lunes, 29 de marzo de 2010

EL GRAN HEDOR


A mediados de siglo XIX Londres era la ciudad más grande del planeta con unos 2.5 millones de habitantes. Y ya os podéis imaginar a donde iba toda la basura generada por tan numerosa población. Al Támesis, claro.

La consecuencia inmediata era, lógicamente, el mal olor proveniente del río; pero éste era un mal menor comparado con el verdadero problema: el Támesis era un trasmisor de cólera y tifus. La gran mayoría de londinenses bebían agua del río.

Se venía haciendo necesaria la construcción de un sistema de cloacas para solventar este problema de salud pública. Alguna gente, sin embargo, y por imposible que parezca, se oponía, negándose a que el gobierno se encargase de esta magna obra. La revista The Economist llegó a decir que “el sufrimiento y el dolor están en la naturaleza humana: no podemos deshacernos de ellos.”

Pero en el caluroso verano de 1858 el olor era tan insoportable que incluso tuvieron que suspenderse las sesiones del Parlamento. Se conoció como El Gran Hedor (The Great Stink). El hecho de que las clases pudientes también se viesen afectadas agilizó el que se aprobase el sistema de cloacas y bombas para llevar las aguas fecales fuera de la ciudad. El ingeniero principal encargado de este sistema de cloacas fue Sir Joseph Bazalguette.

Este sistema fue inaugurado en 1865 por el Príncipe de Gales y mejoró la calidad de vida considerablemente (se estima que la esperanza de vida de los londinenses aumentó en 20 años), y las epidemias de tifus y cólera desaparecieron de la ciudad.

4 comentarios:

  1. ¡Arg! Dios mio, y los cadáveres flotando...

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  2. Parece increíble que hubiese gente que se negase a las mejoras, ¿verdad?

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  3. Sí! Fue una época apasionante, pero rarísima. Jajjaaa!
    Me gustan a rabiar las novelas que se ambientan en el Londres victoriano, por ejemplo la de "La soledad de Charles Dickens" de Dan Simmons (bueno, de ésta, la ambientación, que es soberbia, porque lo que es la historia, me dejó un poco fría, Carmen); "Pétalo carmesí, flor blanca" de Michel Faber (¡ésta me encantó!) o "Las puertas de Anubis" de Tim Powers...

    No sé, una no se cansa de saber cosas de aquella época.

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  4. De estas novelas que mencionas la única que he leído ha sido “Pétalo carmesí, flor blanca”. Una delicia de libro!! En cuanto a “La soledad de Charles Dickens”, pensaba autorregulármelo estas Navidades pero leí algunas reseñas no muy favorables y al final no me lo compré.

    Es la victoriana una época muy interesante, sí, y me atrae particularmente; en general, los siglos XVIII y XIX me fascinan.

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