miércoles, 20 de mayo de 2015

1 mes de libros: mayo. Preparando la maleta de vacaciones (1)...

Hacía tanto tiempo que no publicaba una entrada de 1 mes de libros que, bueno, por darme un capricho y volver a los viejos tiempos os presento mis últimas adquisiciones. El verano se acerca y hay que ir preparando ya la maleta de libros para las vacaciones.

A ver qué os parece esta primera "remesa"...


























¿Hay quizá alguno que os tiente particularmente? ¿Habéis leído alguno? ¿Alguna recomendación?...

lunes, 18 de mayo de 2015

'Hace mucho tiempo', de Margaret Kennedy

Además del reto que hay activo en el blog, y que podéis curiosear AQUÍ, con una selección de obras publicadas antes de 1850 (en este caso escritoras exclusivamente), también he comenzado otro nuevo reto personal. Se trata en esta ocasión de intentar sacar a la luz, visibilizar- dentro de las limitados posibilidades de este pequeño blog- a algunas autoras en lengua inglesa- principalmente de la primera mitad del siglo XX, pero también alguna anterior- que sean desconocidas o al menos poco conocidas aquí por no hallarse sus obras traducidas al castellano o descatalogadas. Hace un par de semanas publicaba la reseña de The Man in Lower Ten, de Mary Roberts Rinehart (1876-1958), la Agatha Christie americana, y hoy le toca el turno a una escritora inglesa, Margaret Kennedy (1896-1967), autora, entre otras, de The Constant Nymph- éxito llevado al cine y al teatro en varias ocasiones- Lucy Carmichael, o Troy Chimneys- novela histórica que recibió el James Tait Black Memorial Prize.
 
La novela de Margaret Kennedy que hoy traigo hasta aquí es A long Time ago (Hace mucho tiempo) publicada en 1932 y uno de sus últimos éxitos. He tenido la suerte de toparme casualmente con una vieja edición en perfecto estado del editor José Janés, de 1948, con su tapa dura, sus cosidos, su pequeño tamaño de fácil manejo... Eso sí, a tenor del tamaño de la letra, se hace evidente que las generaciones anteriores gozaban de mejor vista de la que tenemos la actual. Sea como sea, es una edición muy bonita, aunque Hace mucho tiempo se merece una reimpresión, con una traducción actualizada y a ser posible con ilustraciones que recreen el idílico ambiente en el que se desarrolla la historia: un viejo castillo en Irlanda, en una isla rodeada por un lago, en el verano de 1903. Pero empecemos por el principio...
 
Todo comienza cuando Elissa Koebel, famosa prima donna, publica sus memorias, La historia de mi vida. Los miembros de la familia Napier no dan crédito: unos quieren silenciar el libro; otros no saben bien qué hacer; Hope, que está en casa de su madre de visita, siente curiosidad por ese capítulo titulado Verano en Irlanda, que de seguro hará referencia a esas vacaciones, que ella también recuerda, inocentemente pues apenas era una niña, en el castillo en Irlanda cuando Elissa Koebel entró en sus vidas. Se llevará, como veremos, alguna sorpresa...
 
Conoceremos la visión que de ese verano tiene la dama del bel canto a través de ese capítulo, Verano en Irlanda, que se reproduce íntegramente. En él descubriremos, además de su carácter ególatra, algo melodramático, su sensualidad y desinhibición sexual, y su espíritu bohemio, su apasionado affair con uno de los integrantes del grupo de vacaciones. De ahí la preocupación de los Napier, que saben que se refiere a su affair con Dick, el fallecido marido de Ellen y padre de Hope. Kerran es enviado a casa de su hermana, Ellen, para ver cómo está esta afrontando el drama. Por fortuna, Ellen está ajena a todo esto, al libro y las preocupaciones de la familia, y sigue con sus trabajos en el jardín y sus rutinas cotidianas. Es tras la conversación mantenida entre Kerran y Hope, con puntos de vista bien diferentes sobre ese verano, cuando retrocedemos en el tiempo, a ese verano hace mucho tiempo, treinta años atrás.

El grupo de vacaciones en el castillo lo forman los hermanos Napier: Louisa, con su marido Gordon y sus hijos; Barney, con su esposa Maude; Ellen, con su marido Dick y sus hijos; Kerran, solo tras un desengaño amoroso; Guy Fletcher, colega de Gordon en la universidad de Oxford y único invitado no perteneciente a la familia; y Elissa Koebel, que se ha unido al grupo por casualidad y propia iniciativa. Todos caen cautivados por la arrolladora personalidad y belleza de la Koebel, a excepción de Kerran, Barney y Guy, que parecen no haber sucumbido a los efectos del hechizo. El contraste entre la eduardiana familia inglesa y el espíritu bohemia de Elisa se hace evidente. Por otra parte, Louisa, caprichosa y manipuladora, que vive su verano como una aventura de novela rusa, ve posible un entendimiento entre Guy y Elisa. Pero las cosas parece que no salen como ella desea.
 
Las cartas que Kerran conserva de aquel verano y que permite leer a Hope, dirigidas por cada uno de los miembros de la comitiva a la ausente señora Annesley, madre y abuela del clan familiar, mostrarán nuevas perspectivas, variadas y dispares, de lo acontecido y que sacarán a la luz aspectos nuevos del carácter de cada uno de los remitentes.
 
Pero, ¿quién está en posesión de la verdad? ¿Quién de ellos ha logrado aprehender la totalidad de la sucedido? Todos y ninguno, al mismo tiempo. La visión de cada uno de ellos son parte de esa realidad segmentada, partes que no siempre son sumativas o complementarias. Son la misma realidad percibida desde distintos puntos de vista cargados de subjetividad; lo que actualmente, a raíz de la película de Akira Kurosawa del mismo nombre, se da en llamar el efecto Rashomon.
 
Hace mucho tiempo es una lectura ligera por momentos- Muffy, la vieja niñera  pone en muchos casos esa nota de humor e ironía- pero, al mismo tiempo, y como novela psicológica que es, merece una lectura más profunda y sosegada. Dentro de ese entorno idílico el discurrir de los pensamientos de cada uno de ellos, sus comportamientos y las misivas nos advierten de las complejidades de las relaciones personales, familiares y de pareja, de las frustraciones y malentendidos derivados de nuestras expectativas sobre los demás.
 
No hay en Hace mucho tiempo  ni buenos ni malos, no corremos el riesgo de encontrarnos con un trato maniqueísta de los personajes. Aquí son personajes muy reales, casi de carne y hueso, con los que es inevitable empatizar... y simpatizar. Es un placer formar parte de este grupo humano, observando a cada uno mientras reman por el lago en su pequeño bote, o en sus picnics por la isla, en sus baños para calmar el asfixiante calor, o en las sesiones de tertulia, té, piano y canto. Aprenderemos que las cosas no son lo que parecen, que tienen más prismas de los que imaginamos y que resulta imposible separar  nuestra percepción de la vida de la subjetividad que inintencionadamente se nos cuela.
 
 

miércoles, 13 de mayo de 2015

'Las cuatro Gracias', de D. E. Stevenson

 
Tras las lecturas de El libro de la señorita Buncle, El matrimonio de la señorita Buncle y Las dos señoras Abbot, tenía claro que no podía dejar de leer el final de esta serie de D. E. Stevenson, Las cuatro Gracias, como así ha sido. (Podéis leer la reseña de cada una de las anteriores picando sobre el título). Aunque, como digo, es esta la cuarta y última entrega de la serie, los que no han leído las anteriores pueden perfectamente leer Las cuatro Gracias pues, a pesar de que al inicio se mencionan personajes ya conocidos, rápidamente, en un par de páginas, la novela pasa a centrarse exclusivamente en los protagonistas de esta, el vicario y sus cuatro hijas, las Gracias del título.  
 
En Las cuatro Gracias, volvemos otra vez a la campiña inglesa, el entorno en el que la autora desarrolla estas historias que inició con Miss Buncle, regresamos al día a día de un pueblo pequeño, con sus cotilleos, amoríos, quehaceres y pequeñas adversidades que suelen poder resolverse siempre con una buena taza de té.  
 
Mr. Grace vive en la vicaría- tarde o temprano haré alguna entrada sobre el papel de las vicarías en la novela inglesa- del pequeño pueblecito,  Chevis Green, cercano a Wandlebury, con sus cuatro hijas: Liz, Sal, Tilly y Addie. Una de ellas, Addie, sin embargo, se encuentra ahora en Londres trabajando en el cuerpo auxiliar de la aviación británica y apenas aparece en la novela por lo que es la que menor protagonismo tiene y por tanto, la más desdibujadaSal y Tilly, por otra lado, dulces, reservadas, pasan la mayor parte del tiempo cuidando la casa; Sal es además, serena y sensible,  y Tilly, la organista, particularmente tímida. Liz, la mayor, se caracteriza por su amor por la vida al aire libre- trabaja en una granja-, su incansable vitalidad y su fresca naturalidad al llamar a las cosas por su nombre, sin rodeos ni ambages. Forman las cuatro, junto con su viudo padre, un unido y feliz cuadro familiar.
 
Están las cuatro hermanas en edad casadera por lo que la llegada de un joven, Roderick Herd, que parece no decidirse entre una hermana y la otra, y un amigo del vicario, el  callado William Single, que viene a estudiar y hacer unas excavaciones en un antiguo asentamiento romano cercano y se aloja una temporada con ellos, marcarán la trama sentimental y el romance que se desarrolla entre su paginas. Pero llegará también, para romper esta apacible vida campestre, la entrometida tía Rona, que pretenderá imponer sus modos y maneras y provocará cierta incomodidad en el seno familiar y, además,  algún pequeño malentendido. 
 
La época en la que se sitúa la historia de los Grace es la que corresponde a la Segunda Guerra Mundial. La vida en Chevis Green parece seguir su ritmo aunque las cartillas de racionamiento y la escasez de algunos alimentos está a la orden del día. Escapando de la guerra y los bombardeos de Londres, llegan al pueblo la tía Rona y un pequeño que protagonizará una sub-trama de la novela. Y al final del libro la guerra afectará también a otro nuevo miembro de la familia. Pero eso ya es otra historia...
 
O debería ser otra historia. Y es que da la impresión de que D. E. Stevenson pretendía una continuación con los devenires de las cuatro Gracias o con dos de ellas al menos, las que quedan todavía por colocar y que merecerían su momento y su oportunidad. Tilly, por ejemplo, la atractivvoz con la que se inicia la historia y a través de la que nos adentramos en Chevis Green y su mundo, queda un tanto relegada. Sea como sea, no hubo tal continuación y es por ello, quizá, por esa falta de un cierre redondo, por ese cambio de punto de apoyo, que la novela deja al final cierta sensación de desequilibrio y truncamiento. Bien es verdad que la lectura que nos ha llevado hasta este final ha sido una deliciosa y placentera experiencia.  
 
Por eso, si te gusta pasear por la campiña inglesa, visitar pequeños pueblecitos con encanto, viajar a una época ya desaparecida para siempre y observar tranquilamente y sin sobresaltos la vida de los amables vecinos, sus amoríos y asuntos cotidianos, desde una posición de privilegio, con sentido del humor y una buena taza de té en la mano, Las cuatro Gracias está escrita para ti.
 
 
 

lunes, 11 de mayo de 2015

'The Man in Lower Ten', de Mary Roberts Rinehart

Mary Roberts Rinehart- conocida como la Agatha Christie americana a pesar de que su primera novela de misterio, esta que os traigo hoy hasta  aquí, se publicase catorce años antes de El misterioso caso de Styles, la primera de la escritora británica- nació en Pensilvania en 1876 y murió en la ciudad de Nueva York en 1958. Aunque sus obras más reconocidas sean las adscritas al género policíaco, Rinehart no se limitó a este tipo de historias sino que sus escritos incluyen también novelas cortas de temática variada, poemas, ensayos, obras de teatro, libros de viajes,... Fue incluso corresponsal de guerra para el The Saturday Evening Post durante la Gran Guerra.

The Man in Lower Ten, que podría traducirse en castellano El hombre de la litera diez (dejando a un lado el matiz de que 'lower' implica que la litera era de las de abajo) fue, como digo, su primera novela policíaca- se publicó en 1906- y un gran éxito, aunque su primer gran bestseller sería The Circular Staircase, publicada dos años después. Éxito muy bien venido pues, entre otras razones, Mary Roberts se inició en la escritura por los apuros económicos que estaba sufriendo la familia, al perder todos sus ahorros en la caída de la bolsa de 1903.
 
El hombre de la litera diez es una novela absorbente desde el principio hasta el final.  Un final, eso sí, un poco endeble y que es quizá el punto más flojo de la novela. Pero como digo, es una historia que capta la atención del lector desde las primeras páginas por el enrevesado argumento con numerosos giros y por, además, el humor de su narrador protagonista.
 
Lawrence Blakely es un abogado que lleva en su poder, en su preciado maletín, unos importantes documentos que servirán como prueba para incriminar a un peligroso delincuente. En el tren se producirá el robo de los documentos y él será casi testigo y, para su desgracia, sospechoso de un asesinato. La confusión entre las literas, cambios de identidades y el siniestro en el tren con fatales consecuencias para la mayoría de sus pasajeros supondrán el inicio de este misterio y de la investigación. Pero en el tren, además del crimen, se producirá el encuentro del protagonista con una misteriosa dama de vestido azul que dará mucho juego en la historia... y en el corazón de Lawrence.

Mary Roberts Rinehart
Lawrence Blakely resulta, sin lugar a duda, un narrador muy atractivo, no solo por ese humor que ya he mencionado, sino por su combinación de chispa, candidez, algo de ironía  y buen corazón. Un buen tipo. 
"I am unmarried, and just old enough to dance with the grown-up little sisters of the girls I used to know. I am fond of outdoors, prefer horses to the aforesaid grown-up little sisters, am without sentiment and completely ruled and frequently routed by my housekeeper, an elderly widow"

("Estoy soltero, y soy joven todavía para bailar con las hermanas pequeñas de mis amigas de la infancia. Soy aficionado a las actividades al aire libre, prefiero los caballos a las mencionadas hermanas pequeñas, no tengo ataduras sentimentales y vivo completamente gobernado y con frecuencia tiranizado por mi ama de llaves, una viuda ya mayor.")

El contrapunto a este carácter suyo lo pondrá en numerosas ocasiones su buen amigo y socio en el bufete, McKnight, menos ingenuo, en cierto modo, y un poco más cínico.

Vagón Pullman de la época
La investigación que debe librar a Blakely de la acusación de asesinato y llevar al hallazgo de los documentos, se torna para Lawrence en algo más personal, y sentimental, con el paso del tiempo y las revelaciones que va haciendo. Los frecuentes cambios de escenario que su investigación hace necesarios aceleran la historia, que tiene un ritmo vertiginoso, y llevan a la introducción de numerosos personajes que van configurando la trama y sub-tramas de esta historia.
 
Otros atractivos indudables de El hombre de la litera diez, vienen a ser la ambientación, el poder pasear y sumergirnos en  el Washington  de los primeros años del siglo pasado (con su clasismo y racismo también), así como viajar y pernoctar en los famosos Pullman, los lujosos vagones de largo recorrido usados en la época por la clase adinerada. 
 
Como veis- viajes en tren, robo, asesinato, chantaje, romance, humor...- esta primera y entretenida novela de Mary Roberts Rinehart no tiene desperdicio. Desgraciadamente solo está disponible en inglés hasta que alguna editorial española se anime a su traducción. Pero, si queréis leer algo de Mary Roberts Rinehart en castellano, os recomiendo la mencionada La escalera de caracol, publicada por Alberto Santos Editor.  
 

 

lunes, 4 de mayo de 2015

'Maximilien Heller', de Henry Cauvain



Los estudiosos de Conan Doyle y de su obra mencionan con frecuencia el nombre de Joseph Bell. Era el doctor Bell un reputado médico, considerado uno de los pioneros de la ciencia forense, y profesor universitario del que Conan Doyle fue alumno y con el que trabajó posteriormente como ayudante en la Enfermería Real de Edimburgo. Pero no es por su labor médica y docente por la que se le recuerda en las biografías y estudios de Conan Doyle sino por ser el inspirador del célebre personaje de Sherlock Holmes. Bell, que ayudó en varias ocasiones a Scotland Yard en sus investigaciones, se caracterizaba por una mente observadora y analítica y por el uso de la ciencia deductiva, de la que hacía con frecuencia alarde ante sus alumnos universitarios.

Joseph Bell (1837-1911)
Tenemos, por tanto, en el doctor Bell un personaje real como modelo para la construcción del inolvidable detective. Pero, existe también, sin embargo, una segunda figura, en este caso literaria, que anticipa a Sherlock Holmes y en la que se hace evidente que Conan Doyle se basó al diseñar al protagonista de sus historias más célebres y que le han hecho inmortal. Nos referimos, por supuesto, a Maximilien Heller, de Henry Cauvain

El francés Henry Cauvain (París, 1847-Lausanne, 1899), fue, además de periodista, abogado y alto funcionario de Hacienda, el autor de más de quince obras, entre melodramas y novelas de misterio y policíacas. Cuando contaba 24 años publicó su primera y más exitosa novela, Maximilien Heller. Era el año 1870, diecisiete años antes, por lo tanto, de la aparición de Estudio en escarlata, el primero de los libros protagonizados por el célebre detective inglés Sherlock Holmes.

Carácter huraño, solitario, de inteligencia superior, mente deductiva, con frecuentes alternancias entre momentos de laxitud y otros de euforia e hiperactividad, que consume drogas en esos lapsus de inactividad, con un amigo médico,... ¿Heller o Holmes? ¿Holmes o Heller? Las similitudes entre ambos son palpables y el parecido no deja lugar a dudas pero, más allá de esto, más allá del interés por ir descubriéndo las coincidencias a lo largo de la lectura, la novela de Cauvain merece ser leída por méritos propios.
"Conocí al señor Maximilien Heller el tres de enero del año 1845, a las ocho de la tarde."
Henry Cauvain
El banquero Brétah-Lenoir ha aparecido muerto en su cama, muerte al parecer causada por envenenamiento con arsénico, y ha desaparecido, además, una sustanciosa cantidad de dinero de su vivienda. Jean-Louis Guérin, que lleva trabajando para él como criado desde hace apenas ocho días, es acusado del asesinato. La policía, satisfecha con la detención, da el caso por resuelto. No así Heller, que cree al pobre Guérin, quien grita una y otra vez su inocencia. Se inicia entonces la investigación, a la que Heller se ve animado en mayor medida por el deseo de descubrir la verdad y tener ocupada su mente que por una afán altruista de hacer el bien.

La narración se divide en tres partes bien diferenciadas. En la primera, narrada por el doctor amigo de Heller, cuyo nombre no se menciona, se nos presenta a Maximilien, los hechos acaecidos, y comienza la investigación. Entrarán en escena, además, el hermano de la víctima y un extraño personaje, el doctor Wickson, venido de la India y que debe su popularidad a métodos poco científicos. 

La segunda parte, sin embargo, será narrada desde la perspectiva del propio Heller a través de las cartas que envía a su amigo. Heller, dando muestra de su arte del disfraz, ha acompañado a su sospechoso para poder demostar su culpabilidad. El tono de esta segunda parte, a diferencia del de la anterior, tiene tintes góticos, con castillo oscuro y en un paraje apartado, cadáveres enterrados, personajes que sufren catalepsia,..., y guarda un parecido razonable con El sabueso de los Baskerville, de Conan Doyle como no, con peligroso animal incluido.

Es en el epílogo-un añadido, al parecer, a instancias del editor- en donde Maximilien Heller se desmarca del espíritu de las novelas de Sherlock Holmes al permitirse el autor cierto sentimentalismodotando a Heller de una humanidad que a Holmes nunca le fue permitida.

Os invito a leer Maximilien Heller. Dejando atrás las similitudes y coincidencias con Sherlock Holmes, la novela de Cauvain posee calidad literaria y entidad propias, con una trama bien construida y desarrollada, el retrato de un tiempo-1845, la Monarquía de Julio- y, sí, también con la construcción de un personaje como Maximilien Heller que, lamentablemente, solo pudo brillar en esta única aventura. El testigo lo tomó, como vemos, Conan Doyle...

Ah, y para terminar, agradecer a Heller, además de esta aventura vivida, la mención de una de sus lecturas, Viaje alrededor de mi habitación, de Xavier de Maistre. Estaba el libro en casa , algo olvidado, pero esta semana ya he iniciado el viaje...



domingo, 26 de abril de 2015

'Confesiones de una heredera con demasiado tiempo libre', de Belén Barroso

 

Las confesiones de una heredera con demasiado tiempo libre que dan título al libro vienen a ser un compendio de las treinta y cuatro misivas que la protagonista dirige a su Querida Edwina. Este formato epistolar, utilizado por Jane Austen en Lady Susan y por otros autores ya clásicos como Francis Burney (Evelina), Pierre Choderlos de Laclos (Las amistades peligrosas) o Constance de Salm (Veinticuatro horas en la vida de una mujer sensible), resulta particularmente atractivo y centra la perspectiva de la historia en un único punto de vista, el de la redactora de las cartas. Es evidente que solo a través de la autora de las confesiones podremos conocer a los demás personajes y ser testigos de las diversas situaciones que se van sucediendo. Pero muy pronto conoce el lector de qué pie cojea la heredera.

La novela nos traslada a la época de la Regencia y nos adentra en un ambiente de clasa alta, en la campiña, que evoca clara e intencionadamente el entorno en el que se desarrollan las novelas de la admirada Jane Austen. En este sentido la novela no pretende retratar con rigor histórico una época, sino evocar la ambientación recreada anteriormente por otra escritora de ficción. La aparición en el texto, por tanto, de un par de anacronismos- la referencia al cartero, cuya figura no existía a esas alturas del siglo XIX en el campo o la extension de las cartas, como si fuese a encarecer su envío cuando era el destinatario no el remitente el que pagaba el servicio en aquella época, o la mención al monstruo del lago Ness con la imagen que popularizarían las presuntas fotografías de R. K. Wilson más tarde en 1934- estos anacronismos, digo, no tienen en el tono general de la novela la menor relevancia.

La protagonista-narradora de la historia, Lady Hawthornetone Wiiliamsmith, es una joven de dieciocho años, en edad casadera por tanto, con pretensiones y claras inclinaciones, respaldadas por la familia, a que el feliz acontecimiento de su boda se produzca lo antes posible. Vive con su peculiar familia en Paisley Manors rodeada de un sin fin de servicio atento a todas y cada una de sus numerosas necesidades. Las visitas, la liturgia del té, los bailes, cotilleos y la búsqueda de un futuro marido son la esencia de su lánguida existencia que, aunque con momentos de mortal paz, vive con alegría y cierta trascendencia. La hija del vicario vendrá afortunadamente, para ambas, a paliar en gran medida esta ociosidad dando a nuestra heredera, cual austeniana Emma Woodhouse, la excusa perfecta para convertirse en experta asesora en moda, literatura y relaciones y modos sociales. Así, entre su nueva labor de mecenas, los bailes de la nueva temporada social de Langfalls Upon Avon, la rivalidad con su "queridísima amiga Agnes" y los pretendientes varios que van surgiendo, con mayor o menor éxito, el tiempo va pasando de manera más ocupada y dando oportunidad al romance.

Confesiones de una heredera con demasiado tiempo libre quiere ser, en propias palabras de la autora, un homenaje (parodia diría yo) a Jane Austen y su mundo. Es evidente esta intento de cercanía a la obra austeniana en la ambientación, como decimos, la trama y los frecuentes guiños que se encuentran a las ya mencionadas Lady Susan o Emma, a Sentido y sensibilidad (cierto personaje, por ejemplo, con claras reminiscencias a Willoughby), a Orgullo y prejuicio (alguna mala primera impresión y malentendidos entre nuestra heredera y uno de los caballeros de la historia), a La abadía de Northanger (carácter ingenuo del personaje con una mente calenturienta inflamada con perniciosas lecturas),... además de las citas que inician cada uno de los capítulos/misivas. En cuanto al estilo no existe similitud alguna, ni intención de que así fuese, pues las autoras tienen modos de narrar bien diferenciados.

Humor, ironía, sarcasmo son la base sobre la que la autora ha construido su novela. Y este humor apenas deja sitio para nada más. Este humor del absurdo, que recuerda, por ejemplo, al de Jack Trevor Story en Pero, ¿quién mató a Harry? o al de Jardiel Poncela en las parodias de Sherlock Holmes, no deja posibilidad alguna a la verosimilitud o a la empatía con los personajes, que no acaban de tener entidad, y acaba convirtidos en arquetipos exagerados y al servicio del ingenio, por otra parte innegable, de la autora. Cada uno condimenta la ensalada como más le place. La autora lo ha hecho a su manera, cargándola de humor. A pesar de su disfrute, yo hubiese preferido ingredientes más variados, pero  eso, ya se sabe, es cuestión de gustos. 

Belén Barroso ha pretendido crear una obra ligera con vocación de entretener y lo ha conseguido. Su novela es un ameno divertimento que ofrece una lectura agradable y divertida envuelta, además, en una preciosa edición con ilustraciones de estilo vintage


jueves, 23 de abril de 2015

Día del libro. Grupo Tarro-libros 2015. "Porque somos lo que leemos..."



Porque somos los que leemos, los miembros del Grupo Tarro-libros hoy, Día del Libro, somos... 

(Picad sobre cada imagen y sabréis quién se esconde tras ellas)


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“Siempre imaginé que el Paraíso sería una especie de biblioteca."

Jorge Luis Borges

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"Desde que descubrí los libros y las bibliotecas, para mí, cada día del año es Navidad"
Jean Fritz
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“He buscado por todas partes el sosiego y no lo he encontrado sino en un rincón apartado, con un libro en las manos." 
Tomás Kempis

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"Creo que parte de mi amor a la vida se lo debo a mi amor a los libros" 
Adolfo Bioy Casares 
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"Leer y entender es algo; leer y sentir es mucho; leer y pensar es cuanto se puede desear"
Autor anónimo
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"Literatura es mi Utopía. No hay barrera de sentidos que me pueda quitar este placer.Los libros me hablan sin impedimentos de ninguna clase"
Helen Keller
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"Un libro, como un viaje, comienza con inquietud y se termina con melancolía.” 
José Vasconcelos
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"Un libro debe ser como un rompehielos que penetre en los mares congelados de nuestras almas"
Franz Kafka 
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“Los libros son como los amigos, no siempre el mejor es el que más nos gusta.” 
Jacinto Benavente
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"No es posible vivir sin libros"
Thomas Jefferson
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"Cuanto más crece nuestro conocimiento de los buenos libros, tanto más disminuye el círculo de los hombres cuya compañía nos resulta ingrata" 
Ludwig Feuerbach
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"Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro"

Emily Dickinson

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"Allí donde se queman los libros, se acaba por quemar a los hombres"
Heinrich Heine
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"El regalo de un libro, además de un obsequio es un delicado elogio"
Autor anónimo
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"Adquirir el hábito de la lectura y rodearnos de buenos libros es construirnos un refugio moral que nos protege de casi todas las miserias de la vida"
 Somerset Maugham
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"Solo obtienes algo de los libros si eres capaz de poner algo tuyo en lo que estás leyendo"
Sándor Márai 
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"La lectura de un buen libro es un diálogo incesante en el que el libro habla y el alma contesta"
André Maurois

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"Los libros me enseñaron a pensar, y el pensamiento me hizo libre"
Ricardo León
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"Hay libros cortos que, para entenderlos como se merecen, se necesita toda una vida muy larga"
Francisco de Quevedo
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"El recuerdo que deja un libro a veces es más importante que el libro mismo"

Gustavo Adolfo Bécquer

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"Sentarse tranquilamente bajo la luz de una lámpara con un libro abierto entre las manos, y conversar íntimamente con los hombres de otras generaciones, es un placer que traspasa los límites de lo imaginable"
Elizabeth Barrett Browning


Desde el Grupo Tarro-libros os deseamos...


¡¡¡FELIZ DÍA DEL LIBRO!!!



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