| Valle-Inclán por las calles de Compostela |
Sin lugar a dudas, si alguien menciona al 'Manco de Lepanto', todo el mundo reconoce bajo ese apodo a don Miguel de Cervantes Saavedra, al que en realidad no le faltaba el brazo pero que si tenía la mano anquilosada y deformada como una garra e inhabilitada para su uso. Pero ¿y si hablamos del 'Manco de Puerta del Sol'? Quizá aquí sean menos los que relacionen este sobrenombre popular con el escritor gallego don Ramón María del Valle-Inclán. Si la mano de Cervantes quedó dañada en la Batalla de Lepanto, en Grecia, el brazo de Valle- Inclán lo hizo en un café de Puerta del Sol, en Madrid. El escritor gallego era de lengua suelta, lo cual le acarreó algún que otro desencuentro como el que mantuvo con Manuel Bueno, que tras una acalorada discusión le asestó un golpe con el bastón en la muñeca izquierda, golpe que degeneró, en parte por la desidia y falta de cuidado del herido, en una gangrena que obligó a la amputación. Y así, manco, se recuerda a Valle-Inclán en una de la tres estatuas que de él hay en Santiago de Compostela; de hecho, tres estatuas y un homenaje a su obra. Vamos con ellas, pero antes unos muy breves apuntes sobre su vida y obra...
Ramón María del Valle-Inclán nació en 1866 en la bonita Vilanova de Arousa (Pontevedra) y su vida discurrió intermitente entre Galicia y Madrid, aunque su último tiempo, ya enfermo del cáncer de vejiga que le mataría, transcurrió en Santiago de Compostela. Y en esta ciudad falleció el 5 de enero de 1936. Recientemente se han celebrado los 90 años de su deceso.
Su obra se encuadra dentro del Modernismo y abarca tanto novela como poesía y teatro. Tirano Banderas, Las Sonatas. Memoras del Marques de Bradomín, Luces de Bohemia- obra cumbre del esperpento- o Los cuernos de don Friolera- que desagradaba enormemente a su esposa, doña Josefina Blanco Tejerina-, son algunas de ellas.
Valle-Inclán no sólo habitó en Santiago de Compostela, sino que vivió en ella y la cuidad fue para él lugar de inspiración; aquí estudió en el Instituto de Segunda Enseñanza y más tarde Derecho, recorrió sus empedradas calles, cultivó amistades, mantuvo tertulias en sus cafés,... y Compostela desde entonces lo recuerda en tres de sus lugares emblemáticos:
- En el Paseo da Ferradura, en la Alameda, con la más famosa estatua del escritor, mirando hacia la catedral e invitando a quien desee a sentarse a su lado a contemplar con él la belleza de la cuidad. Posteriormente y en un banco cercano se inscribió un breve fragmento de su obra La lámpara maravillosa, en la que se describe un paisaje que tuvo a Compostela como fuente de inspiración:
'Rosa mística de piedra, flor románica y tosca, como en el tiempo de las peregrinaciones, conserva una gracia ingenua de viejo latín rimado'.
- En la Plaza de Galicia, en donde está situado ahora su busto (antes lo estaba en el Museo do Pobo Galego) dirigiendo la mirada hacia el Derby (ahora Morriña, reformado y modernizado), el café tertulia que tanto frecuentaba durante sus estancias en la ciudad. Se puede leer bajo el busto:
'No vello café Derby pasaba as súas tardes Valle-Inclán no seu derradeiro ano de vida en Compostela'.
- En el Parque da Dársena, junto al Auditorio y la Facultad de Económicas y Empresariales, se puede contemplar el homenaje al esperpento- del que nuestro autor fuer escritor insigne- con una estatua con diferentes máscaras que, dependiendo de la perspectiva, parecen estar riendo, llorando o gritando. Por cierto, la pieza necesita una limpieza urgente; con las lluvias y la humedad se ha ennegrecido considerablemente.
Y a estos tres homenajes añadiremos un cuarto en el cementerio de Boisaca en donde está enterrado bajo una pesada losa y rodeado de otros ilustres como Antonio Fraguas, Isaac Díaz Pardo, Aurelio Aguirre o Pablo Pérez Costanti. Decía Castelao en su obra, Galicia y Valle-Inclán,
'Yo sé que don Ramón ha muerto. He visto su cadáver. Lo he llevado a enterrar. Lo he llevado a hombros, en una tarde lluviosa de invierno. ¡Jamás el cielo de Compostela lloró tanto! Y lo he visto descender a las entrañas de nuestra madre. Desapareció y lo enterramos en un cementerio nuevo y vacío, que ahora está pleno de difuntos'.
Estos cuatro puntos obligan al no-olvido y nos recuerdan una figura emblemática de la ciudad. Pero para mantener la memoria viva de un escritor sin duda lo más recomendable es mantener viva su palabra, su legado, su obra. Una de ellas, Sonata de Primavera. Memorias del Marqués de Bradomín, será mi próxima lectura, una suerte de homenaje a un Valle-Inclán que dejó huella profunda en Compostela y en la literatura española de principios del siglo XX.
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Gracias por la visita y por acompañarme en esta entrada de hoy, que se encuadra en la iniciativa que, en torno al Día Internacional de las Escritoras y Escritores, se ha organizado desde el grupo Tarro-libros 2026.
Gracias Carmen por tu aporte y por acercarnos a tan bella ciudad. Las imágenes preciosas y muy buen artículo.
ResponderEliminarNos vemos por tarro-libro 2026!!☺️
Yolanda Jiménez.
Carmen gracias por esta entrada, son de las que animan a leer. Un abrazo y nos seguimos leyendo en Tarro-Libros.
ResponderEliminarMuy interesante... y muy buenos recuerdos de cuando estuve en Santiago de Compostela. Si bien a Valle lo encontré (y me hice foto) en Pontevedra, en una plaza muy bonita. Ver estos sitios, con las informaciones que nos das es otro motivo para volver a Santiago. Seguimos viéndonos y compartiendo en Tarro Libros
ResponderEliminarMe ha encantado tu entrada. Tengo varios libros leídos del autor: las Sonatas, Luces de Bohemia, La corte de los milagros... Me gusta mucho y me ha gustado muchísimo el paseo que nos has dado por los lugares de Santiago que lo homenajean. También me encanta la ciudad.
ResponderEliminarMuchísimas gracias por la iniciativa. Se echaban de menos tu actividad y tus propuestas en el grupo.
Un beso.
Gracias por esta magnífica entrada. Con ganas de volver a Santiago me has dejado y poder ver estos sitios que nos has dejado.
ResponderEliminarBesotes!!!