lunes, 15 de diciembre de 2014

'Rompecabezas', de Laura Rivas Arranz


Decía el escritor francés Jean Paul, "El recuerdo es el único paraíso del que no podemos ser expulsados". Bien es verdad que puede darse que, en vez de un edén del que no deseamos salir, sea un infierno del que no logramos escapar...

Rompecabezas, la novela de Laura Rivas Arranz que hoy os traigo hasta aquí, está construida entre recuerdos, ni paradisíacos ni infernales, tan solo los recuerdos que evocan las abundantes fotografías que Aurora guarda en una caja de cartón. Muchas de esas fotografías son del abuelo Hugo. Al abrir esa especie de caja de Pandora el tiempo se ralentiza, casi se detiene. Ese día, gris y lluvioso, su décimo octavo cumpleaños, Aurora siente el tedio y la soledad del vacío de su cuarto, pero las fotografías que va encontrando le unen irremediablemente en la distancia a Sergio, su primo y amigo,
"Sergio está en su habitación. Su pensamiento y sentidos, como casi siempre, los atrapa un libro."
y a Sofía, amiga de los dos.
"Nació con cierta predisposición a la melancolía que los relatos de su abuela, repletos de defunciones, se ocuparon de fomentar."
A estos tres personajes, cuyas emociones y pensamientos irán alternativamente desvelándose, se suma además Julio, hermano mayor de Aurora y eterno opositor, que se encuentra en el cuarto contiguo intentando estudiar, siempre y cuando su mente divagadora se lo permite.

Divagar, recordar, lamentar, esperar,...

Aurora, Sergio y Sofía serán los protagonistas de las reminiscencias colegiales que las instantáneas traen a la luz, desde la infancia hasta la adolescencia, en un centro religioso. Pertenecen los tres al grupo de los casi invisibles, de los excluidos, de los burlados,...

Pero ahora, en ese décimo octavo cumpleaños, a las puertas de la universidad, en el momento en el que sus vidas van a dar un giro, los recuerdos afloran. Quizá para decirles adiós. Quizá para justificar el anodino y fracasado presente. Aurora parece comprender que una nueva vida se abre ante ella y la afronta con optimismo; Sofía busca en ellos justificación para su incierto futuro; Sergio se sumerge aún más en sus libros para tan solo dar de vez en cuando una bocanada a la realidad. Son lo que son, pasado y presente. Ahora les toca dejar eso atrás y seguir adelante sin mirar. 
"El abuelo Hugo había sentido la necesidad de inmortalizar todo; de atrapar momentos y forzarlos a ser inolvidables."
Acaso haya llegado para Aurora, Sergio, Sofía y Julio el momento de relegar al olvido, de empezar de nuevo, de afrontar el futuro con coraje y energía... si pueden.

Rompecabezas es una novela breve, apenas 107 páginas, aparentemente sencilla pero que hace dar al lector más de una vuelta, romperse la cabeza, cuestionando el valor del pasado, su huella. O, al menos, esta ha sido mi interpretación de la lectura. Porque puede que seamos en ocasiones víctimas pero somos en otras muchas, verdugos de nosotros mismos... 

El lector, guiado por un narrador omnisciente que se adentra por momentos en las mentes de los protagonistas o permanece más distante y objetivo en su visión del pasado, se desliza por la prosa de Laura Rivas Arranz como sobre una pista de hielo, suavemente, sin sobresaltos. No es necesario impulsarse, uno se desplaza casi sin darse cuenta, silenciosamente, hasta el final. Esta elegancia y sutileza ya la había disfrutado con la lectura de algunos de sus relatos en su blog Desde el bosque. Vuelve a demostrar en Rompecabezas su calidad y buen hacer que, si deseais, podéis también disfrutar vosotros; la novela se puede descargar gratuitamente en la página de la editorial Literanda.


lunes, 8 de diciembre de 2014

'En el café de la juventud perdida', de Patrick Modiano


En el café de la juventud perdida, mi primera lectura del reciente Premio Nobel de Literatura, Patrick Modiano, es un libro peculiar, no tan solo por su planteamiento sino también por su casi inexistente trama. La estructura a cuatro voces ofrece al lector una visión poliédrica de la joven Louki y su historia. Pero no es Louki la única protagonista; el otro gran protagonista es el París de los años 60, de la bohemia, de los cafés y las tertulias, de los jóvenes a la búsqueda de un asidero, de un 'punto fijo' al que agarrarse para no ser uno más en esa corriente anónima que pasa sin dejar huella y sin encontrar un sentido a ese fluir. Un París a media luz, con sombras. Muchas sombras.

Y es que esa juventud perdida del título tiene una doble interpretación, que la lectura subraya. Por un lado, esa juventud perdida hace referencia a la evocada como un pasado irrecuperable. Pero, del mismo modo, esa juventud perdida lo es en cuanto que, en su propio presente, se halla desubicada y no acaba de encontrarse. Así, esa búsqueda de la identidad, de un punto de referencia, se convierte en elemento esencial en esta historia y es, al parecer, tema recurrente en la obra de Modiano.
"De las dos entradas del café, siempre prefería la más estrecha, la que llamaban la puerta de la sombra. Escogía la misma mesa, al fondo del local, que era pequeño. Al principio, no hablaba con nadie; luego ya conocía a los parroquianos de Le Condè, la mayoría de los cuales tenía nuestra edad, entre los diecinueve y los veinticino años, diría yo. En ocasiones se sentaba en las mesas de ellos, pero, las más de las veces, seguía siendo adicta a su sitio, al fondo del todo."
Con este comienzo, conocemos a Louki, aunque este no sea su verdadero nombre, en el Café Condè a donde va refugiándose de no se sabe bien qué. Esta voz narrativa inicial junto con las demás- tres masculinas y la de la propia Louki- nos irán acercando, cada una desde una perspectiva distinta, a esta figura enigmática cuyos misterios iremos poco a poco desvelando.


En la búsqueda de identidad que realiza ahora el lector, la de Louki, paralela a la que de sí mismos hacen los propios personajes, la historia va perdiendo el tono melancólico, casi nostálgico, del inicio para tornarse amarga. Quizá en la evolución hacia esa amargura que va tiñendo la historia, el lector pueda tener la sensación de que algo le falta, que algún eslabón se ha perdido. Puede que Modiano se haya alejado demasiado del Café Condè, que inadvertidamente se haya perdido ese vínculo, ese punto de referencia, y que el lector acabe por perderse, al igual que los personajes, por las sombrías calles de París.
"(...) si toda aquella época sigue aún viva en mi recuerdo se debe a las preguntas que quedaron sin respuesta."
Pero acaso sea por esto mismo, porque no hay respuesta, o tal vez porque hay demasiadas, por lo que, una vez concluido el libro, el Café Condè y Louki siguen por largo tiempo en la memoria del lector.

En el café de la juventud perdida es un libro bello, exquisito, desde un punto de vista estilístico. La prosa de Modiano es cadenciosa, musical, lenta y envolvente y en ella la soledad existencial de los personajes, ese gran vacío, la pesada carga de sus vidas, su deambular, van marcando el ritmo. Y, aunque puede que en algún momento decaiga un tanto el interés por la trama en sí, el lector sigue hipnóticamente la lectura hasta el inevitable final.
"Hay una calle, algo más arriba, donde me gustaría volver en alguna ocasión. (...) Allá arriba, la calle acababa en pleno cielo, como si condujese al borde de un precipicio. Caminaba con esa sensación de liviandad que, a veces, sentimos en sueños. Ya no le tenemos miedo a nada, todos los peligros son irrisorios. Si las cosas se ponen feas de verdad, basta con despertarse. Somos invencibles. Caminaba impaciente por llegar al final, allá donde no había más que el azul del cielo y el vacío. ¡Qué dicha flotar en el aire y saber por fin cómo era esa sensación de ingravidez que llevaba toda la vida buscando! Me acuerdo con una claridad tan grande de aquella mañana, y de aquella calle y del cielo, al final de todo..."
Seguiremos conociendo a Modiano...


(Gracias a Rustis y Mustis por los interesantes retos que están organizando en su blog y que están siendo el empujón que necesitaba para decidirme a conocer a, por ejemplo, Philip Roth hace nada y ahora a Patrick Modiano. Gracias también a Club 1001 Lectores por proponer para noviembre la lectura de esta novela de Modiano.)


lunes, 1 de diciembre de 2014

'La sonrisa de la Gioconda', de Aldous Huxley


La sonrisa de la Gioconda (The Gioconda smile), es un relato que encabeza la serie de piezas breves que bajo el título La envoltura humana Aldous Huxley publicó en 1922, un gran éxito que siguió al obtenido el año anterior con su primera novela Los escándalos de Crome.

La vida de Aldous Huxley, que fue de todo menos aburrida y sedentaria, le llevó de aquí para allá en múltiples viajes hasta los EE.UU. y hasta Hollywood en concreto, en donde adaptó al cine la obra teatral basada en este relato. El resultado fue una película de 1948 dirigida por Zoldan Korda, protagonizada por Charles Boyer  y con el título de Venganza de mujer (A woman's vengeance).

En este relato La sonrisa de la Gioconda, se aprecia ya, en el desarrollo de los personajes y en la trama, el trabajo del gran escritor que fue Aldous Huxley. Aquí la impenetrabilidad de la enigmática sonrisa de la Gioconda simboliza lo inescrutable de las emociones y sentimientos ajenos e incluso, en algunos casos, de los propios.


El señor Hutton, vanidoso y despreocupado Don Juan, amante de la lectura, la buena vida y las mujeres, es el protagonista de una historia que cuenta además con otros tres personajes en escena, tres mujeres: la señora Hutton, la enferma esposa  del anterior, la señorita Janet Spence, amiga del matrimonio, y Doris, la joven y entregada amante del señor Hutton. Entres estos cuatro personajes, y con el señor Hutton como epicentro, giran sentimientos y anhelos varios, aspiraciones y sueños, los celos...
"Él no había conocido el dolor de amar sin esperanza, pero ahora le tocaba experimentar el dolor de ser amado."
Es el punto de vista del señor Hutton a través del que conocemos a los personajes y los acontecimientos que se van sucediendo y es bien sabido que un único punto de vista puede acabar dándonos una visión un tanto sesgada o incompleta de los otros y sus motivaciones y de la situación que, por ejemplo en este caso, se deriva del luctuoso hecho que convulsiona sus vidas.

La propuesta de hoy, La sonrisa de la Gioconda, se dirige principalmente a aquellos de vosotros que deseéis pasar un rato agradable con la lectura de un intrigante relato, ameno e inteligente y a quienes queráis leer algo más, y conocer los primeros escritos, del autor de Un mundo feliz. El libro de Navona, además, tiene una elegante edición, como ya viene siendo habitual en esta editorial, e incluye un completo y revelador epílogo de José Ángel Juanes, Acerca de Aldous Huxley.

Aldous Huxley (1894-1963)

lunes, 24 de noviembre de 2014

'El Leviatán', de Joseph Roth


¡Cuánta belleza se puede encerrar en una pieza breve de apenas ochenta páginas! ¡Cuánta!

Joseph Roth, uno de los grandes talentos del siglo XX, querido amigo de otro grande, Stefan Zweig, y judío que debió exiliarse a Francia, nos acerca en El Leviatán la historia de otro judío, comerciante de corales en Progrody, Rusia.  (Ya os mencioné a este personaje en la reseña de 'Némesis', de Philip Roth)
"En la pequeña cuidad de Progrody vivía en otro tiempo un comerciante de corales, conocido en toda la región por su honradez y la excelente y fiable calidad de sus géneros."
Además de su honestidad, Piczernik era un hombre muy especial. Aunque nadie lo sospechaba. Amaba los corales, a los que creía dotados de vida propia, como a los hijos que nunca tuvo, sentía nostalgia del mar, se imaginaba al Leviatán en el fondo primitivo de las aguas cuidando sus corales... Pero nadie conocía sus más íntimos sueños. Vivía su pasión en secreto.

Una tentación llegó a su tranquila vida, de la cada vez se sentía más descontento, de la mano del  marinero Komrover, al que Piczernik acompaña sin tregua en su estancia de permiso en Progrody y al que atosiga con incesantes preguntas sobre el mar, los barcos, el fondo marino, los vientos, las mareas,... Su hasta ahora escondida pasión se va revelando y adueñando de él y el comerciante, cual adicto, se entrega, se deja arrastrar. Y, siguiendo con el símil necesita cada vez más y más poder satisfacer su ansia de saber, de conocer, de ver. Sus costumbres religiosas, su vida familiar y su comportamiento en la tienda se ven resentidos. Comienza la caída de Piczernik hacia esa profundidad marina en donde se esconde el Leviatán, ese mítico monstruo marino cuidador de los corales pero también, en términos religiosos, reencarnación del propio Satanás.

Joseph Roth (1894-1939)
Pero aún se presenta otra tentación, en esta ocasión en forma de comerciante húngaro. Jenö Lakatos se asienta en Suchky, pueblo cercano a Progrody, abre una tienda y muestra ser una fuerte competencia para Piczernik. Lakatos también vende como él corales pero a un precio muy inferior al de los del comerciante judío; los corales de Lakatos no son auténticos sino hechos de celuloide. Y la tentación se vuelve codicia y, ya que la clientela se ha visto seriamente mermada, Piczernik como compensación decide mezclar los corales falsos con los corales auténticos, la pasión a la que ha entregado su vida.

Piczernik ha engañado a sus clientes y se ha traicionado a sí mismo y a sus corales. Y si uno se traiciona a sí mismo, ¿qué le queda? ¿Qué le queda al una vez honesto, respetado y querido Piczernik?
  
El Leviatán es una parábola moralizante de lectura imprescindible que nos habla, en un lenguaje sencillo, sincero,  honesto- como lo fue el propio comerciante- de eso mismo, de la honestidad, y de la lealtad a uno mismo, y de la traición a los viejos valores. Joseph Roth construye un relsato de suma belleza, con un mensaje tanto o más actual hoy que ayer, que merece una lectura lenta e intensa para lograr captar todos los matices y sutilezas de esta gran historia.  



lunes, 17 de noviembre de 2014

'Una pena en observación' de C. S. Lewis


"Alzo los ojos al cielo de la noche. Es de todo punto evidente que si me fuese permitido rebuscar en toda esa infinidad de espacios y tiempos, nunca volvería a  encontrar en ninguna parte el rostro de ella, ni su voz, ni su tacto. Murió. Está muerta. ¿Es que se trata de una palabra tan difícil de comprender?"
La muerte de su esposa, Helen Joy Davidman Gresham, en 1960 dejó al escritor británico Clive Staples Lewis sumido en un profundo dolor. C. S. Lewis, afamado crítico y conferenciante, poeta y autor de las novelas de fantasía agrupada bajo el título Las siete crónicas de Narnia, conoció a Helen Joy Davidman tras el intercambio de correspondencia que se inició por la gran admiración que ella- poeta americana- le profesaba. El encuentro de ambos, lleno de afinidades y empatía, llevó a la amistad y finalmente a una relación que Lewis tardó más que Helen en identificar como amor. La enfermedad de ella, sin embargo, hizo reaccionar al escritor al darse cuenta de lo mucho que le dolería el perderla. En 1956 se celebró el matrimonio religioso- ya habían realizado un matrimonio civil pero tan solo por cuestiones de permanencia de ella y sus hijos ( Helen estaba divorciada) en Inglaterra. Tan solo cuatro años después ella moría.

En Una pena en observación (A grief observed, traducido al español por Carmen Martín Gaite en esta edición de Anagrama) C. S. Lewis analiza y reflexiona sobre los diversos estadíos y fases por la que pasan sus sentimientos por la muerte de H.: el miedo al vacío y la soledad tras su ausencia, la desidia y la apatía que acompaña, la agonía del sufrimiento, la crisis espiritual en la que se sumerge buscando respuesta  sobre la certeza respecto a la continuidad de la vida, la negación y el enfado, la necesidad imperiosa de recordar, de dolerse, de hacer que el que ya no está esté presente en la ausencia... 

"Estábamos partiendo hacia diferentes rutas."

Somos testigos con él de cómo el paso del tiempo acrecienta el vértigo de la desaparición del recuerdo de la H. real para ser reemplazado por la imagen que él mismo crea. Y cómo el castillo de la fe, que tan sólido y estable parecía, se ve sacudido por la muerte y se ve reducido a un castillo de naipes que se desmorona.  La soledad y el sinsentido lo invade todo, la realidad parece irreconocible sin ella, y ante él se presenta ahora un Dios enigmático cuya voluntad no logra comprender. Se hace necesario el tiempo para intentar ir recomponiendo, reconstruyendo el desastre.   

C. S. Lewis se abre a sí mismo y a sus lectores e indaga y profundiza en su alma, en el lento proceso de su tristeza, en sus sentimientos y en sus creencias, y con sus reflexiones íntimas- sentimiento e intelecto- da las pautas al lector para poder comprender sus propias vivencias y experiencias ante la profunda desdicha de la pérdida, la agonía de la ausencia, el dolor del hasta luego.


 "Éramos uña y carne. O, si lo preferís, un solo barco. El motor de proa se fue al garete. Y el motorcito de reserva, que soy yo, tiene que ir traqueteando a duras penas hasta tocar puerto o, mejor dicho, hasta que se acabe el viaje." 

El motor de reserva traqueteó apenas dos años más, hasta su fallecimiento en 1963.  


lunes, 10 de noviembre de 2014

'El dandi', de Georgette Heyer


Comenzaré confesando que lo que me atrajo inicialmente de esta novela fue el cuadro Flirtation, de Henry Guillard Glindoni, en la portada; me parece encantador y nos traslada, como gran parte de la obra de este artista, a otra época, a un pasado sobre el que Guillard vierte una mirada amable, idealizada y bienintencionada.

Casi nada sabía previamente sobre la autora o sobre sus novelas, tan solo su adscripción al género romántico con la peculiaridad de situar sus historias en la época de la Regencia. Tenía, eso sí, ciertos prejuicios- la novela romántica se aleje considerablemente de las lecturas que frecuento- e intuía, sin haber leído ninguna, demasiada carga de amor edulcorado, cierta ñoñería y un texto de escasa o nula calidad literaria. Pero la lectura de El dandi ha logrado dar al traste con estas erróneas presuposicionesSin ser una obra maestra, El dandi cumple más que dignamente su cometido y se lee de muy buen grado.


Nos trasladamos gracias a la ágil pluma de Georgette Heyer a la Inglaterra de la Regencia. Richard Wyndham, famoso dandi londinense, galante caballero de cerca de treinta años y conocido por el nudo de foulard que lleva su nombre, vive su existencia de soltero en la ociosidad propia de su clase, el desdén que le producen ciertos modos sociales y la admiración que rodea su elegante persona. Su atractivo personal es indudable, y a él ha de añadirse su más que próspera situación económica.

Tanto su hermana como su madre le instan reiteradamente a sentar la cabeza y contraer matrimonio con Melanie Braddonlas dos familiar llevan años dando por supuesto esta conveniente unión. Pero en el camino de Wyndhan se cruza o, mejor decir, se le cae literalmente del cielo la joven y rica huérfana Penélope Creed, que huye de otro compromiso muy beneficioso para su tía pero no tanto para ella.


A partir de aquí nos desplazaremos desde Londres, en diligencia, tílburi, calesa o lo que sea menester por la campiña inglesa, ella huyendo de su tía,  y él, con el pretexto de proteger a una jovencita sola, escapando de su compromiso con la señorita Braddon.

En su aventura, compartirán posada con algún bribonzuelo, vivirán las cuitas de amor do otra pareja, encontrarán un collar robado, mentirán sobre sus identidades, toparán con un cadáver... Las aventuras y malentendidos se sucederán uno tras otro en una lectura muy amena y entretenida al aire libre, con ingeniosos diálogos, enredos varios y una pareja que, sin empalagosos amoríos, irá consolidando una amistad y camaradería que, eso sí, bien sabemos como acabará, ¿verdad?

George Bryan "Beau" Brummell
El atractivo de los dos personajes principales- la joven sociable y comunicativa y el elegante y más mundano caballero- junto con el ágil ritmo de los acontecimientos, la divertida historia de enredos, el humor- provocado principalmente por la ironía del caballero o por la ingenuidad de la dama o por ambas características combinadas y contrastadas-, y la buena recreación de la época con la aparición, por ejemplo, de algún personaje real como George Bryan Brummell, amigo de Richard Wyndham en la historia y célebre dandi de la época, hacen de El dandi un encantador divertimento ligero y muy ameno.

(Añado, pasado ya cierto tiempo desde la lectura de esta novela y la redacción de la reseña que aquí tenéis, que, llevada por el buen sabor de boca que me dejó esta agradable lectura, me animé con otra obra de esta misma autora, 'Arabella'. El resultado fue bien distinto. Imposible acabarla.)

lunes, 3 de noviembre de 2014

'Zaragoza', de Benito Pérez Galdós


"La virgen del Pilar dice
que no quiere ser francesa..."

A finales de 1808 volvemos a toparnos con Gabriel de Araceli. Ha logrado escapar, junto con otros, del cautiverio de los franceses. Zaragoza es ahora el lugar; el momento, el sitio y cerco al que están sometiendo la ciudad las tropas napoleónicas. 

Si los lectores de los Episodios Nacionales anteriores- TrafalgarLa Corte de Carlos IV, El 19 de marzo y el 2 de mayoBailén y Napoleón en Chamartín- ya hemos podido disfrutar de la habilidad narrativa, del ingenio y del buen hacer de don Benito, en 'Zaragoza' su categoría como escritor alcanza altísimas cuotas de calidad.

Es verdad que no hay aquí mucho espacio para el divertimento, para el ocio, para los diálogos jocosos o el desarrollo de variopintos personajes. Es verdad. Galdós hace madurar a Gabriel- ya no es el Gabrielillo de antaño sino 'señor de Araceli' como le llaman los Montoria- y las escaramuzas, escarceos y duras y sangrientas batallas son el centro narrativo de la obra. Pero ¡qué despliegue de tensión, de capacidad descriptiva, de amenidad, de emoción puede llegar a desplegarse en pleno campo de batalla!

"Se sentía mucho frío,  y los más tiritábamos. 
Alguien pudiera haber creído que era de miedo;
pero no, era de frío, y quien dijese lo contrario, 
miente."

Nos concede Galdós, de todos modos, algún descanso con refrigerio para seguir adelante en las figuras, por ejemplo, de D. José de Montoria y Candiola, personajes de caracteres bien opuestos y encarnizados enemigos, o con los amores trágicos- no podía ser de otro modo en este ambiente de lucha y muerte- de Agustín, hijo de Montoria, y Mariquilla, hija de  Candiola. Nada sabremos aquí, por cierto, -Zaragoza es una especie de paréntesis en este sentido- de las cuitas amorosas de Gabriel que, es de esperar, sean retomadas en posteriores  episodios.

Zaragoza es un alegato a la bravura aragonesa, al valiente y arrojado carácter de los españoles, unidos frente al enemigo, pero también un alegato contra la guerra, la desalmada guerra que acaba matando hombres inocentes a ambos lados de la contienda.

La historia es la base, aquí más que nunca, sobre la que Galdós construye este episodio, pero salpicándola de algunas situaciones y personajes de ficción que, de algún modo, aligeran la dureza de este trágico momento histórico.

"... que quiere ser capitana
 de la tropa aragonesa."

Sigo leyendo, como veis, estos Episodios Nacionales en la edición facsímil de JdeJ editores, con las reglas ortográficas de la época y las ilustraciones supervisadas en su momento por el propio escritor. Como tengo el ordenador estropeado y estoy escribiendo la reseña en la tablet no he podido subir fotografías de esta bonita edición. Durante la semana procuraré subir aquí un par de ellas, la de la torre inclinada, por ejemplo, o el retrato de Candiola o la imagen de la valiente Manuela Sancho liderando a los hombres en la batalla.

EDITADO.  He subido al fin algunas de las imágenes prometidas Espero que os gusten...


lunes, 27 de octubre de 2014

'Némesis', de Philip Roth


"El primer caso de polio de aquel verano se produjo a comienzos de junio, poco después del Día de los Caídos, en un barrio italiano pobre que estaba en el otro extremo de la población donde nosotros vivíamos."

Así comienza mi primer libro de Philip Roth y el que, según propias palabras del autor, será su última obra. Con recelo, con dudas y cierta desconfianza comencé, he de reconocer, la lectura de Némesis. El recelo y las dudas que, en mi caso, produce el desconocimiento de un autor al que se mira desde la distancia traicionada por ciertos prejuicios que no se sabe exactamente de donde provienen. Pero, o es que estaban estos prejuicios poco arraigados o es que la buena literatura es increíblemente poderosa, porque apenas diez páginas después estaban olvidados ya, entregada como me encontraba, a la lectura de esta estupenda novela.

Némesis se titula. Némesis, la diosa justiciera que equilibra la fortuna y el infortunio de los hombres, que azota con alguna desgracia a los humanos dominados por la soberbia. Némesis, castigo. Buen título.

Philip Roth ha escrito una novela sobre la culpa y el remordimiento, el perdón y la muerte. Y para ello se ha valido de un trágico hecho acontecido en su ciudad natal: la epidemia de polio que castigó Newark en 1944.  Si todas la enfermedades epidémicas, las pestes que caen como azotes no se sabe bien de dónde ni por qué, son de difícil comprensión y asimilación, dejando a la población sumida en la desesperanza y el desamparo, una enfermedad que ataca principalmente a niños y muchachos se siente todavía más brutal e inconcebible. La polio, en aquellos tiempos anteriores a la vacuna que la ha extinguido prácticamente, significaba sufrimiento, dolor, fiebre, parálisis, pulmones de acero y, en el peor de los casos, la muerte.

Y Bucky Cantor es el protagonista de esta historia. Bucky, que se ha criado sin madre ni padre bajo los atentos cuidado de sus abuelos maternos, que le han educado en la religión de sus antepasados y en la convicción de que en la vida hay que hacer lo que corresponde y cumplir con el deber en cada momento. Bucky,  profesor de educación física en la escuela de Chancellor Avenue y director de la escuela de verano. Bucky, criado en un barrio pobre y enamorado de Marcia, su novia, de familia adinerada e hija de un médico de prestigio. Bucky, que se avergüenza de ir de civil y no haber podido ir al frente como sus amigos Dave y Jake por sus problemas de vista; Bucky, el deportista, el hombre seguro y sereno, admirado por todos sus alumnos, el hermano mayor. Bucky, que tenía ese verano 23 años.

Y en ese verano de 1944, bajo el calor abrasador de un sol inmisericorde, el pánico, el histerismo empieza a hacer mella. El germen del temor llega al barrio judío antes incluso que el de la polio que, finalmente, acaba por enfermar y matar a algunos alumnos de Bucky.

A pesar de las ruegos de su novia, que se encuentra en un campamento como monitora, para que acepte ocupar una plaza vacante como entrenador de deportes acuáticos y se vaya con ella, Bucky siente que debe quedarse, que es su deber. Pero ese alto sentido de la responsabilidad que su abuelo le había inculcado se desmorona y decide irse al campamento, a Indian Hill, el paraíso, y dejar atrás el infierno de Newark, un infierno de dolor, enfermedad y muerte.

Bucky recuerda aquí a Nissen Piczenik, personaje central de El Leviatán de, por cierto, otro Roth, en este caso Joseph Roth. Bucky, como el viejo Nissen, acaba por traicionarse a sí mismo. Y traiciona además a su difunto abuelo, sus ideales, y buscando aire fresco, salud, tranquilidad y una existencia en paz y bajo control, alejada del dolor y el sufrimiento, del pánico y el temor acaba por perder "una conciencia con la que pudiera vivir."


En este primer acto  de Némesis se nos presenta la situación, el planteamiento de la historia. En los dos siguientes se desarrollarán el nudo y el magnífico desenlace final y se plasmará el verdadero sentido de la obra, el análisis y estudio, como decía, de la culpa, agravada, como se verá, por un suceso que no mencionaré aquí para no estropear l a sorpresa a los posibles lectores.

La culpa es una emoción inmovilizante. Si la polio inmoviliza y paraliza el cuerpo, la culpa y el remordimiento encierran al individuo en un círculo cerrado del que cada vez le resulta más difícil salir y le anclan al pasado. Bucky parece poder escapar de la polio, alejarse de ese Dios cruel que permite la matanza de niños y de su indignación hacia él.
"En cuanto a Dios, resultaba fácil tener un alto concepto de él en un paraíso como Indian Hill. Las cosas eran distintas en Newark, como lo eran en Europa o en el Pacífico, en el verano de 1944."
Pero quizá le resultará más difícil escapar de ese sentimiento de culpa y lograr encontrar el perdón, su propio perdón. O quizá su destino ya estaba trazado de antemano. Pero entonces, si fuese así, la culpa no tendría ya sentido. Como decía Nietzsche,
"Únicamente porque el hombre se tiene por libre, no porque sea libre, siente el arrepentimiento y el remordimiento."
Némesis es una novela perfecta en su estructura, en la dualidad de las voces narrativas, en el planteamiento y el desarrollo de la trama con un suspense in crescendo. Es además una obra de lenguaje sencillo, que no facilón, con un estilo inicialmente casi periodístico pero que va poco a poco tornándose más literario. Es una obra profunda, como las pasiones humanas. Poco más puedo añadir ya. La novela de Philip Roth me ha emocionado y conmovido profundamente.

"(El abuelo) alentaba al muchacho a que se defendiera como hombre y como judío, y a que comprendiera que sus batallas nunca terminan y que, en la implacable escaramuza que es la vida, 'cuando tienes que pagar el precio, lo pagas'."

lunes, 20 de octubre de 2014

'Ethan Frome', de Edith Wharton


Como ya comenté en alguna ocasión, sigo en mi afán por conocer toda la obra de Edith Wharton. En esta ocasión, le ha tocado el turno a Ethan Frome, el relato, o novela, o nouvelle-la clasificación del texto en este sentido es complicada- que en palabras de la propia autora le proporcionó durante su redacción "the greatest joy and the fullest ease" ("el mayor placer y las más total libertad"). Publicado en 1911, Ethan Frome representa el sexto libro de Wharton y no es, por tanto, el trabajo de una aprendiz pero sí el primero y casi el único- Estío es otra de las excepciones-en el que se aleja de los ambientes de la alta sociedad que frecuentan sus obras.

La historia se sitúa en el imaginario Starkfield (Massachusetts). El escenario de Nueva Inglaterra le era bien conocido ya que fue su hogar- alternándolo con la casa de París- y el de su marido- Edwards Robins Wharton- desde 1903, tras la construcción de la magnífica casa de campo The Mount, hasta 1913, año en el que el matrimonio se divorcia y la mansión es puesta a la venta. La imagen que pretende dar la autora de la vida en el campo se aleja intencionadamente de las escenas bucólicas creadas por sus contemporáneos; lo que a Wharton le interesa es reflejar el lado más oscuro y sombrío de esas vidas alienadas, escondidas tras los gruesos muros de las aisladas granjas, lo que ella denomina en el artículo  Introduction to Ethan Frome, los "depósitos de granito".

Y construye Ethan Frome, novela de gran intensidad y dureza.

El personaje de Ethan Frome no es presentado por un anónimo narrador, un viajero que llega a Starkfield por motivos de trabajo. Frome es un hombre de cincuenta y dos años, pobre, lúgubre, taciturno, "una ruina de hombre", "con una cojera que le frenaba los pasos como el tirón de una cadena". Ethan Frome está en verdad atado a una cadena y es prisionero de Starkfield, de la vida y de sus circunstancias.
"(...) su soledad no era simplemente el resultado de su situación personal, aunque  se suponía que era muy trágica, sino que encerraba (...) el intenso frío acumulado de muchos inviernos de Starkfield."

Tan impresionado queda el narrador por la desgraciada y torturada imagen de Frome que busca datos sobre la que intuye su trágica historia. Harmon Gow y la señora Hale le darán alguna información, que junto a una visita que el narrador realiza a la propia casa de Frome, le permitirán reconstruir la historia iniciada una generación anterior. Este flashback, que comienza en el capítulo II será contado ya no en la primera persona del narrador inicial, sino por un más limitado narrador en tercera persona. La primera persona no se retomará hasta el clímax final, o anti-clímax, de la novela.

Hay criaturas como Ethan Frome para quienes la vida parece haber diseñado un cruel destino. Descubrimos en ese flashback que después de años de cuidar a sus difuntos padres, Ethan se encuentra atrapado en un matrimonio sin afecto en el que de nuevo- su esposa Zeeana (o Zenobia) está permanentemente débil y enferma- él ha de volver a ser el soporte, el punto de apoyo. Con la llegada a la granja de Mattie, prima de Zeena, para ayudarla con las tareas, la vida de Frome experimenta un cambio se experimenta, todo parece recobrar una nueva luz, un nuevo sentido.

Sin embargo, los deseos y sueños parecen haberse desvanecido y, cuando el narrador del inicio lo conoce, Frome es apenas un guiñapo destruido y desesperanzado. La esperanza se ha ido o la ha dejado escapar o se ha quedado tal vez anclada para siempre.

Edith Wharton ( 1862-1937)
Algunos críticos han pretendido encontrar coincidencias entre la historia de Ethan Frome y la de la propia Wharton. Entre 1906 y 1909, casada con el dependiente Teddy doce años mayor que ella, Edith Wharton estuvo viviendo un affair con el periodista americano Morgan Fullerton, lo que le lleva a algunos estudiosos a identificarlos con la Zeena y Mattie de la historia de Nueva Inglaterra. Esta interpretación de perspectiva autobiográfico no tiene en cuenta, sin embargo, un dato de importancia: la historia de Ethan Frome ya se había fraguado diez años antes. Cuando Wharton estaba viviendo en París, en torno a 1900, decidió perfeccionar su francés con un profesor particular, que en una de las clases le pidió un ejercicio de lengua. Wharton decidió entonces escribir una historia; y así dio su primeros pasos el que la autora llamaba "el Ethan galo", dato que desmiente el carácter autobiográfico del libro.  En un pequeño texto publicado en septiembre de 1932 The writing of Ethan Frome, sobre la construcción de esta historia, Wharton daba por perdido el cuaderno en el que había redactado los inicios de la historia. Por fortuna, el Black Book ha sobrevivido y se encuentra, con otros papeles de Edith Wharton, en la Biblioteca de la Universidad de Yale.

El debate moral que suscita la lectura de Ethan Frome enfrenta la dicotomía entre el deber, la obligación, y el corazón, la pasión, entro lo que se debe hacer- o se cree que se debe hacer o socialmente el individuo se ve obligado a hacer- y lo que se desea en lo más íntimo. Ethan Frome se ha movido dentro de una moral convencional en un pequeño pueblo rural de ritmo lento que ha inclinado decisivamente la balanza y le ha impedido tomar ciertas decisiones para modificar su vida. Puede que la sabiduría sea la capacidad para ser feliz. Siendo así, podemos decir que Ethan Frome no ha sido lo suficientemente inteligente para atreverse a ser feliz. En parte su tortura emana del irremediable arrepentimiento, no solo por los errores cometidos sino por lo que ha dejado de hacer. 
 
Cuando huir es la única posibilidad, quedarse es el infierno.
"No veo que haya mucha diferencia entre los Frome de la granja y los Frome del cementerio; salvo que los que están enterrados están en paz (...)." *
Como en la mayoría de las novelas de Wharton, el final de Ethan Frome depara una sorpresa, un secreto que redimensiona toda la historia. Ethan Frome es una novela, ya os imagináis, que os recomiendo para leer y reflexionar y repensar.

lunes, 13 de octubre de 2014

'Las praderas del cielo', de John Steinbeck


El placer de esta lectura- mi tercera de John Steinbeck después de leer The pearl y The red pony- se lo he de agradecer a Icíar por invitarme a formar parte del grupo Café literario, lo que permitió tomar parte en la propuesta de lectura conjunta en el grupo. ¡Gracias!

Tanto el título del libro como la introducción del primer capítulo sobre el asentamiento de los primeros colonos en el valle hacen intuir un acercamiento a un Edén terrenal en California; el valle Corral de Tierra es el lugar, real, en el que se desarrolla la historia, el paisaje de la tierra natal de Steinbeck. Pero a medida que se va adentrando en la lectura más que descubrir las praderas del Cielo la impresión es la de ir penetrando en los pequeños- o no tanto- infiernos personales de cada uno de los habitantes o familias de ese Edén.

En cada historia se destapa un lado oscuro, un temor, la locura, una traición, el miedo a fantasmas personales, una frustración, un sueño incumplido, una obsesión,... Lo que acabamos conociendo, si le damos tiempo, no es la bucólica vida en un valle idílico sino la desintegración de esa comunidad.
 
Lo que puede llevar, tal vez, a una interpretación errónea- diferente al menos- es el lenguaje tierno, en modo alguno enjuiciador ni acusador con el que Steinbeck trata a cada uno de los personajes y situaciones. No hay culpable humano al que acusar. La llegada de los Munroe a la abandonada granja Battle despierta la "serpiente" de todo paraíso, el mal.
"Tal vez resulte que aparezcan pequeñas maldiciones arrastrándose por las praderas cuando menos lo pensemos".
John Steinbeck (1902-1968)
Ahí está el culpable, la maldición. A partir de su llegada, los Munroe estarán presentes y tomarán parte, aunque no de modo activo o  intencionado, en las pequeñas desgracias y contratiempos de cada uno de los personajes. El mal disfrazado de estrecha moralidad, de incomprensión ante un modo de vida diferente, de falta de empatía hacia el diferente, de falsedad y mentira, de autosatisfacción en el dolor,... se esconden en los infortunios de algunos; las frustraciones propias de la vida, el azar, el desencanto urden otras.

Tal vez visto desde arriba, como lo ven los viajeros desde arriba, desde la carretera, en el capítulo final, el valle y sus granjas diseminadas puedan aparentar un paraíso, pero Steinbeck enfoca de cerca y saca a la luz lo que Edith Wharton llamaba "los depósitos de granito" haciendo patente la imposibilidad del hombre para crear paraísos terrenales. Cuando uno de esos viajeros, no casualmente un sacerdote, está admirando el valle y exclama ante una idílica vida en él, "Nada de pobreza, ni dolores ni cuitas" el lector ya más sabio ahora, sabe que tristemente ese Edén, ese Paraíso no existe. 

Las praderas del cielo no es un libro de relatos inconexos sino una novela con episodios interralacionados y con el nexo común de la vida en el valle y los Munroe. El libro es de lectura ágil y muy agradable, con un estilo sencillo e impecable que nos acerca a la tierra, a sus gentes, que profundiza en los recovecos del alma humana, que esconde más, mucho más, de lo que aparenta y que necesita de un tiempo de reposo tras la lectura para ir encajando piezas, para deshacernos de la errónea primera impresión y entender el verdadero mensaje. Recomendado queda.
"Las praderas del Cielo, donde el aire pendía azul como un lago y las granjas estaban sumergidas en la quietud."


lunes, 6 de octubre de 2014

'El misterio de Gramercy Park', de Anna Katharine Green


Como seguramente ya sabréis muchos de vosotros, acaba de publicarse la esperada novedad de editorial dÉpoca, El misterio de Gramercy Park, de Anna Katharine Green. Y puede que también sepáis, por lo menos aquellos con los que tengo contacto a través de Facebook, que la introducción de dicha novela ha corrido a mi cargo. Este verano ha estado dedicado, entre otras cosas, a leer la novela en inglés- la editorial estaba mientras tanto con el proceso de  traducción- y a investigar y profundizar en la vida y obras de Anna Katharine Green.

El roce hace el cariño, reza el dicho, y al trabajar de modo intensivo sobre una autora algo más de dos meses, sobre su vida familiar, su personalidad, sus anhelos y ambiciones, filias y fobias, su obra y estilo narrativo,... se acaba inevitablemente por establecer un sentimiento de cercanía no solo con la faceta de escritora sino con la persona, con la mujer que fue. Y es que todavía sigo, aunque ya otros proyectos empiezan a ocupar espacio, bajo la influencia de Anna Katharine Green y de la protagonista de El misterio de Gramercy Parkla inolvidable detective aficionada Amelia Butterworth, precursora de otra encantadora entrometida, Miss Marple.

No voy a hacer aquí una reseña de El misterio de Gramercy Park. No tiene mucho sentido. Mi punto de vista, opiniones y análisis de la novela han quedado ampliamente recogidos en la introducción de la misma así que allí os remito. Lo que sí quisiera es, si me permitís, animaros a la lectura de esta obra de la madre de la novela policíaca. Porque conocer a Amelia Butterworth y al inspector Ebenezer Gryce- curiosa pareja la que forman- moverse por el bullicioso Nueva York de finales del siglo XIX, ir avanzando en la investigación criminal que rodea a la acaudalada familia Van Burnam, leer esta historia con sabor a clásico será, lo comprobaréis, todo un placer. Y además en esta preciosa edición ilustrada.

Espero que disfrutéis la novela tanto como yo- ya iré leyendo vuestras impresiones- y ojalá os parezca a la altura la humilde contribución de una servidora.

Y, finalmente, mi agradecimiento a la editorial dÉpoca por depositar su confianza en mí. Ha sido toda una experiencia, un placer y un orgullo colaborar con vosotros. ¡¡Gracias!!

lunes, 29 de septiembre de 2014

'Yo y mi chimenea'. 'El pudín del pobre y las migajas del rico', de Herman Melville


La atractiva edición de Editorial Barataria que hoy os propongo incluye dos pequeñas novelitas del gran escritor americano Herman Melville, Yo y mi chimenea y El pudín del pobre y las migajas del rico. Leer a Melville es siempre un placer y no ha sido esta una excepción.   

- Yo y mi chimenea
"Yo y mi chimenea, dos viejos fumadores canosos, residimos en el campo. Estamos, puedo asegurarlo, bien asentados aquí, sobre todo mi vieja chimenea, que se asienta más y más cada día.
Aunque siempre digo "yo y mi chimenea" como el cardenal Wolsey solía decir "yo y mi rey", esta egocéntrica manera de hablar que me otorga prioridad sobre mi chimenea queda fuera de la realidad; en todo, salvo en la frase anterior, mi chimenea me precede."
Narrado en primera persona por un viejo caballero rural, el texto nos narra la tozuda insistencia, ante la no menos insistente demanda de su esposa, a no derribar la vieja chimenea. Y lo que parece algo anecdótico, un mero asunto doméstico, en manos de Melville se convierte en un relato rico en matices y con diferentes lecturas posibles.

La vieja chimenea se asienta inmensa en el sótano de la vivienda, en el centro mismo, y se erige cual pirámide de Keops aunque no con la decreciente ascensión del monumento faraónico. Se asienta tan fuertemente cono se arraiga el roble a la tierra que rodea la casa, o como la montaña Ogg, o como el propio granjero frente a la chimenea con su vieja pipa en la boca.
Herman Melville (1819-1891)
La permanencia, lo inamovible (puede encontrarse quizá cierta similitud con la inactividad de Bartleby) y la tradición se enfrentan aquí al progreso y al cambio que representan la mujer- "una vieja otoñal con espíritu primaveral"- y las hijas. Pero el viejo caballero, pese a los evidentes achaques de la vieja chimenea, se aferra a ella con tranquilidad y sentido del humor.
"Porque eso es algo decidido entre yo y mi chimenea: que yo y mi chimenea nunca nos rendiremos."    
- El pudín del pobre y las migajas del rico

Crítica social en este segundo encuadre en el que nos presenta el narrador las dos caras de la misma moneda. Y es que el pudín del pobre y las migajas del rico vienen a ser la misma miseria. En el primer caso, rodeada de la dignidad y generosidad de la familia unida en su indigencia; en el segundo, envuelta la miseria en mezquina caridad. La primera parte, con la descripción de la resignada pobreza de William y Martha, es particularmente conmovedora.

Siempre resulta de gran interés la lectura de Melville. Merece nuestra atención su narrativa corta- gran parte escrita ya cuando era una autor olvidado pues su obra no se ajustaba al gusto literario del momento y envuelto en los problemas psicológicos derivados, entre otras cosas, del suicidio de su hijo mayor- entre las que se encuentran entre otras Bartleby, the scrivener, o Billy Budd, the sailor.

El 29 de septiembre de 1891, hace hoy 123 años, los lectores pudieron leer esta exigua nota en The New York Times

  “Ha muerto Herman Melville, escritor famoso en otro tiempo”.

Por suerte ha sido recuperada la obra y la reputación de un autor que habla a los lectores actuales con la claridad de lo contemporáneo y la sabiduría de lo intemporal.  


lunes, 22 de septiembre de 2014

'Buenos días, tristeza' de Françoise Sagan


Dentro de apenas dos días, el 24 de septiembre, se cumplirá ya el décimo aniversario del fallecimiento de Françoise Sagan. Y puede ser este un buen momento para recordar la novela, su primera novela, que le catapultó a la fama con apenas dieciocho años y que en su momento destapó el escándalo. 
"A ese sentimiento desconocido cuyo tedio, cuya dulzura me obsesiona, dudo en darle el nombre, el hermoso y grave nombre de tristeza. Es un sentimiento tan total, tan egoísta, que casi me produce vergüenza, cuando la tristeza siempre me ha parecido honrosa. No la conocía, tan solo el tedio, el pesar, más raramente el remordimiento. Hoy, algo me envuelve como una seda, inquietante y dulce, separándome de los demás. Aquel verano yo tenia diecisiete años y era completamente feliz." 
Así da comienzo Buenos días, Tristeza, una novela corta- no llega ni de lejos a las doscientas páginas- que constituye casi en su totalidad el flashback en el que Cécile nos narra aquel verano que marcó sus vidas, la de Raymond, Anne y la suya.

Raymond, el padre de Cécile, es un rico y atractivo viudo cuarentón, aficionado a las mujeres, que entran y salen de su vida con increíble facilidad, y a las fiestas; en definitiva un bon vivant que acepta de muy buen grado todos los placeres que la vida le puede ofrecer. Cécile es una adolescente que dejó en internado dos años atrás y desde entonces vive con su padre se ha acostumbrado a su estilo de vida frívolo y a la vida mundana y de lujo que le ofrece. La relación entre ellos es muy buena; Cécile le adora y Raymond la trata por momentos como adulta, al permitirle ciertos excesos, pero en otros como a niña. Y en ese vaivén entre niña y adulta se mueve, y se pierde, Cécile.
"El amor al placer, a la felicidad, representa el único aspecto coherente de mi carácter"    
Françoise Sagan (1935-2004)
Los dos se encuentran, junto con Elsa, la joven  y atractiva amante de turno del padre, de vacaciones en una preciosa villa en la Riviera francesa. Todo discurre ociosamente entre sol y arena, vida libre y desenfadada y los primeros escarceos amorosos de Cécile, que conoce allí a Cyril, un joven universitario. La llegada de Anne, antigua amiga de la madre de Cécile, por invitación de Raymond, lo trastoca todo a ojos de Cécile. La adolescente, que es una muchacha egoísta, hedonista y manipuladora, ve tambalearse la relación estrecha con su padre y el frívolo estilo de vida que están viviendo. Anne no es como la amantes de Raymond; no es joven sino de su edad, sobria, elegante, disciplinada y de moral un tanto más tradicional que los otros dos miembros del grupo. Y a Raymond parece gustarle. La rivalidad por las atenciones de Raymond ha comenzado. Cécile contará con la colaboración de Elsa y Cyril. El desenlace de toda la trama abrirá el sendero de la tristeza que está por venir.

¿Y el escándalo? Pues el escándalo que supuso en su momento se produjo, sobre todo, por la desinhibición sexual de Cécile, que mantiene relaciones sexuales a esa temprana edad y además sin estar enamorada sino como búsqueda de su propio placer. Las cosas han cambiado mucho desde los años 50 del siglo pasado pero, aunque en este sentido ya se han superado según qué amoralidades, Buenos días, Tristeza, se ha convertido en atemporal como novela sobre la culpa y el remordimiento, y sigue mereciendo ser leída.  Aunque contada por una adolescente y protagonizada por otra adolescente la novela no puede ser considerada una obra destinada para el público juvenil. El tema que plantea, la evolución psicológica del personaje y la relativa profundidad de algunas reflexiones la alejan de la literatura juvenil al uso.

El lenguaje es sencillo, que no simplón, ágil, fresco, muy fotográfico. La lectura se hace rápida y muy amena. Si os ponéis a leerla una tarde, aún os dará tiempo al acabarla de ver la versión cinematográfica dirigida por Otto Preminger con David Niven, Deborah Kerr y la joven y preciosa Jean Bergg como protagonistas. 

lunes, 15 de septiembre de 2014

'La dama de provincias prospera', de E. M. Delafield


La propuesta de colaboración que la revista semanal Time and Tide hizo a E. M. Delafield marcó el inicio de las andanzas de nuestra anónima dama de provincias. Las distintas aportaciones de la autora a dicha revista fueron finalmente recogidas en cuatro libros, siendo los dos primeros Diario de una dama de provincias y La dama de provincias prospera, publicados en 1930 y 1932 respectivamente.

Quien haya leído la reseña que de Diario de una dama de provincias publiqué aquí quizá recuerde el entusiasmo que me despertó su lectura por la originalidad de la estructura en forma de diario- ella reconoce que esta serie es autobiográfica, con sus experiencias apenas very thinly disguised- y por el sentido del humor que despliega al presentarnos las cuitas domésticas. Pero es bien sabido que, cuando el primer libro de una serie seduce, afrontar la lectura de los siguientes tiene sus riesgos. Adelanto ya que E. M. Delafield ha mantenido el tipo, no solo igualando el nivel del primer título sino, a mi entender, superándolo.
 
Dos son los escenarios principales- aparte de las desternillantes vacaciones en San Briac en la costa de la Bretaña francesa- en los que se desarrolla la novela: la casa de campo familiar y Bloomsbury, en Londres.
 
E. M. Delafield (1890-1943)
En la casa de campo volveremos a encontrarnos con viejos conocidos en nuevas situaciones: a Robert, el marido de ausente presencia y algo gruñón, los hijos Robin y Vicky, que van creciendo y generando nuevas inquietudes en sus progenitores, a la mujer del vicario y sus cotilleos,...  y hasta Mademoiselle, la institutriz francesa (muy francesa) tendrá su papel en la historia.
 
El apartamento de Doughty Street en Blooomsbury, el corazón literario de Londres, será un nuevo alojamiento para nuestra dama de provincias. La publicación de su primer libro le ha proporcionado algún ingreso extra- aunque no suficientes para subsanar totalmente los agujeros de la economía familiar- y cierto éxito. En su nueva faceta de escritora, y  para mantener contacto con el ambiente literario de la capital  y poder escribir tranquilamente sin la presión diaria de llevar una casa, se ha alquilado un pequeño apartamento. Tendrá ocasión de asistir a algunas fiestas y reuniones literarias en  las que no acaba de encontrarse del todo cómoda pero de las que logra salir más o menos airosa. Su estancia en Londres irá pasando entre la vida social, sus vanos intentos de escribir y las nuevas amistades. La rica, frívola, inestable y coqueta Pamela Pringe, por ejemplo, personaje nuevo en la vida de la protagonista, la inmiscuirá en sus affairs al tener que servirle de coartada ante el marido de turno.  Esta temporada en Londres ha servido entre otras cosas para que el poco afectuoso y nada sentimental Rober reconozca- oh, my God!- que la echa de menos .
 

La dama de provincias prospera es un relato tan encantador como su protagonista, una mujer con las miles de ocupaciones que implica ser madre y esposa y que además trabaja. Las cosas no han cambiado tanto en este sentido y por ello resulta tan fácil identificarse con sus vicisitudes domésticas. Pero además es La dama de provincias prospera, como lo es Diario de una dama de provincias, un documento histórico de un tiempo, la Inglaterra de los años 30, de entreguerras.   
 
Uno de los muchos aciertos de E.M. Delafield, que acabó marcando estilo y se lee como un clásico, ha sido lograr sacarle el punto cómico e irónico a situaciones cotidianas que podrían pasar por anodinas y convertirlas en momentos especiales y únicos. Conveniente sería que todos aprendiésemos a afrontar la vida así, con sentido del humor y riéndonos de nosotros mismos.

Esperamos con sumo gusto la próxima publicación de los diarios. Al parecer, así nos lo adelanta la propia protagonista al final de este volumen, se los llevará en su gira literaria a América. Será, sin duda, curioso y muy divertido leer la visión que una dama observadora, perspicaz y muy British tiene sobre los modos y costumbres americanos.

lunes, 8 de septiembre de 2014

'Una puerta que nunca encontré', de Thomas Wolfe

 
Thomas Wolfe ha sido mi descubrimiento literario de este año. Después de la lectura de El niño perdido (podéis leer la reseña AQUÍ) tenía claro que volvería sobre el autor y Una puerta que nunca encontré y Especulación, publicados ambos y al igual que El niño perdido por Editorial Periférica, tardaron bien poco en llegar a casa. Y, si El niño perdido ya me pareció en su momento una joya literaria, Una puerta que nunca encontré lo ha igualado o incluso superado en algún aspecto.
"Es maravilloso ver con cuánto entusiasmo algunos hombres y mujeres de bien, personas que nunca han tenido que estar solas en toda su vida, ponderan las bondades de la soledad."
Así empieza esta novela de Wolfe, así da comienzo "un momento de los tiempos oscuros (...) extraño tiempo hecho de un millón de rostros oscuros" en el que la búsqueda por parte del protagonista, un joven escritor, de su sitio en el mundo se presenta una ardua tarea. En la vorágine de la ciudad, de los millones de cosas que pasan, de la "prisa y el estrépito" que le rodea parece como si los grandes hombres de éxito, cómodamente asentados, hayan dado con la clave, con la puerta de acceso. Quizá ellos puedan mostrarle la entrada. Pero...
"No hay puerta alguna."  
"No door"No es eso lo que busca; esta es tan solo una puerta falsa pues ese éxito que inicialmente ciega...
"(...) no es más que un puñado de polvo y cenizas frías y un poco de escoria."  
Thomas Wolfe
Puerta falsa se muestra también la puerta al pasado cuando desatasca el cerrojo de la memoria. Se abre entonces el acceso a los recuerdos, a la añoranza, a la vuelta a casa, a la tierra en la que creció y a la gente que ha conocido bajo "una brillante luz inmortal". Porque los recuerdos muestran escenas inmortales, imperecederas. El pasado es inamovible mientras que el presente es inestable. Y en ese hoy, en ese ahora, se añora al padre del pasado, al padre ya muerto, al padre que sigue buscando.
"Había vuelto a casa y no podía creer que mi padre estuviese muerto (...) Octubre es la estación del regreso (...) Padre, ¿no deberías regresar tú también?"
Si esa otra puerta se ha cerrado para siempre, si el pasado ya no es un refugio posible, si ahora ni siquiera la luz inmortal del pasado lo alumbra, si la ausencia del padre le deja de nuevo desubicado. ¿A dónde ir ahora? ¿Otra ciudad?


La confusión no da tregua, con "la furia y la angustia que hay en la vida de los hombres reflejada en su rostro."  Puede que la actitud de ese hombre, asomado impasible a la ventana, ese Bartleby moderno observando "la prisa ciega y el empuje del millón de cosas que pasaban sin cesar", sea la más razonable, la única posible. Ese nuevo Bartleby quizá exclamase ante la visión del interminable ir y venir de los hombres y mujeres que...
 
"  Life (...) is a tale
told by an idiot
full of sound and fury
signifying nothing."
 
Shakespeare, Macbeth (Acto 5, Escena 5)
 
Ese ruido y esa furia es la que Wolfe, el escritor al encuentro, siente ante este mundo deshumanizado, banal y absurdo por momentos, en continuo movimiento. ¿Hacia dónde? ¿Con qué propósito? 
"(...) sabemos que los niños desaparecidos, los ancianos desaparecidos, nuestros padres, nuestros hermanos, los llevados a toda prisa al cementerio para ser rápidamente enterrados, permanecerán aquí cuando este mundo hecho de cemento o de hormigón no sea más que ruinas. Sabemos que el polvo de los amantes enterrados durará más que el polvo de las ciudades."
Aunque siempre queda, por supuesto, el renacer de la vida, de la tierra, de la esperanza...
 
Wolfe construye en Una puerta que nunca encontré una novela asombrosa sobre la soledad, la del desarraigado, del perdido, del incomprendido, una novela sobre la vulnerabilidad, el aislamiento, el vacío que todos, rodeados de prisa y estrépito y de sonido y furia, sentimos o hemos sentido en algún momento.        
 
 

lunes, 1 de septiembre de 2014

Pues ya de vuelta...


¡¡Hola!!! ¿Cómo va todo, amig@s?

"Decíamos ayer..." fue la frase con la que comenzó Fray Luis de León al retomar su cátedra en la universidad de Salamanca tras cinco años en prisión por falsas acusaciones ante la Inquisición. Mi ausencia del blog, por fortuna, se ha debido a motivos bien distintos, mucho más gratos, y el descanso bloguero además no ha superado ni los cien días, aunque a decir verdad me parece que hace una eternidad que no me paso por aquí. Yo comenzaré, por tanto, de modo más prosaico.
 
Estos meses de ausencia bloguera, que han coincidido casi en su totalidad con las vacaciones, han sido realmente completos. He estado estudiando un poco, escribiendo mucho, leyendo aun más, departiendo con los amigos, paseando y relajándome, viendo películas que tenía pendientes, disfrutando del sol cuando tenía a bien hacer acto de presencia,... En fin, lo que podríamos denominar unas muy buenas vacaciones.  Y espero de corazón que vosotr@s hayáis tenido también en este tiempo, con o sin vacaciones, muchos momentos de felicidad.
 
A partir del próximo lunes, volviendo a la normalidad, habrá reseña semanal, como venía siendo habitual. En breve os informaré también de la novela cuyo prólogo ha estado a mi cargo- mantendré la incógnita sobre el título y la editorial por ahora, si me permitís-. Por otro lado, en el 2015 comenzaré a publicar las reseñas del reto literario personal para ese año- las lecturas las llevo ya bastante adelantadas-, reto sobre el que os hablaré en enero, para no adelantar acontecimientos.
 
Como veis, se inicia una nueva etapa en el blog en el que seguimos a vueltas con la literatura, ¡bendita literatura!, y con el mismo entusiasmo de siempre.
 
Por ahora creo que no me queda nada por deciros, salvo que estoy encantada de estar de nuevo por aquí y de teneros cerca.
 
¡Un abrazo! Nos leemos...


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