solas en toda su vida, ponderan las bondades de la soledad."
Así empieza esta novela de Wolfe, así da comienzo "un momento de los tiempos oscuros (...) extraño tiempo hecho de un millón de rostros oscuros" en el que la búsqueda por parte del protagonista, un joven escritor, de su sitio en el mundo se presenta una ardua tarea. En la vorágine de la ciudad, de los millones de cosas que pasan, de la "prisa y el estrépito" que le rodea parece como si los grandes hombres de éxito, cómodamente asentados, hayan dado con la clave, con la puerta de acceso. Quizá ellos puedan mostrarle la entrada. Pero...
"No hay puerta alguna."  
"No door"No es eso lo que busca; esta es tan solo una puerta falsa pues ese éxito que inicialmente ciega...
"(...) no es más que un puñado de polvo y cenizas frías y un poco de escoria."  
Thomas Wolfe
Puerta falsa se muestra también la puerta al pasado cuando desatasca el cerrojo de la memoria. Se abre entonces el acceso a los recuerdos, a la añoranza, a la vuelta a casa, a la tierra en la que creció y a la gente que ha conocido bajo "una brillante luz inmortal". Porque los recuerdos muestran escenas inmortales, imperecederas. El pasado es inamovible mientras que el presente es inestable. Y en ese hoy, en ese ahora, se añora al padre del pasado, al padre ya muerto, al padre que sigue buscando.
"Había vuelto a casa y no podía creer que mi padre estuviese muerto (...) Octubre es la estación del regreso (...) Padre, ¿no deberías regresar tú también?"
Si esa otra puerta se ha cerrado para siempre, si el pasado ya no es un refugio posible, si ahora ni siquiera la luz inmortal del pasado lo alumbra, si la ausencia del padre le deja de nuevo desubicado. ¿A dónde ir ahora? ¿Otra ciudad?


La confusión no da tregua, con "la furia y la angustia que hay en la vida de los hombres reflejada en su rostro."  Puede que la actitud de ese hombre, asomado impasible a la ventana, ese Bartleby moderno observando "la prisa ciega y el empuje del millón de cosas que pasaban sin cesar", sea la más razonable, la única posible. Ese nuevo Bartleby quizá exclamase ante la visión del interminable ir y venir de los hombres y mujeres que...
 
"  Life (...) is a tale
told by an idiot
full of sound and fury
signifying nothing."
 
Shakespeare, Macbeth (Acto 5, Escena 5)
 
Ese ruido y esa furia es la que Wolfe, el escritor al encuentro, siente ante este mundo deshumanizado, banal y absurdo por momentos, en continuo movimiento. ¿Hacia dónde? ¿Con qué propósito? 
"(...) sabemos que los niños desaparecidos, los ancianos desaparecidos, nuestros padres, nuestros hermanos, los llevados a toda prisa al cementerio para ser rápidamente enterrados, permanecerán aquí cuando este mundo hecho de cemento o de hormigón no sea más que ruinas. Sabemos que el polvo de los amantes enterrados durará más que el polvo de las ciudades."
Aunque siempre queda, por supuesto, el renacer de la vida, de la tierra, de la esperanza...
 
Wolfe construye en Una puerta que nunca encontré una novela asombrosa sobre la soledad, la del desarraigado, del perdido, del incomprendido, una novela sobre la vulnerabilidad, el aislamiento, el vacío que todos, rodeados de prisa y estrépito y de sonido y furia, sentimos o hemos sentido en algún momento.        
 
 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Pues ya de vuelta...


¡¡Hola!!! ¿Cómo va todo, amig@s?

"Decíamos ayer..." fue la frase con la que comenzó Fray Luis de León al retomar su cátedra en la universidad de Salamanca tras cinco años en prisión por falsas acusaciones ante la Inquisición. Mi ausencia del blog, por fortuna, se ha debido a motivos bien distintos, mucho más gratos, y el descanso bloguero además no ha superado ni los cien días, aunque a decir verdad me parece que hace una eternidad que no me paso por aquí. Yo comenzaré, por tanto, de modo más prosaico.
 
Estos meses de ausencia bloguera, que han coincidido casi en su totalidad con las vacaciones, han sido realmente completos. He estado estudiando un poco, escribiendo mucho, leyendo aun más, departiendo con los amigos, paseando y relajándome, viendo películas que tenía pendientes, disfrutando del sol cuando tenía a bien hacer acto de presencia,... En fin, lo que podríamos denominar unas muy buenas vacaciones.  Y espero de corazón que vosotr@s hayáis tenido también en este tiempo, con o sin vacaciones, muchos momentos de felicidad.
 
A partir del próximo lunes, volviendo a la normalidad, habrá reseña semanal, como venía siendo habitual. En breve os informaré también de la novela cuyo prólogo ha estado a mi cargo- mantendré la incógnita sobre el título y la editorial por ahora, si me permitís-. Por otro lado, en el 2015 comenzaré a publicar las reseñas del reto literario personal para ese año- las lecturas las llevo ya bastante adelantadas-, reto sobre el que os hablaré en enero, para no adelantar acontecimientos.
 
Como veis, se inicia una nueva etapa en el blog en el que seguimos a vueltas con la literatura, ¡bendita literatura!, y con el mismo entusiasmo de siempre.
 
Por ahora creo que no me queda nada por deciros, salvo que estoy encantada de estar de nuevo por aquí y de teneros cerca.
 
¡Un abrazo! Nos leemos...


jueves, 22 de mayo de 2014

See you soon...


Pensaba publicar esta entrada la semana que viene pero, como veis, la he adelantado. Estaba algo indecisa pero el correo que he recibido de una amiga bloguera y sus sabias palabras me han decidido...

El  blog y yo nos tomamos un descanso. Estos días y en junio estaré liada con el trabajo- exámenes que corregir, memorias y papeleo vario, y los estudios de Hispánicas en la UNED- y en julio y agosto toca desconectar de todo esto. Visitaré vuestros blogs, eso sí, cuando el tiempo me lo permita, y continuaremos en contacto a través de Face pero el blog se va de vacaciones.

Así que hoy os digo... ¡¡¡Hasta pronto, amig@s!!! En septiembre nos reencontramos por aquí si queréis. Tenemos por delante muchos libros por leer, muchas cosas por hacer y mucha vida por vivir... ¡¡Sed muy felices!!
 
  
 

lunes, 19 de mayo de 2014

'El Londres de Shakespeare por cinco groats al día', de Richard Tames. Curiosidades de la historia


Echando una mirada retrospectiva y ojeando entradas anteriores me doy cuenta de que ya van unas cuantas- con esta que ahora leéis novecientas 994-, que el blog ya tiene su historia, cierto bagaje que diríamos. Desde su primera entrada en marzo de 2010- cuatro años ya los que lleva en marcha- ha pasado por diferentes etapas: casi un año de anonimato casi absoluto, luego empezó a ser conocido por algunos, poco a poco iba recibiendo más visitas, evolucionó de una temática más variada- incluía frecuentas entradas sobre curiosidades, historia, personajes de las épocas de la Regencia y Victoriana,...- hasta lo que ahora es, un humilde blog principalmente literario sin pretensión ni ambición alguna más allá del disfrute de compartir y aprender de otros amig@s bloguer@s y de la propia satisfacción personal. 

Una de las etiquetas que podéis encontrar en el margen izquierdo del blog reza Curiosidades, y 25 son las entradas que se incluyen bajo ella: el gran hedor de Londres del XIX , los dos amores de Arthur Conan Doyle, la fotografía post mortem, algunos personajes como Spring Heeled Jack, Fanny Adams, Joseph Merrick, el hombre elefante,... la moda victoriana, rarezas o peculiaridades de algunos escritores, Cowan Bridge, las bibliotecas en la Regencia, ... Os invito a que les echéis un ojo si os apetece.

Dos de estas entradas de curiosidades- Elementary, my dear Watson y True or false?-  son una especie de Sabías que... con datos y curiosidades sobre casi todo. Tenía intención de continuar con la sección pero al haber tomado el blog un camino más literario, de reseñas principalmente, no logré encontrar el tiempo ni el momento. Hasta hoy. Porque ahora, en este momento del blog sin ataduras editoriales, me apetece retomar esta sección. En este caso, sin embargo, me concentraré en algunos de aquellos datos curiosos que se pueden encontrar al disfrutar la lectura de El Londres de Shakespeare por cinco groats al día de Richard Tames- libro de muy fácil lectura, muy ameno y con abundantes ilustraciones- que he simultaneado con la más extensa y erudita Londres, una biografía de Peter Ackroyd, que todavía no he terminado. Las de hoy serán, por lo tanto, algunas curiosidades sobre el Londres de principios del siglo XVII,  el Londres de Shakespeare y de la reina Isabel. Espero que os resulten de interés. Hasta allá nos vamos... 
 
Mapa de Londres y Westminster (1558)
... Un soberano de oro es la moneda de mayor valor y equivale a treinta chelines de plata. La moneda de menor valor es el halfpenny (pronunciado 'hapeni' con la 'h' aspirada)  que vale medio penique. El groat del título del libro equivale a cuatro peniques. Una escoba, por ejemplo, os costará poco más de un penique y un espejo, unos cinco chelines.   
 
... El Támesis está lleno de cisnes domesticados que hacen sus nidos y crían en pequeños islotes. Están reservados a la mesa real y si los molestáis os enfrentareis a la pena capital. 
 
... Encontrareis en Londres variadas formas de diversión. Las peleas entre toros y osos, por ejemplo, son muy frecuentes. La carne de oso es despreciada y se da a los perros pero la de toro es muy apreciada; los londinenses creen que el sufrimiento del animal la hace mucho más sabrosa.   
 
... Si os casáis sabed que la novia es entregada por su padre a otro miembro de su familia como símbolo de asentimiento. Recordad que, según Master Hooker, "esto también sirve para que la mujer conozca su obligación, porque la imbecilidad propia de su sexo le hace siempre dirigirse y actuar a las órdenes de otros".
 
... La gola, ese amplio e incómodo cuello de quita y pon que llevan tanto hombres como mujeres, puede llega a medir 6 metros de longitud- con más de 600 pliegues- y 25 centímetros de anchura. Como almidonar y preparar una gola puede llevar horas y el viento y la lluvia pueden deslucirla en apenas minutos, suele ser transportada por un sirviente en una caja y solo se pone en el momento de hacer entrada en el lugar de la celebración. Así podréis lucirlo en todo su esplendor. Aunque os guste y favorezca el color azul, descartadlo; por algún motivo, la reina lo ha prohibido en las golas.
Sir Walter Raleigh, a la última moda
 ... Los jubones masculinos están tan acolchados que el movimiento se ve severamente dificultado. El que las mangas sean desprendibles os facilitará al menos un poco las cosas.
 
... ¡A la mesa! El tenedor se considera una costumbre pretenciosa de los italianos. Cuchara y cuchillo deben seros más que suficientes; para algunos comprobaréis que incluso son innecesarios. Los tomates han sido asimilados desde el Nuevo Mundo y se cree tienen poderes afrodisíacos. Es difícil resistirse al azúcar, pero solo podréis acceder a él si sois ricos. La reina está enganchada a las almendras azucaradas, que le han producido algunas manchas y mellas en su dentadura, de ahí que apenas sonría en los retratos. Como regla general, los únicos que beben leche son los pobres. La carne de ternera es el alimento favorito de los londinenses, pero encontrareis muchas otras variedades de carne en Londres.  
 
... A los artesanos cualificados, como los sastres, se les prohíbe de manera tajante trabajar bajo luz artificial. El objetivo es impedir que la calidad de sus productos se vea perjudicada.    
 
... Para beber algo, siempre seréis mejor atendidos en una taberna que en una pequeña y sucia alehouse. Pero si lo que queréis es quedaros a dormir, una posada, y las hay muy buenas en Londres, os dará cobijo y servicio de calidad.
 
... Y si os enfermáis, Nuestra Majestad no lo quiera, existe el Excelente compendio farmacéutico doméstico para todos los males y enfermedades del cuerpo. Así, por ejemplo, para la retención de orina está demostrada la eficacia de insertar tres piojos grandes en el pene. Infalible.   
 
 
Y hasta aquí hemos llegado.  Espero que hayáis disfrutado el recorrido. Toca retirarnos por hoy. El sereno nos obliga a recogernos...
 
"Prestad atención al reloj,
asegurad vuestras cerraduras,
vuestros fuegos y vuestras luces,
y que Dios os dé buenas noches.
¡Diez en punto!"
 
 

lunes, 12 de mayo de 2014

'El inocente', de Gabriele D'Annunzio

El inocente, de Gabriele D'Annunzio, es principal y básicamente la historia de una confesión, la revelación por parte de Tullio Hermil, el narrador-protagonista, de los acontecimientos vividos y el atroz acto cometido por él el año anterior. Y ya desde el mismo comienzo se plantean dudas en torno a esta confesión...
"Presentarme ante el juez y confesar:
'He cometido un delito. Aquella pobre criatura no estaría muerta si yo no la hubiese asesinado. Yo, Tulli Hermil, yo mismo la he matado. Premedité el asesinato en casa. Lo ejecuté con una perfecta lucidez de conciencia, de un modo preciso, con absoluta seguridad. Tras ello continué viviendo en mi casa con mi secreto, durante un año entero, hasta hoy. Hoy se cumple el aniversario. Heme aquí  en su mano. Escúcheme., Júzgueme.'
¿Puedo acudir al juez?, ¿puedo hablarle así?
No puedo ni quiero. La justicia de los hombres no me alcanza. No hay tribunal en la tierra que pueda juzgarme.
Y sin embargo, preciso es que me acuse, que me confiese. Debo revelar mi secreto a alguien.
¿A QUIÉN?"
Y aquí se haya el lector enfrentado a este reconocimiento de culpa y a los interrogantes que le surgen, ¿cuál será la sentencia final, inocente o culpable? ¿Es acaso Tullio el inocente del título finalmente o solo el verdugo? ¿Quién es la víctima a la que reconoce haber dado muerte? ¿Cuáles son las motivaciones que le han llevado a tal determinación? Por otro lado,  quiere confesarse sin tener que cargar con las consecuencias de sus actos, con el castigo que la justicia le impondría, ¿es realmente el sentimiento de culpa lo que le mueve o es tan solo este diario un estallido egoísta de liberación?...

De este modo, con múltiples preguntas comienza el lector a adentrarse en la historia de Tullio Hermil, una historia escrita con el lenguaje propio de finales del siglo XIX, del decadentismo esteticista del que el autor fue claro exponente y en el que la sentencia "el arte por el arte" era la máxima premisa. Un lenguaje el de El inocente elaborado y preciosista.  

Gabriele D'Annunzio (1863-1938)
Tullio Hermil resulta ser un hombre egoísta, perverso, despiadado, de natural hedonista, que antepone la búsqueda del placer a cualquier otro afán. Las infidelidades a las que somete a su esposa son reiteradas y a consecuencia de ellas el matrimonio- clase social alta, dos niñas, sin problemas que alteren su fácil día a día- ha devenido en una distante relación afectiva que Giuliana, la esposa, sufre con resignado silencio. Tullio en su egocentrismo logra, sin embargo, encontrar justificación en cada una de sus deslealtades en un alarde de cinismo supremo.

Sus propias infidelidades pueden tener sentido o razón de ser a sus ojos pero cuando Giulina busca fugazmente consuelo en los brazos de un amante, Tullio- el superhombre Tullio ha sido traicionado- es incapaz de perdonar, de olvidar, de comprender, y un oscuro sentimiento de traición, de posesión, de amor neurótico se adueñe de él, le domina y le obsesiona.
      
Resulta apasionante comprobar la maestría con la que D'Annunzio logra dar expresión a los sutiles cambios de estado de ánimo del protagonistas, a sus volubles sentimientos, a los matices de una mente inestable. El juego entre el yo, el ello y el superyó de Freud en la personalidad de Tullio Hermil, entre la conciencia y la inconciencia, entre la razón y el deseo, la pulsión irracional, la escisión del sujeto, tanto en Tullio como en Giuliana, que evidencia cómo el mismo individuo puede desear y no desear algo o amar y odiar al mismo tiempo,... todo esta complejidad psicológica la maneja D'Annunzio con suma precisión y acierto.

Fotograma de El inocente, de Luchino Visconti (1976)
De igual modo, resulta admirable la capacidad del autor, su dominio narrativo para contar una historia muy difícil de contar. En el momento de su publicación, 1892, recibió críticas y cierto rechazo inicial por la historia en sí, por algunas de sus más oscuros momentos, pero también por las acusaciones de plagio que recibió, comparando en cierto sentido  El inocente con Crimen o castigo o Los hermanos Karamazov, de Dostoiesvki. La influencia se hace evidente pero, como ha dicho recientemente Mark Z. Danielewski, el autor de La casa de hojas, "Todos los libros están hechos de libros".

El inocente es un novela fascinante para leer pausadamente y poder percibir en las constantes reflexiones todos los matices de esa personalidad compleja que es la de Tullio, al igual que, bien está recordarlo, fue la del propio autor. De hecho, se pueden encontrar similitudes entre Hermil y D'Annunzio- la alta consideración de sí mismos, la vida un tanto licenciosa, su natural concupiscible,...- o entre Giulina y Mary Welsh o Barbara Leoni- esposa y amante respectivamente de D'Annunzio en el momento en el que escribía esta novela- con las que comparte ciertas cualidades. Historia personal y romance, elementos autobiográficos y ficción se entremezclan de modo constante.

D'Annunzio no fue un autor de brochazos, sino un artista del detalle, de los símbolos, de las sutilezas y el movimiento cadencioso. Fue un dandy, un esteta elitista con vocación de llegar a pocos pero a los mejores. Una lástima que sus planteamientos políticos poco democráticos y a menudo cuestionados como posibles precursores del fascismo de Mussolini hayan hecho pagar factura al reconocimiento de su faceta de poeta, en el sentido más amplio de la palabra, del gran poeta que fue.

https://www.facebook.com/events/1489418587943283/?ref_newsfeed_story_type=regular

Quisiera agradecer finalmente a la editorial dÉpoca el acercamiento de esta novela a los lectores en lengua castellana- todo un acierto que amplía además considerablemente el abanico de potenciales lectores de esta pequeña pero exquisita editorial- con el mimo en la edición que acostumbra.

Y por último recordar que, si os ha gustado la reseña y os ha despertado el interés por la lectura de esta joyita, solo tenéis que picar AQUÍ y participar en el sorteo en Facebook de DOS EJEMPLARES de El inocente. Así de fácil.

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