jueves, 22 de mayo de 2014

See you soon...


Pensaba publicar esta entrada la semana que viene pero, como veis, la he adelantado. Estaba algo indecisa pero el correo que he recibido de una amiga bloguera y sus sabias palabras me han decidido...

El  blog y yo nos tomamos un descanso. Estos días y en junio estaré liada con el trabajo- exámenes que corregir, memorias y papeleo vario, y los estudios de Hispánicas en la UNED- y en julio y agosto toca desconectar de todo esto. Visitaré vuestros blogs, eso sí, cuando el tiempo me lo permita, y continuaremos en contacto a través de Face pero el blog se va de vacaciones.

Así que hoy os digo... ¡¡¡Hasta pronto, amig@s!!! En septiembre nos reencontramos por aquí si queréis. Tenemos por delante muchos libros por leer, muchas cosas por hacer y mucha vida por vivir... ¡¡Sed muy felices!!
 
  
 

lunes, 19 de mayo de 2014

'El Londres de Shakespeare por cinco groats al día', de Richard Tames. Curiosidades de la historia


Echando una mirada retrospectiva y ojeando entradas anteriores me doy cuenta de que ya van unas cuantas- con esta que ahora leéis novecientas 994-, que el blog ya tiene su historia, cierto bagaje que diríamos. Desde su primera entrada en marzo de 2010- cuatro años ya los que lleva en marcha- ha pasado por diferentes etapas: casi un año de anonimato casi absoluto, luego empezó a ser conocido por algunos, poco a poco iba recibiendo más visitas, evolucionó de una temática más variada- incluía frecuentas entradas sobre curiosidades, historia, personajes de las épocas de la Regencia y Victoriana,...- hasta lo que ahora es, un humilde blog principalmente literario sin pretensión ni ambición alguna más allá del disfrute de compartir y aprender de otros amig@s bloguer@s y de la propia satisfacción personal. 

Una de las etiquetas que podéis encontrar en el margen izquierdo del blog reza Curiosidades, y 25 son las entradas que se incluyen bajo ella: el gran hedor de Londres del XIX , los dos amores de Arthur Conan Doyle, la fotografía post mortem, algunos personajes como Spring Heeled Jack, Fanny Adams, Joseph Merrick, el hombre elefante,... la moda victoriana, rarezas o peculiaridades de algunos escritores, Cowan Bridge, las bibliotecas en la Regencia, ... Os invito a que les echéis un ojo si os apetece.

Dos de estas entradas de curiosidades- Elementary, my dear Watson y True or false?-  son una especie de Sabías que... con datos y curiosidades sobre casi todo. Tenía intención de continuar con la sección pero al haber tomado el blog un camino más literario, de reseñas principalmente, no logré encontrar el tiempo ni el momento. Hasta hoy. Porque ahora, en este momento del blog sin ataduras editoriales, me apetece retomar esta sección. En este caso, sin embargo, me concentraré en algunos de aquellos datos curiosos que se pueden encontrar al disfrutar la lectura de El Londres de Shakespeare por cinco groats al día de Richard Tames- libro de muy fácil lectura, muy ameno y con abundantes ilustraciones- que he simultaneado con la más extensa y erudita Londres, una biografía de Peter Ackroyd, que todavía no he terminado. Las de hoy serán, por lo tanto, algunas curiosidades sobre el Londres de principios del siglo XVII,  el Londres de Shakespeare y de la reina Isabel. Espero que os resulten de interés. Hasta allá nos vamos... 
 
Mapa de Londres y Westminster (1558)
... Un soberano de oro es la moneda de mayor valor y equivale a treinta chelines de plata. La moneda de menor valor es el halfpenny (pronunciado 'hapeni' con la 'h' aspirada)  que vale medio penique. El groat del título del libro equivale a cuatro peniques. Una escoba, por ejemplo, os costará poco más de un penique y un espejo, unos cinco chelines.   
 
... El Támesis está lleno de cisnes domesticados que hacen sus nidos y crían en pequeños islotes. Están reservados a la mesa real y si los molestáis os enfrentareis a la pena capital. 
 
... Encontrareis en Londres variadas formas de diversión. Las peleas entre toros y osos, por ejemplo, son muy frecuentes. La carne de oso es despreciada y se da a los perros pero la de toro es muy apreciada; los londinenses creen que el sufrimiento del animal la hace mucho más sabrosa.   
 
... Si os casáis sabed que la novia es entregada por su padre a otro miembro de su familia como símbolo de asentimiento. Recordad que, según Master Hooker, "esto también sirve para que la mujer conozca su obligación, porque la imbecilidad propia de su sexo le hace siempre dirigirse y actuar a las órdenes de otros".
 
... La gola, ese amplio e incómodo cuello de quita y pon que llevan tanto hombres como mujeres, puede llega a medir 6 metros de longitud- con más de 600 pliegues- y 25 centímetros de anchura. Como almidonar y preparar una gola puede llevar horas y el viento y la lluvia pueden deslucirla en apenas minutos, suele ser transportada por un sirviente en una caja y solo se pone en el momento de hacer entrada en el lugar de la celebración. Así podréis lucirlo en todo su esplendor. Aunque os guste y favorezca el color azul, descartadlo; por algún motivo, la reina lo ha prohibido en las golas.
Sir Walter Raleigh, a la última moda
 ... Los jubones masculinos están tan acolchados que el movimiento se ve severamente dificultado. El que las mangas sean desprendibles os facilitará al menos un poco las cosas.
 
... ¡A la mesa! El tenedor se considera una costumbre pretenciosa de los italianos. Cuchara y cuchillo deben seros más que suficientes; para algunos comprobaréis que incluso son innecesarios. Los tomates han sido asimilados desde el Nuevo Mundo y se cree tienen poderes afrodisíacos. Es difícil resistirse al azúcar, pero solo podréis acceder a él si sois ricos. La reina está enganchada a las almendras azucaradas, que le han producido algunas manchas y mellas en su dentadura, de ahí que apenas sonría en los retratos. Como regla general, los únicos que beben leche son los pobres. La carne de ternera es el alimento favorito de los londinenses, pero encontrareis muchas otras variedades de carne en Londres.  
 
... A los artesanos cualificados, como los sastres, se les prohíbe de manera tajante trabajar bajo luz artificial. El objetivo es impedir que la calidad de sus productos se vea perjudicada.    
 
... Para beber algo, siempre seréis mejor atendidos en una taberna que en una pequeña y sucia alehouse. Pero si lo que queréis es quedaros a dormir, una posada, y las hay muy buenas en Londres, os dará cobijo y servicio de calidad.
 
... Y si os enfermáis, Nuestra Majestad no lo quiera, existe el Excelente compendio farmacéutico doméstico para todos los males y enfermedades del cuerpo. Así, por ejemplo, para la retención de orina está demostrada la eficacia de insertar tres piojos grandes en el pene. Infalible.   
 
 
Y hasta aquí hemos llegado.  Espero que hayáis disfrutado el recorrido. Toca retirarnos por hoy. El sereno nos obliga a recogernos...
 
"Prestad atención al reloj,
asegurad vuestras cerraduras,
vuestros fuegos y vuestras luces,
y que Dios os dé buenas noches.
¡Diez en punto!"
 
 

lunes, 12 de mayo de 2014

'El inocente', de Gabriele D'Annunzio

El inocente, de Gabriele D'Annunzio, es principal y básicamente la historia de una confesión, la revelación por parte de Tullio Hermil, el narrador-protagonista, de los acontecimientos vividos y el atroz acto cometido por él el año anterior. Y ya desde el mismo comienzo se plantean dudas en torno a esta confesión...
"Presentarme ante el juez y confesar:
'He cometido un delito. Aquella pobre criatura no estaría muerta si yo no la hubiese asesinado. Yo, Tulli Hermil, yo mismo la he matado. Premedité el asesinato en casa. Lo ejecuté con una perfecta lucidez de conciencia, de un modo preciso, con absoluta seguridad. Tras ello continué viviendo en mi casa con mi secreto, durante un año entero, hasta hoy. Hoy se cumple el aniversario. Heme aquí  en su mano. Escúcheme., Júzgueme.'
¿Puedo acudir al juez?, ¿puedo hablarle así?
No puedo ni quiero. La justicia de los hombres no me alcanza. No hay tribunal en la tierra que pueda juzgarme.
Y sin embargo, preciso es que me acuse, que me confiese. Debo revelar mi secreto a alguien.
¿A QUIÉN?"
Y aquí se haya el lector enfrentado a este reconocimiento de culpa y a los interrogantes que le surgen, ¿cuál será la sentencia final, inocente o culpable? ¿Es acaso Tullio el inocente del título finalmente o solo el verdugo? ¿Quién es la víctima a la que reconoce haber dado muerte? ¿Cuáles son las motivaciones que le han llevado a tal determinación? Por otro lado,  quiere confesarse sin tener que cargar con las consecuencias de sus actos, con el castigo que la justicia le impondría, ¿es realmente el sentimiento de culpa lo que le mueve o es tan solo este diario un estallido egoísta de liberación?...

De este modo, con múltiples preguntas comienza el lector a adentrarse en la historia de Tullio Hermil, una historia escrita con el lenguaje propio de finales del siglo XIX, del decadentismo esteticista del que el autor fue claro exponente y en el que la sentencia "el arte por el arte" era la máxima premisa. Un lenguaje el de El inocente elaborado y preciosista.  

Gabriele D'Annunzio (1863-1938)
Tullio Hermil resulta ser un hombre egoísta, perverso, despiadado, de natural hedonista, que antepone la búsqueda del placer a cualquier otro afán. Las infidelidades a las que somete a su esposa son reiteradas y a consecuencia de ellas el matrimonio- clase social alta, dos niñas, sin problemas que alteren su fácil día a día- ha devenido en una distante relación afectiva que Giuliana, la esposa, sufre con resignado silencio. Tullio en su egocentrismo logra, sin embargo, encontrar justificación en cada una de sus deslealtades en un alarde de cinismo supremo.

Sus propias infidelidades pueden tener sentido o razón de ser a sus ojos pero cuando Giulina busca fugazmente consuelo en los brazos de un amante, Tullio- el superhombre Tullio ha sido traicionado- es incapaz de perdonar, de olvidar, de comprender, y un oscuro sentimiento de traición, de posesión, de amor neurótico se adueñe de él, le domina y le obsesiona.
      
Resulta apasionante comprobar la maestría con la que D'Annunzio logra dar expresión a los sutiles cambios de estado de ánimo del protagonistas, a sus volubles sentimientos, a los matices de una mente inestable. El juego entre el yo, el ello y el superyó de Freud en la personalidad de Tullio Hermil, entre la conciencia y la inconciencia, entre la razón y el deseo, la pulsión irracional, la escisión del sujeto, tanto en Tullio como en Giuliana, que evidencia cómo el mismo individuo puede desear y no desear algo o amar y odiar al mismo tiempo,... todo esta complejidad psicológica la maneja D'Annunzio con suma precisión y acierto.

Fotograma de El inocente, de Luchino Visconti (1976)
De igual modo, resulta admirable la capacidad del autor, su dominio narrativo para contar una historia muy difícil de contar. En el momento de su publicación, 1892, recibió críticas y cierto rechazo inicial por la historia en sí, por algunas de sus más oscuros momentos, pero también por las acusaciones de plagio que recibió, comparando en cierto sentido  El inocente con Crimen o castigo o Los hermanos Karamazov, de Dostoiesvki. La influencia se hace evidente pero, como ha dicho recientemente Mark Z. Danielewski, el autor de La casa de hojas, "Todos los libros están hechos de libros".

El inocente es un novela fascinante para leer pausadamente y poder percibir en las constantes reflexiones todos los matices de esa personalidad compleja que es la de Tullio, al igual que, bien está recordarlo, fue la del propio autor. De hecho, se pueden encontrar similitudes entre Hermil y D'Annunzio- la alta consideración de sí mismos, la vida un tanto licenciosa, su natural concupiscible,...- o entre Giulina y Mary Welsh o Barbara Leoni- esposa y amante respectivamente de D'Annunzio en el momento en el que escribía esta novela- con las que comparte ciertas cualidades. Historia personal y romance, elementos autobiográficos y ficción se entremezclan de modo constante.

D'Annunzio no fue un autor de brochazos, sino un artista del detalle, de los símbolos, de las sutilezas y el movimiento cadencioso. Fue un dandy, un esteta elitista con vocación de llegar a pocos pero a los mejores. Una lástima que sus planteamientos políticos poco democráticos y a menudo cuestionados como posibles precursores del fascismo de Mussolini hayan hecho pagar factura al reconocimiento de su faceta de poeta, en el sentido más amplio de la palabra, del gran poeta que fue.

https://www.facebook.com/events/1489418587943283/?ref_newsfeed_story_type=regular

Quisiera agradecer finalmente a la editorial dÉpoca el acercamiento de esta novela a los lectores en lengua castellana- todo un acierto que amplía además considerablemente el abanico de potenciales lectores de esta pequeña pero exquisita editorial- con el mimo en la edición que acostumbra.

Y por último recordar que, si os ha gustado la reseña y os ha despertado el interés por la lectura de esta joyita, solo tenéis que picar AQUÍ y participar en el sorteo en Facebook de DOS EJEMPLARES de El inocente. Así de fácil.

lunes, 5 de mayo de 2014

De viaje con Victor Hugo, Walter Benjamin y Guy de Maupassant


Ya visitamos hace algún tiempo, en esta entrada, Roma, Florencia y Venecia de la mano de Georg Simmmel. Y hoy vuelvo a proponeros un viaje, un estupendo recorrido por la vieja Europa. Yo corro con los gastos, que no se diga. Pero es que además contaremos con unos guías muy especiales, de primer orden. Entre nosotr@s, ya les gustaría a las mejores agencias de viajes... Nuestros guías serán ni más ni menos que  el escritor y filósofo Walter Benjamin, con el que recorreremos las calles y callejuelas de París, el escritor Guy de Maupassant, que nos llevará hasta la isla de Sicilia y nos hablará de sus numerosos encantos, y, finalmente, el célebre Victor Hugo, con el que viajaremos desde Bruselas a Brujas. Con este último habremos de tener paciencia ya que, aunque en el viaje nos acompañará su amante, Juliette Drouet, ha de escribir con frecuencia a su amada esposa Adèle. Un trío que mantiene muy buenas relaciones, por lo que se ve.
 
Pero no seamos cotillas, por favor, y vamos a lo que vamos. Equipaje listo, despedidas hechas, alguna lagrimita que se escapa, documentación en regla. Comencemos pues nuestro viaje...   

PARÍS 

"Y luego están esas pequeñas plazas intemporales que se nos aparecen de repente y de las que no consta nombre; unas plazas que, a diferencia de las de Vendóme o Gréves, no son fruto de un proyecto ambicioso en connivencia con la historia universal, sino que, por el contrario, son la reunión de unos inmuebles que, lentamente, como adormecidos y rezagados, han ido respondiendo a la llamada del siglo. En esas plazas, los árboles tienen la palabra; incluso los más desnudos dan espesa sombra. Y al atardecer, como deslustrado vidrio de oscuro verde, su hojas tamizan la luz de las farolas de gas, cuando no proyectan el brillo de su incipiente verdor, para señalar la llegada de la primavera a la ciudad."

Walter Benjamin 






-o-0-o-
SICILIA
"El pequeño claustro de la iglesia de San Giovanni degli Eremiti, una de las más antiguas iglesias normandas de influencia oriental- aunque menos notable que el de Monreale- sigue siendo muy superior a todo lo que conozco que pueda comparársele.
Al salir del convento, se entra en el jardín, desde donde se domina todo el valle cuajado de naranjos en flor. Un aroma insistente asciende del bosque embalsamado, un aroma que embarga el espíritu y turba los sentidos. Ese deseo impreciso y poético que obsesiona siempre al alma humana, que ronda a su alrededor- turbado e inasible-, parece estar a punto de realizarse. Este aromo, al envolvernos de repente, mezclando de repente la delicada sensación de los perfumes con el goce artístico del espíritu, nos mece durante algunos segundos en un bienestar físico y mental que se asemeje mucho a la felicidad." 
Guy de Maupassant
 Iglesia de San Giovanni degli Eremiti (Palermo- Sicilia)
Trapani-Sicilia

Pequeño puerto en Sicilia

Taormina-Sicilia
-o-0-o-
 DE BRUSELAS A BRUJAS
"La plaza del palacio comunal de Mons es especialmente bonita. El ayuntamiento tiene una hermosa fachada con oijvas del siglo XV, con una curiosa torre barroca, y desde la plaza divísanse, además, los otros dos campanarios.
Como tenía que partir a las tres de la madrugado, no me acosté para ver ese conjunto a la luz de la luna. Nada más singular y delicioso, bajo un hermoso cielo claro y estrellado, que aquella plaza tan bien distribuida en todos los sentidos por el gusto caprichoso del siglo XV y por el genio extravagante del XVIII; nada tan original como todos aquellos quiméricos edificios vistos en aquella hora fantástica.
De vez en cuando oíase en la torre un agradable concierto de campanas (en la torre de las teteras); (...) luego se callaba y sonaba la hora gravemente. Entonces, cuando las últimas vibraciones de la hora terminaban, en el silencio apenas restablecido, un rumor extrañamente dulce y melancólico caía de lo alto de la torre mayor, y era el sonido aéreo y febril de una trompa, solo dos suspiros. Luego volvía a empezar el descanso de la ciudad que duraba media hora. Aquella trompa era la voz del vigilante nocturno.
Yo permanecí allí, el único que velaba con aquel hombre, con la ventana abierta ante mí, con todo aquel espectáculo, esto es, todo aquel ensueño, en los oídos y en los ojos. He hecho bien en no dormir aquella noche, ¿verdad? El mismo sueño no me habría dado imágenes más apropiadas a mi fantasía."
Víctor Hugo 

Mons

Amberes

Brujas


Gante
Y hasta aquí ha llegado nuestro periplo por hoy. Espero que hayáis quedado tod@s satisfech@s con el recorrido y, por supuesto, con los guías. Y ahora, ¿por qué no proponéis vosotr@s otros destinos? ¿A dónde os gustaría ir? ¿Cuál es vuestro viaje soñado? Contadme, contadme...



lunes, 28 de abril de 2014

'Reflejos en el ojo de un hombre', de Nancy Huston




"Progresivamente, más o menos por todo el mundo occidental, las mujeres empiezan a manifestarse, a protestar, a luchar por sus derechos cívicos, a exigir dignidad y respeto, y a querer que se les reconozca iguales a los  hombres en el plano político y profesional, ciudadanas completas. Derecho al voto, derecho al trabajo, derecho a la contracepción y al aborto, derecho a ser diputada, senador y presidenta de la República... Una vez que empiezan es imposible detenerlas. (...) Pero lo extraño es que cuanto más llegan a ser sujetos, más se convierten en objetos."

"En otras palabras, las mujeres hacen uso de las ventajas de su creciente subjetividad no solo para asentar su independencia económica y afectiva, sino también para objetivizarse más que nunca. Cuanto más ganan, más gastan en belleza."

"La obsesión contemporánea de las mujeres por su aspecto ya no se relaciona básicamente con seducir a las hombres, con el deseo de 'conseguir' un marido para tener niños, por ejemplo. Se ha convertido en angustia y en generadora de angustia. Ahora las mujeres se reelaboran solas, ante y para las miradas críticas de las demás mujeres."  

"En la década de los cincuenta, a la vez que la televisión, llega a los hogares occidentales la muñeca Barbie (y Ken, su contrapartida masculina). Barbie, que se fabrica y se distribuye de forma masiva y marca durante mucho tiempo la imaginación de las niñas occidentales, será la primera muñeca que simboliza no al bebé futuro, sino a ella misma,  a la mujer que aspira a convertirse. Se instala la obsesión narcisista. (...) La seducción ha desplazado en buena medida a la reproducción."

"Es preciso subrayar que nos encontramos en una situación extremadamente singular. Tras haber logrado separar la seducción de la reproducción y aislar, captar y fijar la belleza femenina en imágenes, la iconografía occidental se dedica ahora a eliminar con frenesí del viaje de la mujer por la vida todas la etapas salvo aquella en la que ya está formada, es guapa y deseable, pero todavía no es madre. Tradicionalmente esta etapa era muy breve. Ahora, tanto las niñas de cuatro años como las mujeres de cuarenta y las ancianas de ochenta y cuatro se empeñan- absurda, desesperada e indefinidamente- en aparentar diecisiete años y medio. Primero intentan aparentar más edad de la que tienen, y después menos. En consecuencia,, son pocas las mujer que están satisfechas con su aspecto cuando se levantan por la mañana." 

Reflejos en el ojo de un hombre, de Nancy Huston 
 Capítulo VII, Más sujeto y más objeto


La lectura de este interesante ensayo, del que os traigo hasta aquí tan solo unos fragmentos, me ha hecho recordar la imagen de la ucraniana Valerie Lukyanova, que ha modelado su cuerpo para lograr parecerse a su icono estético, la muñeca Barbie. Otras mujeres no llegan a tanto y se quedan a medio camino: anorexia, implantes, cremas varias, cirugías reparadoras, aumentos de pecho, liposucciones, tratamientos diversos,... ¿Esclavitud? ¿O es esto acaso la repetida hasta la saciedad liberación de la mujer?

domingo, 27 de abril de 2014

'Carmen y amig@s' en Facebook

 
Una entradita breve y rápida para recordaros que el blog tiene página en Facebook, Carmen y amig@s, y grupo, Los libros de Carmen y amig@s, y para comentaros que, como solo actualizo los lunes, es evidente que no puedo colgar las reseñas de todos los libros que voy leyendo. Tan solo reseño en el blog una muy escueta selección de ellos, los que me han llegado de modo singular o sean, por un motivo u otro, especiales para mí. Desde esta semana a los demás libros leídos les dedico una breve reseña /comentario en la página y el grupo de Facebook.  He comenzado con el recién leído Élisa, de Jacques Chauviré.
 
Así que aprovecho para invitaros a tod@s vosotr@s a que os paséis por la página, y le deis al botón de 'Me gusta' si os place (se agradece mucho, por supuesto) y/o solicitéis la entrada en el grupo; es un grupo cerrado y requiere solicitud.
 
Y nada más. Hoy he roto con la rutina de los lunes, pero mañana habrá en el blog, como siempre, la entrada de la semana.
 
¡¡Feliz tarde de domingo, amig@s!! Y gracias por anticipado...
 
 

lunes, 21 de abril de 2014

'Napoleón en Chamartín', de Benito Pérez Galdós


Parece que fue ayer... Sí, parece que fue ayer cuando empezábamos esta andadura descubriendo los Episodios Nacionales de don Benito Pérez Galdós, y vamos ya por el quinto volumen de la primera serie. Y digo ingenuamente 'ya', pues la verdad es que todavía nos quedan por delante cinco volúmenes más de la primera serie y las series segunda, tercera, cuarta y quinta completas. Pero poco a poco todo se andará. Por lo menos acabaremos- o eso espero- las aventuras del querido Gabriel- poco a poco va dejando de ser Gabrielillo-. Y luego ya se verá...

Pero antes de comenzar con mis impresiones de este episodio quisiera recordaros que sigo con la edición de JdeJ Editores, facsímil de la primera edición ilustrada revisada por Galdós, y por lo tanto con las reglas ortográficas del momento.

Sinceramente no sé lo que esperaba de este nuevo episodio, Napoleón en Chamartín. Lo que sí puedo asegurar es que me ha gustado mucho lo que me he topado: viejos amigos, nuevos personajes memorables, poca batalla y mucha vida por las calles y tabernas de Madrid, el humor irónico y sarcástico de los episodios anteriores así como un lenguaje coloquial lleno de refranes y dichos populares y una narración ágil, amena, muy entretenida que muestra nuevamente la habilidad de Galdós que a estas alturas, todo sea dicho, no resulta ya una sorpresa. 
"El Sr. D. Diego Hipólito Félix de Cantalicio Afan de Ribera, Alfoz, etc., etc., conde de Rumblar y Peña Horadada, hacía en Madrid la siguiente vida:
Levantábase tarde y después de dar cuerda á sus relojes, se ponía á disposición del peluquero, que en poco más de hora y media le arreglaba la cabeza por fuera, que por dentro sólo Dios pudiera hacerlo."
El Gran Capitán
Con el tunante y bribonzuelo de Don Diego, juerguista de todo y lomo y con una ingenuidad de padre y muy señor mío comienza Galdós este nuevo episodio. Las andanzas del joven don Diego por los altos, medios y bajos fondos de Madrid- estos últimos los más frecuentados- nos llevará a conocer las ruidosas tabernas  los salones de la Zancuda o la Pelumbres, las fiestas de Rosa la Naranjera, de los saraos y otros garitos así como la belleza de la Zaína, mujer de armas tomar que roba el sentido a don Diego y ayuda a menguar su bolsa. También nos toparemos de nuevo, y muy cerca siempre de don Diego, a Santorcaz, que esconde tras su amistad con el simple y manirroto don Diego oscuras intenciones hacia doña Inés- ya todos sabemos a estas alturas de la relación que les une, ¿verdad?-, y a doña Amaranta.  Inés se erige por razones diversas en el centro focalizador de estos tres personajes, don Diego, Santorcaz y Amaranta- y por supuesto de Gabriel, que vive sin vivir en él por los amores de la dulce joven.
 
Más allá de la trama Inés, el otro personaje que aglutina en torno a él no solo a estos y al resto de personajes sino diría que a todo Madrid es Napoleón, o como le denominaría Vuestra Paternidad el padre Salmón, Napoladrón.
 
La toma de Madrid por parte de las tropas napoleónicas, por el ejército del córcego, de ese emperadorzuelo, tiene a todos muy alterados. El pueblo con ganas pero sin preparación y muy escasos medios hace pronosticar el desastre. El único que parece mantener el ánimo y negar la evidencia es el Gran Capitán, el Quijote de Chamartín, el último patriota en rendirse.
La Zaína
Las pretensiones de Napoleón exaltan y exacerban los ánimos patriotas, pero Galdós introduce aquí un agudo contrapunto cuando el mencionado padre Salmón, muy querido y muy ducho en la fabricación de jaulas de grillo y labores culinarias abomina de las medidas que Napoleón y su gobierno de la botella va a tomar en breve, sobre todo aquellas referidas a la Iglesia, su organización y propiedades. El padre Castillo, hombre más culto e instruido, muestra una mayor objetividad al valorar muy positivamente algunas de esas medias que  considera ya deberían haber sido tomadas con anterioridad por el gobierno patrio. Visto lo que vino después con el siguiente Borbón- ¡caramba con los Borbones!- "¡Viva Fernando VII!", el gobierno afrancesado más que opresor bien pudiera ser un gobierno liberador.
"- Ya se ve- exclamó el dominico, sin disimular su enojo.- Sin eso no se podía pasar. Afuera Inquisición, y vengan herejes, y lluevan masones, ¿qué les importa esto á los que no se cuidan de lo espiritual? 
- Poco significa eso- dijo Castillo;- porque el Santo Tribunal casi no existe ya de hecho, abolido por la suavidad de las costumbres.  
- Pero se conservan las fórmulas, señor mío- contestó con aspereza el dominico,- y las fórmulas tienen gran fuera, Verdad es que no se quema, que no se descuartiza (lo cual, dicho sea de paso, es excesiva blandura, según estamos hoy comidos de heregía); pero hay todavía degradaciones y simulados tormentos, que tienen muy buén ver para los malos."
Tristemente el pueblo aparece en algunos momentos  a ojos de Galdós  como una masa fácilmente manipulable, que llega a cometer atrocidades de modo irreflexivo o movido por bajas pasiones, un monstruo despiadado y sin sentido. Es un pueblo el de España de risa y canto, de pillería y bravuconería, sobrepoblado de clérigos, y que aún no tiene del todo claro por qué lucha, si por restaurar el orden anterior o por dar un paso adelante, hacia las luces, hacia el progreso.
 
Espero que Isi, Mónica o Loque, organicen bien pronto la siguiente lectura conjunta. No deberíamos dejar por mucho tiempo y a su suerte al bueno de Gabriel, prisionero camino de Francia...
 


lunes, 14 de abril de 2014

'Reencuentro', de Fred Uhlman



"Ingresó en mi vida en febrero de 1932 y ya no ha salido de ella. Desde entonces ha transcurrido más de un cuarto de siglo, han pasado más de nueve mil días, inconexos y tediosos, vacíos debido a las sensación del esfuerzo o el trabajo inútiles... días y años, muchos de ellos tan muertos como las hojas muertas de un árbol seco."

Así de intenso y desgarrado es el comienzo de Reencuentro, de Fred Uhlman. Hans Schwartz es el narrador que, desde la perspectiva que dan los años, recuerda y evoca los intensos meses de amistad vividos en Stuttgart con el joven conde Konradin von Hohenfels.
 
Hans es en 1932 un muchacho de dieciséis años, tímido, inteligente y algo solitario, hijo de judíos burgueses. Tiene amigos en el Karl Alexander Gymnasium de Stuttgart en el que estudia pero ninguno de ellos llega a hacer justicia a su "ideal romántico" de la amistad.
"(...) ninguno que yo admirara realmente, ninguno por el cual hubiera estado dispuesto a dar la vida, ninguno capaz de entender mi exigencia de confianza, lealtad y abnegación totales."

Ninguno hasta que apareció el refinado y elegante Konradin, perteneciente a uno de los más antiguos e ilustres linajes de Alemania.

Como si de una relación amorosa se tratase, Hans sufre todos los síntomas del enamoramiento: se siente subyugado, fascinado y cohibido a partes iguales, todo lo de él le atrae e interesa, y busca su mirada y atención, su admiración. Desea incluso una relación de exclusividad.
"Sentía, de alguna manera, que era mío y solo mío, y no quería compartirlo con nadie." 
Fred Uhlman (Stuttgart, 1901- Londres,1985)
La amistad de esto dos jóvenes se consolida. Aficiones e intereses comunes, pequeños viajes, charlas sobre religión o los clásicos, sobre los sueños por cumplir,... llenan sus horas juntos. Pero, siguiendo con el símil amoroso- y recordemos que nos hayamos en Stuttgart, Alemania, en 1932- podríamos decir que una tercera persona se entromete en la relación. El intruso, el tercero en discordia se llama Adolf Hitler.
 
Y así, Hans y Konradin dejan de ser solo dos personas, dos individuos, dos amigos, pierden su identidad individual para ser considerados elementos de los colectivos enfrentados: el de los judíos o el de los seguidores de la doctrina nazi. Hans y Konradin al parecer ya nunca más serán simplemente Hans y Konradin.
 
Pero tras los años, la futilidad de la vida, la sensación de pérdida y abandono, el desencuentro, la desconfianza que siente Hans, ¿es posible un reencuentro? ¿Se puede después de todo lo vivido?
"Mis heridas no han cicatrizado, y quienes me traen el recuerdo de Alemania no hacen más que frotarlas con sal." 
Fred Uhlman presenta en esta bella novella el tema del nazismo- reiteradamente tratado en literatura- desde una perspectiva más íntima e individualista. Ya no es el nazismo una masa, una raza, una religión contra otra masa, otra raza, otra religión. Es ahora el odio entre individuos. Es la negación de la amistad. Es el olvido de lo común, de lo que une. Es el miedo a lo diferente. Y no es, desde luego, el error de unos pocos, sino de todo un pueblo que de una manera activa o de modo más pasivo ha permitido la aberración, la monstruosidad.

Precioso este Reencuentro de Uhlman. Lectura emotiva, dura, tierna y esperanzadora. Quizá todos necesitemos estas historias para, como Hans, poder volver a confiar, a creer.
"Recuerdo el día y la hora en que fijé los ojos por primera vez en este muchacho que habría de ser la fuente de mi mayor dicha y de mi mayor desesperación."

 

lunes, 7 de abril de 2014

'La nieta del señor Linh', de Philippe Claudel


"No sé muy bien por dónde empezar". Así da comienzo Almas grises, de Philippe Claudel, y así podría comenzar yo también la reseña esta otra novela del autor. Pero empecemos entonces, ante la duda, por el principio...  
"Un anciano en la popa de un barco. En los brazos sostiene una maleta ligera y a una criatura, todavía más ligera. El anciano se llama Linh. Es el único que lo sabe, porque el resto de las personas que lo sabían están muertas."
Así, con un comienzo de gran fuerza visual- casi una acotación teatral- y con la presentación del escenario y los personajes principales, se abre la historia de La nieta del señor Linh, una nouvelle construida básicamente de imágenes, con escasísimos diálogos y muchos silencios, los del señor Bark, los del señor Linh, los de su nieta. Silencio y desarraigo. Silencio y soledad. Silencio y amistad.

"(...) viento que sopla y lo zarandea como una marioneta."   

Pero más que el viento lo que realmente zarandea al señor Linh es la vida. La vida y la muerte. La guerra que ha destruido su pequeña aldea, que se ha llevado a su hijo y a su nuera. La maldita guerra que le ha arrancado de su tierra- aunque haya podido conservar un puñado de ella- y le ha llevado a un país extranjero, extraño, desconocido, de coches y ruidos, de gente que no mira a la cara, de gente, mucha gente, que acentúa su desgarradora soledad. Solo le queda Sang Diu, su nieta, su "mañana dulce", que le da las fuerzas que le faltan para seguir adelante, para desear seguir vivo...

Philippe Claudel (Nancy, 1962)
Pero en ese zarandeo, en ese arrastre sin sentido, necesita, se le hace imprescindible un asidero, un referente. Y en una de sus salidas de la casa de refugiados en la que los han alojado, un día cualquiera sentado en un banco con su nieta sobre sus rodillas, abrigados los dos con numerosas prendas superpuestas para protegerse del intenso frío, conoce al señor Bark.

El señor Linh y el señor Bark simbolizan dos soledades que se encuentran, dos de las múltiples facetas de la soledad. Los dos intentan recordar, volver.  Desgraciadamente...

"No es posible volver a lo que se ha perdido"

Y forjan los dos, en idiomas diferentes, y sin entenderse verbalmente, una amistad de silencios y confesiones, de una mano sobre el hombre y un ¡buenos días!, una amistad de encuentros, palabras incomprendidas y escuchas cómplices. Los dos lograrán escapar del yugo de la soledad y su doloroso vacío. Bark además hallará en esta amistad una especie de redención y Linh aprenderá a confiar de nuevo en los hombres y en el futuro. 
"(...) rodea a su amigo con los brazos, sintiendo el cuerpo de Sang Diu protegido y no aplastado entre los suyos."
Apenas ciento veintiséis páginas componen esta pequeña gran novela. Es verdad que los temas no son del todo originales, que se intuye quizá en demasiadas ocasiones esa búsqueda deliberada por parte del autor de enternecer al lector, que el (sorpresivo) final podría haber sido menos de bombo y platillo y más melódico y armonioso, pero sin duda La nieta del señor Linh es una historia bien contada, con sencillez y sin alardes, una historia muy emotiva y que propicia una reflexión posterior del lector. El desarraigo, la amistad, la soledad, la culpa, la nostalgia de lo perdido, la muerte. Cada lector, cargado con su alforja de vivencias a la espalda, se sentirá de uno u otro modo tocado. La lectura de La nieta del señor Linh emociona y conmueve. Buena literatura.



lunes, 31 de marzo de 2014

'El niño perdido', de Thomas Wolfe

 
"(...) Porque después de todo he comprendido
que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado."
 
Esta es parte de la dedicatoria que una buena amiga de entonces- el tiempo tristemente va marcando distancias- me escribió en el libro El arte de amar, de Erich Fromm, que releo de vez en cuando. La estrofa la memoricé pero no sé de quién es, no he tenido la necesidad ni la curiosidad. Pero me gusta. Y es que así es, o así lo creo. Y lo que cada uno de nosotros tiene enterrado, escondido- consciente o inconscientemente-, lo que nos va construyendo y haciendo ser son, en buena parte, los recuerdos. ¿Somos lo que recordamos? En gran medida, sí.
 
"La luz vino y se fue y vino de nuevo."
 
En El niño perdido Thomas Wolfe construye, a través de las evocaciones que algunos miembros de la familia hacen de momentos, de sensaciones, de vivencias, el recuerdo de un hermano, del pequeño Grover, víctima del tifus con apenas doce años.  
 
Thomas Wolfe, en propias palabras de William Faulkner uno de los grandes de la literatura americana- en la que destaca principalmente por sus relatos y literatura breve- ha dado vida aquí a una obra de arte. Con un lenguaje que resuena como una cantinela que se pega a los poros, con una sencillez arrolladora y una sensibilidad que agarrota la garganta el autor nos arrulla y nos acuna con la triste dulzura de un pasado que no volverá, de un hermano muy querido que se ha perdido para siempre. 
 
Thomas Clayton Wolfe (1900-1938)
El niño perdido es Grover, pero hay quizá más niños perdidos en esta historia: la niña que fue su hermana- "en casa de mamá yo era un poco la esclavita..."- el niño que fue el propio Thomas, al que Grover protegía y cuidaba,... La inocencia perdida, la de un tiempo sin retorno posible. 

"Recordar es la única manera de detener el tiempo", decía Jaroslav Seifert. Thomas Wolfe consigue detenerlo en las  noventa y tres páginas de esta deliciosa lectura, pero sabe que no podrá alargar más esa pausa, ese momento. La avenida King le enfrenta de bruces con la realidad de un presente casi ajeno.

"No le dije que la avenida King en esa época no era una calle, sino una especia de camino abierto como por arte de magia entre unos terrenos sombríos y encantados, y que para mí estaba mezclada con la canción de 'Tom,Tom, the Piper's Son', con panecillos de cuaresma, con toda la luz que iba y venía y con las sombras de las nubes que pasaban sobre las montañas, con el viaje a Indiana aquella mañana y el olor del humo de los motores, con Unión Station y, sobre todo, con las voces lejanas y perdidas que hace tanto tiempo atrás decían: 'Avenida King'.
No le dije estas cosas sobre la avenida King porque miré a mi alrededor y vi en qué se había convertido la avenida King."
Y es casi entonces cuando se da cuenta de que es el adiós definitivo. Adiós al niño perdido. Adiós quizá al niño que todos fuimos.
"Todo aquello volvió y se apagó y se perdió de nuevo".
... Perdido ya para siempre.


lunes, 24 de marzo de 2014

'Es un decir', de Jenn Díaz


 "El día que cumplí once años mataron a mi padre."

Con esta aparentemente sencilla frase Mariela comienza en Es un decir la narración de la complicada vida de su abuela, su madre y ella misma tras la tragedia. Las tres mujeres serán el centro de esta historia en la que dos de ellas, principalmente Mariela, tendrán voz propia. La muerte del padre, o peor aun, el asesinato del padre marcará un punto de inflexión que determinará sus vidas en un pueblo de la España profunda de la posguerra, un lugar de murmuraciones, rumores y habladurías pero también de taimados silencios y oscuridad, de engaños y mentiras. 

Mariela querrá saber por qué mataron a su padre, por qué nadie quería enterrarlo,.. Querrá saber para liberarse, para superar el dolor por la muerte del padre, o al menos por la muerte de un padre imaginado y recreado. Pero quizá el saber, más que aligerar, acreciente ese dolor. Puede que ese saber implique más sufrimiento... Pero Marianela no se conforma y ha de crecer, ha de hacerse un señorita, ha de iniciarse en el mundo adulto, y eso implica conocer sus verdades y sus mentiras. Pero en la casa que comparte con su madre y con su abuela el silencio, el aislamiento, la soledad la rodean, la dañan, la asfixian, una asfixia que parecer ser marca (es un decir) de la casa. 
"(...) sin que me deje nada por decir, porque son tantas las cosa que me he ido callando, y ahora todo me pesa tan adentro, sin saber yo mientras guardaba las palabras que algún día me pesarían (...) se clavan por todas partes, las palabras, las dichosas palabras, que lo dicen todo y que no dicen nada..."

Las palabras silenciadas que asfixian por igual al que las calla y a quien ansía escucharlas. En la familia de Mariela las palabras importantes han sido calladas o falseadas y así la verdad tan solo "es un decir".  Es un decir... y Mariela tendrá que ir buscando la palabra exacta, la palabra precisa alejada de paradojas y contradicciones y destapar la verdad, lo que está por descubrir. Y la verdad desnuda, sin ambages, la verdad descarnada se encuentra aquí principalmente en el diálogo interior, en la relación con uno mismo en donde no hay apariencias, disimulos ni escondites.

Aunque heridas y maltrechas, las mujeres protagonistas de Es un decir son mujeres fuertes, mientras que los hombres son seres débiles, sin fuerza, extraños, poseedores de una libertad que las mujeres no conocen pero a los que la guerra ha desubicado y dejado sin rumbo ni arraigo. Mujeres y hombres...

... y verdades y mentiras. Silencios y confesiones. Amores y odios. Desencanto. Valor y cobardía. Rencores y perdones. Muerte y vida. Dos bandos.
"(...) es facilísimo idealizar a un muerto, porque nunca te va a decepcionar. (...) Del muerto es fácil hablar y confiar en él, es alguien que se adapta a tu necesidad, a tu añoranza, y se va moldeando hasta que es justo como tú deseas; a mí me pasó con mi padre, por eso sé tantas cosas sobre los muertos."
Os invito a leer, releer, descubrir, si es el caso, a Jenn Díaz (Barcelona, 1988). Vale mucho la pena. Y no es un decir... 


lunes, 17 de marzo de 2014

'La nariz', de Nikolái Gógol

 
La amiga bloguera Marybel Galaaz comenzaba su reseña de Todas las mujeres, de Guy de Maupassant, con esta sentencia, "Sabido es que Guy de Maupassant fue un loco".  Una gran verdad. Pero no ha sido, no es Maupasssant una excepción; la lista de escritores afectados por alguna enfermedad o trastorno mental  es tan extensa que se ha acabado por identificar de algún modo locura y creatividad. Muy creativos y algo locos fueron admirables autores como Poe, Lovecraft, Alejandra Pizarnik, Virgina Woolf, Marcel Proust, Shelley, Silvia Plath, Hemingway y tanto otros. Y entre estos grandes locos se halla también Nikolái Gógol, nuestro genio-loco protagonista de hoy.
 
Nikolái Vasílievich Gógol nació en Poltava, Rusia, en 1809 y falleció en Moscú a la edad de cuarenta y dos años como consecuencia de una infección intestinal derivada de las alucinaciones que le llevaron a rechazar cualquier tipo de alimento. Nikolái Gógol, el creador de la novela rusa.
 
El relato que os acerco hoy, La nariz, forma parte de un libro de mayor extensión, Historias de San Petersburgo, integrado por relatos que el autor situó en esta ciudad en la que vivió durante apenas un año. En La nariz se aglutinan muchas de las características de su prosa, cuya cumbre alcanzó con la novela Almas muertas. Es La nariz una narración humorística, satírica, fantástica y con un punto surrealista, pura ficción para acercarnos a su realidad, la que percibió en San Petersburgo durante su estancia: una sociedad ceñida a convencionalismos sociales y atiborrada de burócratas vanidosos. 
"El 25 de marzo tuvo lugar en San Petersburgo un insólito suceso. Un barbero de la avenida Voznesenki, Iván Yákovlevich- se desconoce su apellido, el cual se había borrado y nadie se había molestado en volver a grabar sobre el rótulo del señor con la mejilla enjabonada y la leyenda 'También se hacen sangrías'-, el barbero Iván Yákovlevich, decía, se despertó bastante temprano y percibió el olor a pan caliente. Al incorporarse ligeramente en la cama, comprobó que su esposa, una dama bastante respetable a la que le encantaba beber café, sacaba del horno en ese preciso instante el pan recién horneado."

De este modo, con el aroma del pan recién salido del horno, da comienzo la historia en la que  no una nariz cualquiera sino la del mayor Kovaliov cobrará especial e inusitado protagonismo.  Desde ese 25 de marzo hasta el 7 de abril seremos testigos de la huida y andanzas de la nariz y de las peripecias y angustias del mayor que llegará  casi a la desesperación al ver cómo su nariz tiene vida propia, incluso vida social, y cómo llega a usurpar un cargo muy respetable, y lo que es más,  superior en relevancia al del propio Kovaliov. 
 
El relato se lee con una permanente sonrisa, alguna carcajada, y creciente interés por conocer los derroteros por los que nos llevará Kovaliov y su nariz. Y es que, como lectores, también formamos parte de la fantástica historia y la hacemos real durante las setenta y siete páginas. Además, en la edición de la editorial Gadir el texto, como veis, viene acompañado, muy bien acompañado diría,  por las ilustraciones de Esther Saura Múzquiz que complementan estupendamente la lectura.
 
Quienes de vosotros conocéis ya  la prosa de Gógol disfrutaréis mucho con este genial relato, sin duda. Y aquellos que todavía no habéis leído nada del autor tenéis en La nariz una estupenda oportunidad de acercaros a su obra.
"- Perdóneme, no alcanzo a comprender qué pretende decirme... Explíquese... (...)
-  Bueno, yo... yo, por otra parte, soy mayor. Ando sin nariz y convendrá usted que esto es un indecencia. (...)"     

   

lunes, 10 de marzo de 2014

'Las dos señoras Abbott', de D. E. Stevenson


Después de haber leído El libro de la señorita Buncle y El matrimonio de la señorita Buncle se hacía inevitable la lectura del tercer y último título de la serie. La intención era, a decir verdad, leer Las dos señoras Abbott en inglés- no sabía cuándo lo publicaría Alba y tenía muchas ganas de ponerme con él-  pero un pequeño incidente- el lamentable extravío de una bolsa conteniendo esta novela, publicada por Persephone, y otra de Nancy Mitford que casi me lleva a la desesperación- me hizo desistir. Por suerte, Alba no tardó mucho con la publicación. Agradecida les quedo.
 
Comencé Las dos señoras Abbott una tranquila tarde, mientras tomaba un té estrenando mi nuevo tea set Royal Albert- precioso aunque esté mal que sea yo quien lo diga- y con un espíritu sosegado, que Robert Walser denominaría "romántico-extravagante" (El paseo). La lectura no podía haber encajado mejor con este ambiente, este ánimo y esta predisposición al disfrute.
 
Corre el año 1942 y volvemos a encontrarnos con la querida Barbara Buncle, que sigue viviendo  en Wandlebury con su marido, el tranquilo Arthur. Ahora es madre de dos encantadores hijos, Simon y Fay, que llenan su vida de ternura, picardía e inocencia a partes iguales. La vida de los cinco, no nos olvidemos de la anciana Dorcas- Dorkie, le dicen los niños- transcurre apaciblemente aunque de fondo, muy de fondo resuena la II Guerra Mundial. A excepción de una breve escena en el frente- allí se encuentra luchando Sam,  el sobrino de Arthur y esposo de Jerry Abbott, y que ya conocemos de El matrimonio de la señora Buncle- y de una familia escapada de un Londres bombardeado, la guerra y su dolor es apenas imperceptible en las páginas de Las dos señoras Abbott. Se hace evidente que D. E Stevenson asumiría sin dificultad las palabras de Jane Austen
"Que otras plumas se ocupen de la culpa y las desgracias." 

El protagonismo, sin embargo y a diferencia de las dos novelas anteriores, no recae en Barbara de modo directo. De las dos Abbott, Jerry y su entorno adquieren una mayor relevancia. Aún así, Las dos señoras Abbott es una obra eminentemente coral en la que la autora va oscilando su foco sobre unos y otros, y sus varios asuntos

Con Barbara, Arthur, Jerry, Archie Chevis Cobbe- hermano de Jerry que ha evolucionado y madurado muy satisfactoriamente-, Lancreste- enamorado hijo de los Marvell-, algunos militares del regimiento alojado en casa de Jerry gracias a su generosidad, y otros personajes que se van uniendo- una joven y desorientada escritora de novela romántica, un querido personaje de la historia original en Silverstream,...-compartiremos reuniones de té y pastas, aunque estas un tanto escasas por las restricciones de la guerra,  amenas charlas, enredos y equívocos, amoríos varios, mercadillo benéfico en la plaza del pueblo, algún sustillo, paseos a caballo y más charla y té. Todos juntos configuran un afable grupo humano, buena gente con la que no cuesta el más mínimo esfuerzo encariñarse. 

Y una vez concluido el libro se cierra con pena- no sin una caricia de agradecimiento por los buenos momentos- y deseando que no hubiese terminado, con cierta sensación de no-plenitud, de ansias de más. Pero la historia, esta ligera y amable historia, es lo que es y dura lo que dura y con una sonrisa, eso sí con una sonrisa se ha de volver a la realidad. Una lástima tener que despedirse de estos personajes para siempre pero, como al parecer algunos de ellos aparecen en otras obras de la autora, será inevitable el encuentro en algún otro momento. Porque mi experiencia con D. E. Stevenson no acabará aquí.
 
Es gran verdad es lo que dice el filósofo y ensayista alemán Rüdiger Safranski,
"Aspirar directamente a la felicidad es de bobos, puesto que a la felicidad no se le acierta cuando la tenemos en el punto de mira. La felicidad es un epifenómeno. Algo hay que llevar a cabo que a uno le colme, amar a una persona o a alguna cosa, para que el epifenómeno conduzca a una sensación de felicidad. La felicidad no se consigue aposta." 
Pero de igual modo es verdad que en ocasiones resulta muy fácil lograr esos momentos de felicidad, y con bien poco. Un libro, por ejemplo.

lunes, 3 de marzo de 2014

'El amante', de Marguerite Duras


" (...) devastado. (...) Tengo un rostro lacerado por arrugas secas, la piel resquebrajada. No se ha desecho como algunos rostros de rasgos más finos, ha conservado los mismos contornos pero la materia está destruida. Tengo un rostro destruido."
Marguerite Duras (Indochina, 1914- París, tal día como hoy de 1996) a sus setenta años y tras salir de una intensa cura contra sus problemas con el alcohol recupera en El amante un recuerdo de  adolescencia, su iniciación en el sexo, en la madurez: el encuentro en el transbordador del Meckong y la posterior relación con su amante, un rico comerciante chino de veintiséis años. Ella tenía "quince y medio". Indochina, lugar en el que transcurre la historia es un país en donde "no hay primaveras, no hay renovación" y en el que la protagonista, y su amante también en cierto modo,  se asfixia física y emocionalmente.
 
Pero ese recuerdo, lleno de sensualidad y erotismo, no es más que el epicentro en torno al que, como en una vertiginosa espiral, se ven atrapadas otras memorias, las evocaciones de la tensa relación con su familia: su madre, su hermano mayor y su hermano pequeño- nunca se mencionan sus nombres sino que se alude a ellos por la relación de parentesco que les une-; su hermano mayor, violento y  cruel -el Cazador-, su hermano pequeño siempre a su sombra y lleno de miedo, y una madre desequilibrada, que manifiesta abiertamente su preferencia por el hijo mayor y que despierta en su hija sentimientos encontrados que oscilan entre el amor y el odio.

"qué asco, mi madre, mi amor."  

Amor. Quizá el título de la novela pudiera hacer presagiar una tendencia temática, pero el odio y la muerte están tanto o más presentes que el amor. La muerte quizá sea finalmente la más recurrida y recurrente. El sustantivo muerte, que cierra precisamente la novela, el adjetivo mortal, el adverbio mortalmente y las distintas conjugaciones del verbo morir llegan a repetirse en más de ochenta ocasiones. La muerte de los hermanos, la muerte de la madre, la muerte del hijo al nacer,... la muerte física en distintos momentos de su vida. Pero también la muerte del alma, esa desidia de vivir, ese abandono... 
 

La relación con la muerte es en El amante más clara, digamos, más honesta que la que se establece con el amor. La autora no sabe...
"Ahora la madre y los dos hermanos están muertos. También para los recuerdos es demasiado tarde. Ahora ya no los quiero. No sé si los quise."
ni se permite...
"Lo hizo sin dejar ver una lagrima porque él era chino y esa clase de amantes no debía ser motivo de llanto."
Hay en ella una constante indecisión, una permanente duda.

En el recuerdo de su relación con su amante, Duras se desdobla: por un lado, el yo consciente, el yo del resto de la narración, de la evocación; por otro lado, una tercera persona, "la niña blanca", "la pequeña con sombrero de fieltro", "la putilla blanca",... que mantiene a cierta distancia, como extrañándola. Pero las dos, ella y yo son la misma personalidad compleja. Inocente. Pero ya no.  Porque la niña Lolita está al tanto de las miradas, de los deseos que despierta, de su atractivo, y finge ser y cree ser.
 
Nuestros recuerdos, aunque los creamos muy vívidos, son versiones- normalmente mejoradas- de nosotros mismos, que damos a los demás. Los recuerdos son tan solo una selección de recuerdos para optimizar nuestra propia imagen. Duras es una experta en trabajar con esos recuerdos. Gran parte de su obra gira en torno a los mismos temas: su vida, su familia.


"La historia de mi vida no existe. Eso no existe. Nunca hay centro. Ni camino, ni línea."
Su historia es en realidad varias historias, varios libros en los que se ha ido reinventando a sí misma. Y en El amante noveliza parte de esos recuerdos-el grado de realidad o ficción no es sustancial aquí-  de manera magnífica, en párrafos cortos, frases breves de gran intensidad, saltando de un tiempo a otro, de un recuerdo a otro para volver más tarde al primero,... Y lo hace buscando la palabra precisa, dolorosa, pretendiendo quizá con la escritura exorcizar sus propios monstruos o aferrarse acaso a la vida...
"(..) tengo vagamente ganas de morir. Ya no vuelvo a separar esa palabra de mi vida. (...) Escribiré libros."   
El amante es una obra magistral que deja el poso denso y fuerte de la gran literatura, de la buena literatura y que, a pesar de sus pocas páginas, ha de ser leído a ritmo lento y en silencio, quizá releído para aprehender la sutileza de lo que no se dice, de aquello a lo que apenas se alude, de lo que se evoca entre líneas, de lo agazapado.

 

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